Un invierno europeo sin gas ruso: la crisis energética explicada en seis gráficos

La Unión Europea acelera el almacenamiento de gas para afrontar los meses de frío, mientras Rusia encuentra liquidez en sus aliados comerciales

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Collage del presidente de Rusia, Vladímir Putin, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Europa se prepara para la llegada de su primer invierno sin contar con el gas ruso. Más de 200 días de guerra en Ucrania han tensado hasta el máximo la relación de la Unión Europea con Moscú, el proveedor de cerca del 40% del gas natural que consume el bloque comunitario. La quiebra definitiva se produjo la semana pasada, después de que el Gobierno de Vladímir Putin condicionara la reanudación del flujo de gas a través del Nord Stream I al levantamiento de las sanciones que Occidente impuso al Kremlin para asfixiar su músculo financiero: los ingresos por hidrocarburos.

La fuerte dependencia del bloque comunitario hacia el suministro ruso se ha traducido en una crisis energética sin precedentes para el Viejo Continente. La escalada en los precios del gas ha disparado hasta máximos la factura eléctrica durante el verano y los meses de frío no tienen mejores previsiones. Mientras que Rusia se ha encargado de encontrar nuevos aliados comerciales, la industria y los hogares europeos quedan a la espera de la puesta en vigor de un nuevo paquete de medidas comunitarias anunciadas este miércoles; el último intento de la región por ajustarse el cinturón y sobrevivir al invierno de la escasez energética.

¿Qué pasa si no se reanuda el envío de gas a través del Nord Stream?

El jaque mate de Rusia no llega por sorpresa. Durante el primer semestre del año, la estatal rusa Gazprom ya había reducido al 60% la capacidad del Nord Stream, y en julio la recortó hasta el 20%. Este gasoducto, que conecta a Rusia con Alemania bajo el mar Báltico, era una de las grandes vías de entrada de gas en la UE. Según los últimos datos recopilados por el centro de estudios Bruegel, del 22 al 28 de agosto, Moscú suministró en total 856 millones de metros cúbicos de gas al bloque comunitario, un tercio de lo bombeado en la misma semana de 2021.

Pero el corte indefinido del Nord Stream no supone la interrupción absoluta de la llegada del gas ruso a Europa, al menos por el momento. Las tuberías que atraviesan Turquía y Ucrania aún se mantienen operativas y los envíos de gas ruso entre ambas alcanzan los 594 metros cúbicos, muy lejos de los 952 que recibía el bloque comunitario por estas vías hace un año.

¿Cuenta la UE con suficiente gas para el invierno?

Este recorte drástico del gas ruso ha llevado a la Unión Europea a diversificar in extremis sus fuentes de suministro para llenar sus reservas antes del invierno. El bloque ha incrementado sus compras de gas natural a Noruega y Argelia, dos de sus socios ya conocidos, y ha aumentado en un 44% sus importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) con respecto a 2021.

Y aunque los Veintisiete han hecho sus deberes, algunos como Alemania (con las reservas de gas al 84,5%) o Austria (con un poco más del 50%) quedan con un margen de error muy estrecho para cubrir la demanda energética si se cumple la amenaza de Moscú de cerrar todos los grifos de gas. En cambio, otros territorios menos dependientes de la energía rusa como España o Portugal (la excepción ibérica) y Francia (que confía en su energía nuclear) se perfilan como bote salvavidas energético de la región. 

En este contexto, los Estados miembros de la UE acordaron el pasado julio una reducción voluntaria de la demanda de gas natural en un 15% este invierno. Si este esfuerzo se cumple y las temperaturas no bajan del promedio histórico, existe la posibilidad de que el continente pueda hacer frente a esta temporada de calefacción, incluso sin el suministro de Rusia, según un reciente informe de la agencia Fitch Ratings.

¿Cuánto afecta a Rusia el corte de envíos de gas a la UE?

"Nuestras sanciones dañarán la capacidad del Kremlin para pagar la guerra", aseguró en febrero la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, a pocos días de que Rusia invadiera Ucrania. Siete meses después, y a pesar de la puesta en marcha del embargo implementado por la UE, los ingresos por hidrocarburos siguen fluyendo hacia Moscú y son fundamentales para sostener su campaña bélica.

Desde el pasado 24 de febrero, cuando el régimen de Vladímir Putin inició la guerra, Moscú ha obtenido 158.000 millones de euros por la venta de su gas natural, petróleo y carbón; y al menos 43.000 millones han ido a parar directamente a sus arcas públicas, de acuerdo con los datos de CREA (Centre for Research on Energy and Clean Air, en inglés).

Además, las sanciones parecen haber impactado de forma limitada en las cuentas del Kremlin. El Gobierno de Rusia cifró en un 2,9% la contracción que sufrirá la economía rusa durante 2022 debido a las sanciones occidentales, y en un 0,9% para el 2023, según datos del Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia. Sin embargo, otras organizaciones, como el Fondo Monetario Internacional, auguran una caída de hasta el 6% en el PIB ruso para este año. 

¿Beneficia a Rusia la crisis del gas?

Los precios más altos son la segunda parte de la estrategia económica de Moscú para lidiar con las consecuencias de las sanciones impuestas por Occidente. Agosto fue testigo del máximo histórico del precio del gas holandés, el valor de referencia en Europa, que se situó en los 339,2 euros por megavatio hora a finales de mes.

Los cortes de suministro a través del gasoducto Nord Stream, el aumento de la demanda a nivel mundial y el alto precio del carbón son los tres grandes desencadenantes de este aumento, de acuerdo con Citi Research. La firma estima que los valores pueden ser aún mayores, casi triplicando su costo hasta alcanzar los 530 euros. 

Pero ni los altos costes ni la volatilidad en los precios de la energía han detenido las importaciones de gas ruso a Europa. Al contrario, para alcanzar sus objetivos de almacenamiento, la UE recibió todo el gas que pudo de Rusia al precio que marcara el Kremlin y aunque Bruselas trabaja ahora en limitar el precio de los hidrocarburos rusos, las arcas de Moscú se han hinchado a medida que se ha agravado la crisis energética, a pesar de haber recortado el flujo. 

¿Quiénes son los aliados comerciales de Rusia?

Moscú ha buscado expandir sus ventas a otros países también dependientes de la importación de hidrocarburos, como China. La potencia asiática compra más de la mitad del gas natural que consume y alrededor de dos tercios lo importa en forma de GNL. Este escenario ha estrechado la relación entre el Kremlin y Pekín: desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, China es el país que más dinero ha transferido a Moscú a cambio de sus combustibles fósiles. En estos más de seis meses ha pagado casi 30.000 millones de euros por su petróleo, 1.000 millones por su gas natural y más de 3.000 millones por su carbón.

A excepción de Rusia, todos los demás grandes proveedores de GNL a China han visto caer sus volúmenes comerciales este año, según la Administración General de Aduanas del país, siendo Estados Unidos, Australia e Indonesia los principales perjudicados.

La venta de gas natural licuado ruso no es una excepción. “China se abastece principalmente de petróleo, carbón y acero rusos. Sus empresas están comprando activamente materias primas porque, debido a las sanciones, Rusia se ve obligada a vender con grandes descuentos lo que solía vender a la Unión Europea”, destaca un análisis de agosto del banco ruso Tinkoff.

¿Ha cambiado la UE su mix energético?

A pesar de los grandes discursos de Bruselas y del Consejo Europeo para conseguir la soberanía energética, la dependencia del gas es cada vez mayor para la generación de electricidad. ¿El motivo? La generación nuclear y la hidroeléctrica han caído en el primer semestre de 2022 un 14% y un 25% interanual, respectivamente, de acuerdo a la consultora Rystad Energy. Los niveles mínimos de agua en los embalses y los trabajos de mantenimiento en las centrales atómicas francesas han coincidido en el peor momento.

La imposibilidad de producir más energía pone a la UE en jaque, especialmente si decide limitar la demanda de gas o el precio que está dispuesta a pagar por el mismo. “Si hay que recortar la demanda, prevemos que los problemas de suministro surjan este mes y se agraven en 2023”, enfatiza Carlos Torrez Días, jefe de Energía en Rystad. 

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