Sánchez defenderá “los intereses nacionales en la agricultura y la gobernanza” del fondo

Los 27 socios comienzan la cumbre para desbloquear el fondo de 750.000 millones y acordar sus detalles y condiciones

El presidente de España, Pedro Sánchez, este viernes en Bruselas.
El presidente de España, Pedro Sánchez, este viernes en Bruselas. REUTERS

La última vez que los 27 líderes europeos se vieron las caras en Bruselas para cerrar el presupuesto comunitario del marco 2021-2027 ninguno podía llegar a imaginarse la magnitud que pocas semanas después alcanzaría la pandemia del coronavirus Covid-19. El 20 y 21 del pasado mes de febrero, los grandes frentes de batalla eran la Política Agrícola Común (PAC), la cohesión y el enorme agujero que dejaba en el presupuesto europeo la salida de Reino Unido de la UE. Ni había nada que reconstruir ni había un gran fondo de recuperación sobre el tapete. Aún así, tras más de 30 horas de negociación entre conversaciones públicas sobre la mesa e intercambios de impresiones privados, los socios se despidieron sin visos de acuerdo y con la intención de retomar una cumbre que el estallido de la epidemia tuvo que posponer.

Este viernes, con decenas de miles de fallecidos y una caída del PIB de más del 8% en la UE para 2020 (con fuertes contracciones en Italia, España o Francia), las cosas son muy diferentes. Sobre la mesa sigue el presupuesto para el Marco Financiero Plurianual (MFP) 2021-2027, al que se le suma una propuesta de fondo de reconstrucción sin precedentes (750.000 millones de euros) que despierta tantos aplausos como recelos. Pero también hay una batalla en la que se debate el rumbo del proyecto europeo.

En total, tras las modificaciones del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al plan proyectado por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, se discuten la movilización de 1,074 billones de euros y, con el mismo grado de importancia, los detalles y condiciones de las ayudas. Como ocurrió en febrero, las sombras de la falta de entendimiento amenazan una cumbre que empieza en la mañana del viernes y se prolongará, como mínimo, al sábado. Si no hay acuerdo, algo que los socios más reticentes con el fondo han dejado caer, los que esperan las partidas como agua de mayo, España entre ellos, intentarán que la cumbre no se prolongue más allá de julio. Nada garantiza, no obstante, un consenso antes de que finalice el verano.

Reacciones al inicio de la cumbre

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha llegado a la cita con “el ánimo de llegar a un acuerdo” y con mentalidad “constructiva”. Está dispuesto a “defender los intereses nacionales en el ámbito de la agricultura y en la gobernanza” del fondo, y llama a los líderes a cerrar el plan.

En la misma línea se ha manifestado el presidente francés, Emmanuel Macron: “Es un momento de ambición, nos jugamos el proyecto europeo”. Sobre la posibilidad de cerrar el pacto, el galo se ha mostrado prudente, aunque con "confianza". El presidente italiano, Giuseppe Conte, ha recordado que esto no va solo de dinero, "sino de los valores comunes" de la Unión.

Más pesimista se ha mostrado la canciller alemana, Angela Merkel: "Siguen existiendo muchas diferencias y no puedo anticipar si conseguiremos un acuerdo. Esta cumbre requiere una gran disposición de compromiso de todos nosotros, y serán negociaciones muy difíciles”, ha resaltado.

El líder de los halcones, Mark Rutte, ha vuelto a insistir en la necesidad de que las economías más frágiles lleven a cabo sus respectivas reformas. "Si el sur necesita nuestra ayuda es razonable que pidamos claros compromisos en reformas. Si los créditos se convierten en subvenciones, las reformas son más cruciales”. El primer ministro de Países Bajos señala que hay “menos de un 50%” de posibilidades de cerrar un acuerdo este fin de semana. Otros socios como Grecia, Finlandia o Estonia han pedido que haya consenso, al igual que el presidente del Consejo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. “El mundo entero está mirando si Europa es capaz de permanecer unida y superar la crisis. Las piezas necesarias están sobre la mesa y una solución es posible. Es lo que los ciudadanos europeos esperan de nosotros”, ha dicho la alemana.

Cuál es la propuesta

Los líderes discuten un MFP 2021-2027 de 1,074 billones de euros, al que se le suma el fondo de reconstrucción, de 750.000 millones: algo menos de los 1,85 billones que propuso inicialmente la Comisión. El fondo se distribuye en una mayoría de transferencias directas (500.000 millones) y una minoría de préstamos a devolver (250.000 millones).

Del fondo, la mayoría de las partidas van a parar a la pata de la Facilidad para la Recuperación y la Resiliencia (560.000 millones), y el resto del dinero se distribuye en varios frentes que abordan la solvencia de empresas, el desarrollo rural, la liquidez de los sistemas de salud o la sostenibilidad.

La mayoría de la Facilidad para la Recuperación y la Resiliencia se reparte entre las capitales a partir de 2021 teniendo en cuenta factores como el PIB o la tasa de paro, dejando el 30% restante para 2023, en función de la evolución de la recuperación.

Reformas

La propuesta también contempla que los países que quieran acceder a las ayudas tendrán que llevar a cabo reformas de carácter verde y digital, con el objetivo de que Europa se recupere de la crisis económica y a la vez transite hacia una economía y sistemas productivos modernos. Estas reformas, según la última propuesta y los detalles de la gobernanza, tendrán que ser validadas por una mayoría cualificada del Consejo, es decir, una mayoría de los 27 socios del club.

De dónde sale el dinero

El dinero del fondo y del presupuesto se nutre de las contribuciones de los Estados miembros y de una emisión conjunta al mercado, con la Comisión como órgano deudor. Y es aquí, junto con el detalle de la gobernanza, donde empiezan parte de los problemas, ya que los socios más austeros, conocidos como los cuatro frugales, quieren que la totalidad de las ayudas sean devueltas.

Dos grandes bloques

En las negociaciones hay dos grandes bloques: a grandes rasgos, el norte y el sur. Los frugales (Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria), capitaneados por el primer ministro holandés, Mark Rutte, tienen el objetivo de reducir tanto la potencia del fondo como el presupuesto plurianual. Además, pretenden que las ayudas para la reconstrucción se concedan únicamente en forma de créditos a devolver, sin transferencias a fondo perdido.

Los austeros, sobre todo Países Bajos y Suecia, quieren también un mayor control sobre las reformas que lleven a cabo sus socios, y demandan que las decisiones se tomen por consenso en vez de por votación. Esto, en la práctica, supone que los países tengan capacidad de veto y decidan íntegramente sobre las reformas planteadas por sus vecinos. A su vez, recalcan la necesidad de que las economías más frágiles contemplen reformas de carácter estructural.

El sur, donde están España, Portugal, Italia, Francia y, en buena medida, Alemania, aspira a cerrar cuanto antes el acuerdo. Quiere mantener tanto la potencia del fondo de reconstrucción como del presupuesto, y Madrid y Roma se niegan a que las transferencias pierdan proporción en el paquete de ayudas, si bien el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido esta semana que tendrá que hacer "concesiones". España, con todo, se niega a una vigilancia exhaustiva de la gobernanza del fondo a modo de troika, y también quiere preservar las cuantías de la PAC, para que los fondos a la agricultura no se vean perjudicados por el impacto de la crisis.

Posturas que llegan a la cumbre

Nada garantiza que haya acuerdo entre este viernes y sábado. Mientras que Sánchez ha pedido cerrar el plan con premura durante su mini gira europea esta semana, mensaje que han replicado desde París, Lisboa, Roma o Berlín -que ha llamado a "superar las divergencias"-, los frugales insisten en que no tienen prisa por cerrar los detalles de las ayudas. En este contexto, quienes llegan más necesitados al encuentro son los socios más golpeados por la crisis sanitaria y económica, y tal y como funcionan las normas de la Unión Europea, el veto de un solo país puede echar por tierra cualquier atisbo de acuerdo. El presidente sueco, Stefan Löfven, uno de los frugales más duros, llamó esta semana durante su encuentro con Sánchez a buscar un "punto intermedio" para el que todos tienen que hacer algún tipo de concesión.

Una UE dividida

La negociación es una muestra de la división creciente que asola a la Unión Europea, pero no la única. La votación para suceder a Màrio Centeno en el Eurogrupo, en la que la vicepresidenta económica del Gobierno, Nadia Calviño, perdió por un voto pese a tener el apoyo del eje franco-alemán, es una muestra de esa división y del poder que puede ejercer la coalición de pequeños países como Holanda, Irlanda, Luxemburgo o Bélgica.

Esta disparidad también se hace palpable en el momento en el que la UE, presidida ahora por Alemania, y la Comisión planean la aprobación de un impuesto digital (tasa Google) antes de que finalice el año si no hay acuerdo en el marco de la OCDE, un tributo al que se oponen socios como Irlanda o Países Bajos.

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