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La punta del iceberg
Tribuna
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La lista de posibles culpables de la deficiente evolución de la inversión

La trayectoria de la economía española es notablemente mejor de lo esperado en casi todos los aspectos, pero se atasca en este apartado

Estado de las obras del Centro Canalejas, en Madrid. En la imagen, vistas del centro de Madrid desde alguna de sus futuras viviendas particulares.
Estado de las obras del Centro Canalejas, en Madrid. En la imagen, vistas del centro de Madrid desde alguna de sus futuras viviendas particulares.Kike Para

La trayectoria de la economía española en los últimos dos años ha resultado notablemente más positiva de lo anticipado según las proyecciones previas. A pesar de ciertos altibajos, el consumo privado ha demostrado ser resiliente, y la demanda externa ha desempeñado un papel crucial, al menos hasta mediados de 2023. No obstante, esta evolución no ha estado exenta de aspectos negativos, ya que es importante destacar que la inversión ha adoptado una tendencia desfavorable. Desde el inicio de la recuperación, han surgido diversos motivos que podrían explicar un comportamiento que podríamos calificar como deficiente. Como se evidencia en la figura que acompaña a este texto, desde el inicio de la pandemia, la evolución de este agregado no ha logrado restablecer los niveles previos a 2020. De esta manera, la inversión se ha erigido como un obstáculo que ha menoscabado la potencial recuperación a corto plazo de la economía española, al mismo tiempo que compromete su crecimiento futuro.

Demanda interna Gráfico
Belén Trincado Aznar

Pero, como se explicará más adelante, y aunque hay causas que pueden ser compartidas con el resto de Europa, esta evolución no solo es deficiente con respecto a los niveles previos a la pandemia, sino que también sigue mostrando niveles significativamente inferiores al promedio observado para la zona euro. Por lo tanto, y aunque hay causas que podemos compartir, deben existir elementos propios que nos aleja de los patrones de comportamiento de nuestros socios más cercanos.

Para un mejor análisis es procedente separar las razones que podrían explicar tal comportamiento por aquellas que afectan a la inversión privada y a la pública. Así, y en relación con la inversión privada, tanto la realizada para la construcción como la dedicada a bienes de equipo muestran la misma incapacidad para alcanzar los niveles anteriores a los de la pandemia. No obstante, entre ambas parcelas inversoras las razones que explicarían este comportamiento podrían ser diferentes. Respecto a la inversión en equipo, las explicaciones candidatas se encontrarían en la sucesión de los eventos que han podido condicionar la capacidad inversora de las empresas españolas. Sobre posibles causas coyunturales, podríamos señalar la incertidumbre durante la pandemia y los cuellos de botella durante la fuerte recuperación de finales de 2020 y 2021. Este hecho podría haber afectado a un tejido productivo como el español, donde muchas grandes empresas se sitúan en sectores asociados a industrias muy dependientes de las cadenas de valor internacionales, como la automoción, o donde el peso de las grandes empresas es limitado, por lo que las grandes inversiones se encuentran concentradas en pocas corporaciones. A los cuellos de botella le habrían sucedido aumentos en los riesgos internacionales, especialmente a partir de 2022 con la invasión de Ucrania y sus consecuencias sobre los precios de las materias primas. Las consecuencias de este evento, tanto directamente a través de la propia incertidumbre generada como por sus efectos indirectos a través de sus consecuencias en los costes de las inversiones (precios), podría haber sido relevante.

Finalmente, el aumento de los tipos de interés durante finales de 2022 y todo 2023 estaría impactando negativamente en el acceso al crédito para proyectos de envergadura, tanto para empresas como para familias, lo que podría incidir en la inversión tanto en bienes de equipo como en obra residencial. En este sentido, sería deseable comprobar si este impacto está teniendo más incidencia en España a pesar de nuestra mejor posición deudora en las familias y empresas.

Por último, no debemos olvidar el papel de la marcada incertidumbre que atraviesa el entorno económico y político en España. Aunque su efecto es más soterrado y suele observarse a largo plazo, no cabe duda de que la incertidumbre internacional se suma a una política interna que no genera el mejor entorno para los proyectos de inversión. Así, no pocas empresas se han quejado de la elevada incertidumbre generada por algunas de las medidas propuestas por el gobierno, como impuestos extraordinarios, para la toma de decisiones empresariales. Del mismo modo, espectáculos como el vivido el pasado 10 de enero con la convalidación de tres decretos tanto con profundas implicaciones regulatorias como de previsión de gasto para las empresas no hace más sino que debilitar las decisiones inversoras a largo plazo.

Sin embargo, otras razones pueden explicar, además, la evolución de la inversión privada en España, y una de ellas podría estar vinculada a la propia evolución de la inversión pública. La complementariedad entre los proyectos privados y públicos es destacable, especialmente cuando muchos de los primeros se asocian con la ejecución de inversiones públicas, mucho más en un contexto como es el actual donde los fondos Next Generation adquieren especial relevancia. Y es que, según el IVIE, y a pesar del impulso relativo de los fondos europeos NGEU, la inversión pública en España se mantenía considerablemente baja en 2022, posiblemente algo mejor en 2023, aunque sin cambios significativos. Hay que señalar que este nivel ya era bajo incluso antes de la irrupción del COVID, comparado con la inversión previa a 2009, concretamente un 55% por debajo del máximo alcanzado en los años previos a la Gran Recesión.

Desde entonces, y según datos del IVIE, el peso de la inversión pública respecto al PIB se redujo a la mitad, sin que haya habido aumentos significativos desde entonces (un promedio del 2,1% en 2022, en contraste con el 3,8% entre 1995 y 2007). Entre las principales razones, debemos destacar los ajustes necesarios aplicados a principios de la década pasada para reducir el déficit público, algo que no tiene parangón en el resto de las economías europeas, lo que habría terminado afectando negativamente a infraestructuras y servicios públicos.

Así pues, tanto el deficiente impulso de la inversión pública como la incertidumbre en la ejecución de fondos europeos podrían haber ahondado en aquellos factores que no han ayudado a impulsar la inversión privada. Esto se podría añadir a la asimilación de factores internacionales ya la composición de nuestro tejido productivo para explicar el pobre comportamiento de nuestra inversión. Entender cuáles de estas posibles razones ha sido la más relevante y el por qué es fundamental para poder actuar e impulsar el componente de la demanda que más puede hacer por nuestro bienestar futuro.

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