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Una burbuja de predicciones sobre el fin del mundo

El catastrofismo está de moda, pero se puede lidiar con la caída de la natalidad, y China no tiene por qué dejar atrás a EE UU

Una mujer, a punto de hacerse un test del Covid, en Shanghái, el 8 de diciembre.
Una mujer, a punto de hacerse un test del Covid, en Shanghái, el 8 de diciembre.HECTOR RETAMAL (AFP)

Nuestra tierra ha degenerado últimamente: el soborno y la corrupción abundan; los hijos ya no obedecen a sus padres; todo hombre quiere escribir un libro, y el fin del mundo se acerca de forma evidente”. Estas palabras se inscribieron en una tablilla asiria hace casi 5.000 años. El catastrofismo vuelve a estar de moda. Incluso hay un nuevo término en boga, policrisis, para describir las múltiples amenazas a las que se enfrentan la prosperidad económica y la civilización moderna.

El exsecretario del Tesoro de EE UU Larry Summers afirma que el mundo se enfrenta al “conjunto de desafíos más complejo, dispar y transversal” que jamás haya encontrado. El nuevo libro de Nouriel Roubini, Megaamenazas, abarca desde las crisis de deuda hasta la futura esclavización de la humanidad por los robots. Lo que le falta de análisis detallado lo compensa con hipérboles. El mundo se enfrenta a la “madre de todas las crisis de deuda”. Otra Gran Depresión está en el horizonte. No es de extrañar que su apodo sea Dr. Catástrofe (Dr. Doom).

El historiador económico Adam Tooze sostiene que es importante entender la “lógica de la crisis” y la “interconexión sistémica” de las actuales amenazas a la estabilidad. Mi propia contribución a la floreciente literatura sobre la crisis, El precio del tiempo, argumenta que los tipos ultrabajos de estos últimos años han inflado una serie de burbujas, y contribuido a la acumulación de apalancamiento, a la mala asignación generalizada de capital y a la asunción indebida de riesgos. La fragilidad sistémica resultante hace que sea extraordinariamente difícil para los banqueros centrales devolver los tipos a niveles históricamente normales sin hacer colapsar el sistema económico.

Peter Zeihan tiene otras preocupaciones. En su ingenioso título El fin del mundo es solo el principio, el estratega geopolítico sugiere que varios países, desde Alemania hasta China, afrontan desafíos demográficos insuperables. Nuestro modelo económico, dice, se basa en la suposición de que el pastel siempre seguirá creciendo. Nunca ha sido puesto a prueba por una población que baja. De la multitud de crisis previstas por él, la más preocupante es la amenaza al suministro mundial de alimentos. Miles de millones de personas afrontan la inanición, predice. Los colapsos demográficos y energéticos producirán caos social y el colapso del Estado. Desde el punto de vista financiero, más países se parecerán a Argentina. Políticamente, se parecerán a Pakistán.

El desmantelamiento de la globalización es otra de las amenazas que aborda. EE UU, dice, ya no está interesado en proteger las rutas comerciales mundiales. Su ejército se ha retirado del Golfo, lo que hace más probable un conflicto entre Irán y Arabia Saudí. Hay más. Rusia luchará en Ucrania hasta el final. Luego, Putin invadirá los Estados bálticos y Polonia por razones defensivas. La guerra con la OTAN es inevitable, dice Zeihan.

La amenaza a la hegemonía global de EE UU por parte de China es el tema de Principios para enfrentarse al nuevo orden mundial, de Ray Dalio. El multimillonario fundador de Bridgewater Associates examina las condiciones en las que los países dominantes han cedido históricamente la primacía a naciones advenedizas. Concluye que el declive de una gran potencia se caracteriza por una acumulación excesiva de deuda, pérdida de competitividad, aumento de la desigualdad y discordia interna. El eclipse de un hegemón mundial suele ir acompañado de un conflicto externo, a medida que un agresivo advenedizo lucha por llegar a la cima. No es de extrañar que a los analistas les preocupen los planes de China para Taiwán. Cuando una gran potencia ha superado su pico, sus gobernantes recurren invariablemente a imprimir dinero, dice Dalio.

El politólogo de EE UU William Ophuls dijo más o menos lo mismo en su libro de 2012 Immoderate Greatness: Why Civilizations Fail (Grandeza sin moderación: por qué caen las civilizaciones). Cada civilización, dice, alcanza la grandeza convirtiendo la riqueza ecológica –los recursos naturales– en bienes económicos y crecimiento de la población. Tarde o temprano, choca con los límites naturales del crecimiento. Una vez agotado el “crédito ecológico”, la civilización se derrumba. De este modo, cada “civilización se asemeja a una burbuja económica de larga duración”. Muchos ecologistas creen que el mundo moderno ha progresado mucho más allá de los límites ambientalmente sostenibles. Pero como señala el científico canadiense Vaclav Smil en How the World Really Works, el destete de la civilización moderna de los combustibles fósiles está destinado a ser difícil.

¿Cómo deben responder los inversores a la policrisis? Primero, deben mantener la cabeza fría. Los retos demográficos no son insuperables. Una población más pequeña puede consumir menos, pero también debería requerir menos trabajadores y menos capital. Japón lleva varias décadas lidiando con una mano de obra menguante.

Tampoco es inevitable que China eclipse a EE UU en breve. Según Zeihan, EE UU tiene un mejor perfil demográfico y es autosuficiente tanto en energía como en alimentos. China debe importar sus materias primas. EE UU puede estar sobreendeudado, tener discordia interna y estar demasiado inclinado a imprimir dinero. Pero la deuda y la masa monetaria de China han crecido aún más rápido en los últimos años. Las recientes protestas contra el Covid cero sugieren que no es un modelo de armonía social. En cuanto a la transición a las renovables, solo cabe esperar que la inventiva humana vuelva a salvarnos el pellejo.

No cabe duda de que los inversores afrontan tiempos difíciles. La burbuja bursátil de EE UU solo se ha desinflado parcialmente, los retornos de los bonos en todo el mundo están por debajo de la inflación y los mercados inmobiliarios, expuestos a la subida de los tipos. La inflación aún no está controlada. Pero las mejores oportunidades aparecen siempre en tiempos de crisis. El asirio que predijo que el mundo se acabaría en 2800 a.C. se equivocó. La humanidad sigue aquí. Y, para bien o para mal, todo el mundo sigue queriendo escribir un libro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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