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La titubeante recuperación de China obliga a los mercados a contener el aliento

La desaceleración de la economía del gigante asiático, alimentada por la debilidad del mercado inmobiliario y la tensión geopolítica, reduce las inversiones extranjeras y las perspectivas a futuro

PIB China Gráfico
Belén Trincado Aznar

En la numerología china, el 23 no es el número cualquiera. Representa la energía y el equilibrio, los mismos valores que Pekín buscaba impulsar al decretar que este sería el año de la inversión. Sin embargo, la ‘nueva normalidad’ después de la crisis sanitaria parece aún no haber llegado, con un fuerte retroceso de su motor de crecimiento, es decir, las exportaciones y con un flujo de capitales extranjeros en franca caída. Los expertos ya analizan los datos de PIB que se han publicado este lunes y que muestran un aumento del PIB del 0,8% en el segundo trimestre, lo que deja el crecimiento anual en el 6,3%, muy por debajo de las expectativas de los analistas de un 7,3%. Las previsiones ahora son mucho más dramáticas que a principios de año.

El gobierno chino prevé un crecimiento de su economía del 5% en 2023, uno de los más altos de las economías emergentes, pero lejos del promedio de 6,9% alcanzado antes de la crisis sanitaria. Sin embargo, los datos macroeconómicos publicados en las últimas semanas reflejan una fuerte desaceleración de la economía asiática: en junio el IPC interanual se situó en el 0%, su nivel más bajo en 28 meses, y la inflación subyacente bajó al 0,4%, lo que convierte a China en uno de los pocos países que luchan contra la deflación, una clara señal de turbulencias económica.

Además, las exportaciones registraron en junio la caída más pronunciada desde el comienzo de la pandemia de Covid, con un desplome del 12,4% interanual, de acuerdo a la Oficina de Aduanas local. Para los analistas parece poco probable que esto cambie en los próximos meses, con los consumidores en Estados Unidos y Europa ajustando sus consumos tras las fuertes subidas de tipo el último año.

Esto ha afectado directamente a la inversión extranjera, que cayó a un mínimo histórico de 17.810 millones de euros en el primer trimestre del año, según estimaciones de la firma de investigación Rhodium Group. Solo un año atrás, había trepado hasta los 89.000 millones, de acuerdo al mismo informe. El temor para los analistas de Goldman Sachs es que, por primera vez en los últimos 40 años, el balance cierre en negativo y sean mayores las salidas de capitales de China que de inversiones en el país. Desde UBS matizan estas expectativas, al destacar que esto es consecuencia de la rápida retirada de inversores globales que habían apostado por una posición corta atada a la reapertura del mercado chino.

Las causas de la desaceleración china

Tras el abandono de la política covid cero, los mercados se esperaban una recuperación más firme. Alicia Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico de Natixis, resume en pocas palabras la clave de la debilidad estructural del gigante asiático: “Cíclicamente no hay confianza en la economía”. Los expertos identifican diversos factores que limitan el crecimiento. El primero es el exceso de ahorro acumulado de las familias (2.500 millones de euros según la gestora Carmignac), que no se refleja en el consumo y tampoco en las inversiones a largo plazo, debido a la falta de confianza de la población y de los empresarios.

El mercado inmobiliario es el segundo factor que genera preocupación. Pablo Gil, estratega jefe de XTB explica que el sector pesa de forma directa en torno al 15% del PIB, pero de forma indirecta aporta más de un 30%. “Desde el colapso de Evergrande en 2021 el mercado de bienes raíces ha entrado en una fase de deterioro continuo, con dudas sobre la viabilidad de proyectos inmobiliarios, la necesidad de reestructurar la deuda de muchas promotoras y una situación complicada para los gobiernos locales muy endeudados, que obtenían su principal fuente de ingresos de la venta de suelo para la promoción de nuevas viviendas”.

En tercer lugar, la tensa situación geopolítica limita la posibilidad del país de aumentar su capacidad tecnológica, por los mayores controles de exportación de semiconductores y por un menor acceso a la cooperación científica con Occidente. La tirantez con EE UU, que comenzó con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, no parece retroceder incluso bajo la administración demócrata que ya va por su tercer año. “Esto va a ahondar más ese bajo crecimiento, que esperamos ronde el 2,3% en 2035″, afirma Herrero. Sin embargo, la experta descarta una crisis financiera en China, tanto por el ahorro interno acumulado, como por la nula dependencia de otros países y la deuda externa inexistente.

Ante este escenario, la Academia China de Ciencias Sociales, un centro de estudios asociado al partido comunista, recomendó el viernes poner en marcha un programa de apoyo por 162.000 millones de euros, a la vez que aumenta el déficit fiscal al menos un 4% del PIB, un punto más del previsto. Sin embargo, la iniciativa se queda muy lejos de otros planes oficiales, como los 430.000 millones de la Ley de Reducción de la Inflación en Estados Unidos. Entre las medidas previstas, se incluye el canje de los bonos de gobiernos locales por bonos emitidos por el gobierno central y la entrega de vales a los hogares más pobres.

La duda de los analistas es si, por lo menos en el aspecto doméstico, las medidas pueden realmente generar algún efecto. “Los consumidores chinos no recuperaron la manera en la que consumían antes de la crisis sanitaria”, apunta Águeda Parra Pérez, analista política especializada en China. Por ello, consideran que más urgente es la adopción de medidas expansivas de estímulo monetario y fiscal. El recorte de 60 puntos básicos de los tipos de interés desde la pandemia es insuficiente ante la situación que está viviendo el país, según explica Gil. “En las crisis de 2008 y 2015 se bajaron las tasas de interés entre 200 y 300 puntos básicos. La inyección fiscal también está siendo muy suave, alcanzando la cifra de 1 billón de yuanes desde 2020 cuando en 2015 fue del doble y en 2008 de 4 billones”.

Deglobalización al alza

La desaceleración de los últimos trimestres no implica que la inversión extranjera haya desaparecido, como deja patente Tesla con sus inversiones en el gigante asiático. “Este primer trimestre China se ha convertido en el mayor exportador de coches, dejando atrás a Japón y Alemania en esta carrera”, ejemplifica Parra Pérez. Sin embargo, este auge de la movilidad sostenible y las energías renovables contrastan con la dinámica a la baja de las tecnológicas, donde la iniciativa privada ve el castigo del régimen comunista con sucesivas sanciones y multas. La caída en desgracia del carismático Jack Ma ejemplifica este rápido cambio de sentimiento.

En este terreno, países como la India y Vietnam están ganando nuevos huecos en la producción de componentes tecnológicos. Por ejemplo, Apple ha demostrado que hay vida más allá de China y motiva a otras firmas en su apuesta por instalar su producción más cerca de los consumidores (la tan hablada desglobalización) o localizarla en países menos conflictivos (o friend-shoring, como lo definió la secretaria del Tesoro, Janet Yellen). Sin embargo, estos esfuerzos no son inmediatos y requieren de un plazo no menor a los cinco años, apunta Parra Perez. Además de la manufactura electrónica, la emergencia de esta tendencia se pude ver también en la producción textil y de muebles, apunta un informe de la gestora Eurizon.

“Una menor interacción comercial y de inversión con Occidente es sin duda negativa para China, ya que en las últimas décadas ha sido una fuente clave de crecimiento de la productividad”, apunta Louis Kuijs, economista jefe para Asia de S&P Global Ratings. Las consecuencias son mutuas y una desaceleración de la principal economía asiática sin dudas tendrá consecuencias alrededor del mundo, ya que China representa alrededor del 35% del crecimiento del PIB mundial previsto para este año. Pero los costes de la desaceleración y la fragmentación china no se quedan solo en Asia. El Fondo Monetario Internacional estimó a comienzos de año que la ruptura de los lazos comerciales existentes podría costar hasta un 7% del PIB mundial.

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