Reestructurar la alianza con Nissan: el elefante en la habitación que ignora Renault

El fabricante francés asegura que no necesita el beneplácito de su socio para vender parte de su negocio de combustión a Geely

De izquierda a derecha, el presidente de la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi, Jean Dominique Senard; el CEO de Renault, Luca de Meo; y el presidente francés, Emmanuel Macron.
De izquierda a derecha, el presidente de la alianza Renault-Nissan-Mitsubishi, Jean Dominique Senard; el CEO de Renault, Luca de Meo; y el presidente francés, Emmanuel Macron. Getty

En honor a su plan estratégico Renaulution, Renault anunció este martes una auténtica revolución de todo su negocio. Creará una compañía de vehículos eléctricos y software llamada Ampere, que saldrá a Bolsa en 2023, y venderá la mitad de su división de combustión (denominada Horse) al fabricante chino Geely. Sin embargo, dicha revolución ha dejado frío al mercado que ha reaccionado con caídas al comprobar que el CEO de Renault, Luca de Meo, obviaba al elefante en la habitación: la reestructuración de su alianza con Nissan.

En las últimas semanas se supo que al fabricante nipón no le agradaba la operación con Geely, ya que Nissan ha estado intercambiando tecnología con Renault durante 23 años, una tecnología que la compañía nipona no quiere dar en bandeja de plata a la compañía china, una automovilística que cada vez gana más peso en el motor europeo (Aston Martin, Mercedes-Benz, Polestar, Smart y Volvo).

Por ello, De Meo viajó en octubre a Tokio para negociar cara a cara con los directivos de Nissan y conseguir su permiso para llevar a cabo la operación. El beneplácito de su socio japonés tenía un precio: reestructurar la alianza entre ambos fabricantes, en la que Renault tiene una posición de dominio sobre Nissan (posee un 43% de la compañía nipona, mientras que esta solo tiene un 15% del capital de Renault sin derecho a voto). De dichas conversaciones no salió acuerdo alguno, pero eso no ha impedido que De Meo anunciara la venta del 50% del negocio de combustión a Geely, bajo el argumento de que “en Horse no hay tecnología de Nissan y Mitsubishi”.

“Para mí, la discusión sobre la propiedad intelectual no es una discusión religiosa, es una conversación comercial. Por la propiedad intelectual se puede pagar si es necesario. Hay propiedad intelectual de Nissan en algunas de nuestras cosas, pero también ellos tienen mucha propiedad intelectual de Renault, porque hemos hecho cosas juntos durante 20 años. Este será uno de los puntos que trataremos de aclarar con Nissan y Mitsubishi en las próximas semanas. Tenemos que discutir y resolver la propiedad intelectual heredada, pero también la forma en la que queremos compartir el futuro”, comentó De Meo durante la presentación de los planes del fabricante francés.

De esta forma, la esperada rees­tructuración de la relación entre ambas automovilísticas deberá de esperar, al menos, un poco más. Una relación que vivió su peor momento durante el estallido del escándalo del ex máximo directivo de la alianza, Carlos Ghosn, acusado de desviar dinero de Nissan para su enriquecimiento personal y que ahora se encuentra fugado de la justicia. Reducir su peso en Nissan restaría poder a Renault, pero a cambio le daría algo muy necesario en estos tiempos de transformación de la industria del automóvil: mucho dinero para invertir en electrificación.

El 28% de los títulos de Nissan (es la cantidad de la que debería de deshacerse Renault para igualar fuerzas entre ambas compañías) valen a día de hoy unos 4.000 millones de euros, algo menos de la mitad de lo que vale todo el grupo francés, con 9.300 millones. Según analistas de RBC, las operaciones propias de Renault valen unos 10.500 millones de euros, por lo que el mercado actualmente asigna poco valor a la parte que el fabricante francés tiene del nipón. Teniendo en cuenta esto, no parece descabellado avanzar hacia un equilibrio de fuerzas.

Nissan, de momento, ha dicho poco al respecto. Su consejero delegado, Makoto Uchida, se limitó a señalar que las discusiones entre ambas firmas están dirigidas a “reforzar el valor y la competitividad” tanto de las empresas participantes como de la alianza en su conjunto. “Hablaremos de la alianza cuando estemos preparados para hacerlo”, sentenció De Meo. El mercado lo espera impaciente.

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