Merkel urge a superar las “divergencias” pero ve díficil un acuerdo esta semana

El presidente español pide a los socios diálogo y huir de los vetos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la canciller alemana, Angela Merkel, este martes en Berlín.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la canciller alemana, Angela Merkel, este martes en Berlín. EFE

"Julio tiene que ser el mes del acuerdo", ha insistido este martes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras reunirse en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel, tres días antes de que eche a rodar la cumbre de los 27 líderes europeos en la que los socios intentarán cerrar los detalles del fondo de reconstrucción, por el que se movilizarían 750.000 millones de euros con un máximo de transferencias directas (500.000 millones). Sin embargo, Merkel ha recordado que "todavía no es seguro el acuerdo esta semana" porque "hay puntos divergentes".

Los dos mandatarios, con todo, apretaron a sus vecinos para cerrar el plan cuanto antes. El tiempo "apremia" a la hora de acordar las propuestas y el plan de estímulo. "Sería deseable alcanzar un resultado rápido, pero no sabemos si habrá éxito el viernes y el sábado", reconoció Merkel. Sánchez, por su parte, señaló que cuanto más tiempo tarde el fondo en ver la luz, "más lenta" será la recuperación.

Cualquier decisión de calado en el seno de la Unión Europea, más todavía cualquiera que tenga que ver con la reconstrucción tras el impacto de la pandemia, pasa siempre antes por Alemania, la primera economía del club comunitario.

En esta ocasión, Berlín, más alineada con los postulados de capitales como París, Madrid, Roma o Lisboa, tiene la difícil tarea de intentar poner de acuerdo a los países del sur con sus vecinos del norte. En concreto, con los cuatro frugales (Países Bajos, Dinamarca, Austria y Suecia), los países más austeros y críticos tanto con la propuesta de la Comisión Europea como con las modificaciones posteriores del Consejo Europeo, que mantiene la potencia de fuego en 750.000 millones (con la misma proporción de subvenciones) pero cambia algunos detalles en la condicionalidad y la gobernanza.

"Las diferencias persisten", ha asegurado este martes Merkel, pero "Alemania pondrá todas sus propuestas y compromisos sobre la mesa" para lograr un acuerdo. "Hay intereses contrapuestos y visiones diferentes de lo que tiene que ser el proyecto europeo", ha reconocido Sánchez. Pero "tenemos que entender que la Unión nunca se ha construido con vetos, sino con diálogo. Si retrasamos el acuerdo vamos a retrasar la recuperación, y se agravará más la crisis", ha apuntado el español.

El viernes y sábado, ya presencialmente en Bruselas, los 27 socios se reúnen para intentar cerrar el fondo de reconstrucción y el presupuesto de la UE para 2021-2027, al que va a asociado el plan de reconstitución. La propuesta inicial de la Comisión (1,1 billones del presupuesto más 750.000 millones del fondo) ha sido rebajada a 1,074 billones en el primer paquete, manteniendo la potencia del primero. También hay pequeñas novedades en la gobernanza, el criterio de reparto y la condicionalidad.

Enfrente de España, pero también de Italia, Francia y Portugal, se encuentran los cuatro frugales, liderados por el primer ministro holandés, Mark Rutte, con el que Sánchez se vio este lunes al inicio de la mini gira europea que terminará mañana con los respectivos presidentes de Suecia y Francia, Stefan Löfven y Emmanuel Macron.

Precisamente a los cuatro frugales, y en concreto a Países Bajos, se ha referido de forma indirecta el presidente español este martes al pedir que se superen los "vetos". Entre las últimas modificaciones del Consejo para poner en marcha el fondo se encuentra un cambio sustancial en la gobernanza, permitiendo que las reformas verdes y digitales que tengan que adoptar los socios para tener acceso a los fondos estén vigiladas y aprobadas por una mayoría cualificada del Consejo, es decir, de los 27 Estados miembros. Los cuatro halcones, por su parte, quieren que estas decisiones se lleven a cabo por consenso, lo que en la práctica supone que las capitales puedan tener capacidad de veto.

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