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Crítica a la ‘globalización adolescente’ que desató las tres últimas crisis y ahoga a la UE

El economista y abogado Fernando Primo de Rivera reclama una unión económica real para hacer frente a los grandes bloques que sí toman posiciones: EE UU y China

Álex Medina R.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, entre los demás líderes en la reunión del G7 de junio de 2022.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, entre los demás líderes en la reunión del G7 de junio de 2022.Sean Gallup (Getty Images)

Es hora de madurar. La tríada de crisis casi consecutivas padecidas desde 2008 (la financiera o Gran Recesión, el parón abrupto de actividad durante la pandemia y la ola inflacionista tras la guerra de Ucrania) han despertado al mundo de su etapa de “globalización adolescente, abierta y feliz”. La efervescencia neoliberal ha perdido las burbujas y el viento a favor del que gozó desde los años 70. Y, mientras que Estados Unidos y China han municionado sus respectivos modelos para el corto y medio plazo, Europa todavía debate qué quiere ser, hasta dónde quiere llegar y, sobre todo, cómo quiere crecer económica, social y políticamente. Sea como sea, tendrá que ser un esquema federal y romper de una vez con el molde intergubernamental que ha regido la política económica en el Viejo Continente desde el Tratado de Maastricht.

El análisis del párrafo anterior, así como conclusiones y posibles soluciones, conforma las casi 400 páginas de La economía que viene. Una propuesta radical (Editorial Arzalia), el ensayo escrito por el economista y abogado Fernando Primo de Rivera, también asesor financiero durante más de 30 años y testigo directo en Nueva York del crujido bursátil de Lehman Brothers. Cuando tiene que resumir su obra, explica que la concibe como “una crítica a la globalización”, sus “veleidades” y “el optimismo escatológico” de una época caracterizada por el “cortoplacismo, la soberbia y la autosuficiencia”. Aunque igualmente pretende establecer los parámetros de una salida plausible para Europa si no quiere dilapidar el tremendo potencial de su mercado de 450 millones de habitantes de mundo desarrollado y quedar rezagada y atrapada por las estrategias de Washington y Pekín.

“La máxima según la cual Europa solo avanza a base de crisis se cumple ahora por agotamiento. El legado de la crisis del euro, distinguiendo entre acreedores y deudores y obviando los objetivos de convergencia y cohesión social contemplados, fue particularmente corrosivo para la psicología social. Los efectos de varias crisis solapadas están tan presentes que un pseudo estado de excepción parece la norma y plantean un reto existencial entre la Europa política y la federalización”, expone Primo de Rivera, quien va desgranando cómo en cada uno de los grandes escollos económicos de este siglo, Europa resistió aplicando fórmulas desesperadas que, pese a todo, enseñan el camino de la supervivencia a partir de ahora.

Sucedió en 2012, cuando el entonces presidente del BCE, Mario Draghi, prometió hacer “lo que fuera necesario” para detener la sangría de las primas de riesgo y esa mera frase de defensa a ultranza de la zona euro fue tan suficiente que nunca se tuvo que pasar a la acción. Ocurrió en 2020, cuando a una primera etapa de egoísmo y supervivencia frente a los confinamientos, siguió una toma de decisiones conjuntas para compras e investigación. Se ha vuelto a replicar hace menos de dos años, a las pocas semanas de la invasión rusa de Ucrania, con una respuesta de nuevo coordinada para garantizar la suficiencia energética y un compromiso de avanzar en la seguridad y defensa comunes de una vez por todas.

Cada crisis de los últimos 15 años ha exigido un tipo de respuesta que solo la urgencia y la necesidad propiciaron, pero que lograron romper momentáneamente el techo de la unilateralidad que tiene a Europa sin consensuar un nuevo tratado desde 2007 (el de Lisboa)... precisamente, en el prólogo de la crisis del euro. “Llevamos más de una década improvisando, lo que ha dado lugar a una época de decadencia relativa”, señala el libro, muy contundente contra “el corazón de las tinieblas” que incubó la política monetaria en los años entre la recuperación y la pandemia y que anestesió los mercados financieros a la vez que agrandaba la distancia entre el capital y la economía real. Para este economista, la solución pasa por la capacidad fiscal permanente mediante un concepto surgido en aquella recesión de hace 15 años: el eurobono. Un instrumento de deuda senior que mire cara a cara al Tesoro estadounidense, mutualice el riesgo y se use para financiar a lo grande las partidas estratégicas: defensa, seguridad, medio ambiente o suficiencia energética. Una vieja propuesta ante la que abjuran los frugales del norte con Alemania a la cabeza.

Entretanto, los rivales se mueven. China aprovechó todo el know how de esas multinacionales que aterrizaron en sus fábricas al calor de los costes laborales ínfimos y van eligiendo quirúrgicamente los sectores en los que entrar a competir en el tablero global. Por el oeste, Estados Unidos sacó brilló a su libreto pragmático con una nueva vuelta de tuerca keynesiana en la que llegó a fomentar la inflación para recuperar el factor trabajo gracias al “exorbitante privilegio” del que presume el dólar desde hace décadas. La primera potencia mundial deflacta su deuda y engorda su déficit sin miramientos porque sigue siendo el referente casi único.

¿Y Europa? “En esta coyuntura global en la que se acabó el dinero gratis, prevalece la necesidad de ser pragmático sin caer en el dogmatismo. Esto significa asumir que la reformulación en un nivel federal de las políticas monetaria y fiscal solo puede plantearse a través de un plan a medio plazo, sin adscripciones ideológicas. En el plano político se trataría de una transformación reconstituyente, que exige la reforma de los tratados, y en el económico, un nuevo modelo de disciplina articulado desde la instancia federal a las naciones. La tarea es de gran calado, no solo necesaria, sino ineludible”, propone Primo de Rivera.

La política, sin embargo, se antoja como la barrera más espinosa de saltar, con los populismos extremos alimentando el fuego contra el proyecto común. El libro resalta las dos categorías que definen la nueva etapa: estado y nación. Ambas definen los sesgos que limitan los bloques ideológicos tras decenios de globalización simplificadora, con la derecha en contra de la primera y la izquierda de la segunda; ambas son igual de imprescindibles ante lo único que es seguro sobre el futuro: “Llegarán más crisis, todas de naturaleza global: financieras por cambios en el ciclo de inflación y tipos de interés, económicas, geopolíticas, migratorias, sanitarias, medioambientales... o de cualquier otra naturaleza”.


'La economía que viene (una propuesta radical)'

Fernando Primo de Rivera

Editorial Arzalia, 2024

400 páginas. 22,90 euros

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Sobre la firma

Álex Medina R.
Jefe de sección de Empresas y Sectores. En prensa económica desde el cambio de siglo, ha trabajado en periódicos locales y provinciales así como en nacionales salmón y páginas web. También tiene experiencia en diferentes gabinetes de comunicación públicos y privados.
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