El carbón revive y sustituye al gas para generar energía

La AIE calcula que su uso aumentará un 8% este año, hasta los 50 teravatios hora

Alemania, Polonia y República Checa, los países que más queman lignito

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El carbón, en pleno ocaso, vuelve a ganar protagonismo en el mix de generación eléctrica europeo. El elevado precio del gas, que se ha disparado tras la invasión rusa en Ucrania –llegando a superar los 300 euros/MWh–, ha intensificado su uso para producir electricidad en la mayoría de los países de la Unión Europea. Alemania, Francia, Países Bajos, España, Italia, Grecia, República Checa, Hungría y Austria están retrasando el calendario de cierre de sus centrales, reabriendo las ya clausuradas o aumentando las horas de trabajo, según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) Coal Market Update, publicado en julio.

El objetivo de esta reversión, aunque parezca contradictorio, dado el proceso de transición energética en el que está inmerso Europa, es reducir el consumo de gas de cara a un invierno incierto y contar con capacidad de respaldo en caso de emergencia. De hecho, la gasista rusa Gazprom anunció a principios de este mes el cierre indefinido del gasoducto Nord Stream, alegando una fuga, lo que coincidió con el acuerdo del G7 de fijar un límite al precio de compra del petróleo ruso.

Los analistas esperan que la medida sea temporal para paliar una crisis energética agudizada por la guerra

Pero la tensión creció el miércoles tras detectarse tres escapes en dicho tubo, en el 1 y el 2 –con gas pese a estar cerrados– por el mar Báltico y que Alemania, Dinamarca y Suecia calificaron de sabotaje. De ahí el temor de las autoridades europeas y la necesidad de buscar alternativas a dicha dependencia, aunque sean más contaminantes.

La AIE calcula que, en total, en 2022, la quema de carbón en los 27 se incrementará un 7%, hasta las 476 megatoneladas. Y que la generación de electricidad con este combustible fósil suba un 8%, hasta los 50 teravatios hora. En los primeros seis meses del año, el alza fue del 10%, impulsada, precisamente, por la demanda del sector eléctrico. Y en el segundo semestre, el organismo espera que crezca en 33 megatoneladas por la necesidad de ahorrar gas para diciembre-marzo y las incertidumbres respecto de Rusia.

Confían, además, en que el despliegue de las renovables compense la subida de las emisiones a corto plazo

Este cambio de carbón por gas, que en el pasado era al contrario, comenzó a acentuarse antes del estallido de la guerra, en el segundo semestre de 2021, a medida que los precios del gas se disparaban. Ese año, en Europa, el alza fue del 14%, recoge el informe de la AIE. No obstante, el organismo prevé que el consumo caiga en cuatro megatoneladas en 2023, gracias a la expansión de las renovables, las medidas de ahorro y de producirse una mayor disponibilidad de las nucleares en Francia (de los 56 reactores, 32 están parados). Además, la entidad recuerda que la UE solo supone alrededor del 5% del consumo global.

“Europa tiene que dar este paso atrás porque priorizó erróneamente el gas sobre las renovables. Pero, ahora, reconoce su error y redobla la apuesta por las renovables, lo que garantizará su seguridad energética, reducirá los costes y la devolverá a la senda de sus objetivos climáticos para 2030”, expone Sarah Brown, analista sénior de energía y clima del grupo de expertos en energía de Ember.

Charles Moore, líder de Ember para Europa, ve paradójico que se resucite a uno de los combustibles más contaminantes en medio de una crisis climática. “Las malas decisiones políticas (sobreinvertir en gas y no invertir en renovables como parte del plan de eliminación del carbón) han dejado a la UE con opciones limitadas”, subraya.

Sin embargo, Moore es optimista y descarta que las metas de reducción de emisiones a 2030 y 2050 estén en peligro: “Esperamos una transición energética más rápida a medio y largo plazo que antes de que empezara la guerra. Las emisiones serán mayores a corto, pero con el tiempo se compensarán con un despliegue más rápido de tecnologías limpias”.

En España hay cinco plantas abiertas; el Gobierno solo retrasa el cierre de As Pontes por la coyuntura actual

El informe del cuarto trimestre de 2021 de los mercados de electricidad europeo de la Comisión Europea constataba ya, específicamente, el regreso con fuerza del lignito en la generación de electricidad, uno de los minerales más sucios, pese al aumento de los precios de derechos de emisiones de CO2 (en diciembre de ese año rozaron los 80 euros la tonelada). Así, la producción con carbón y lignito subió un 21% el año pasado (68 teravatios hora), respecto al atípico año pandémico 2020, mientras que con gas descendió un 3% (16 teravatios hora).

En Alemania, por ejemplo, creció el 1% interanual, debido al auge de la demanda y a la caída de la producción hidroeléctrica, eólica y de gas, detalla el documento. En Polonia, la subida fue del 32% y en República Checa, del 11%. En el mix europeo supusieron el 8% y fueron responsables del 31% de las emisiones de CO2 totales del sector eléctrico.

Además, se da otra paradoja: la UE vuelve a tirar de una fuente de energía de la que es dependiente: importa el 70% del carbón (casi el 50% procede de Rusia y el resto, de EE UU y Australia), según Eurostat.

La central térmica de As Pontes, en Puentes de García Rodríguez (A Coruña).
La central térmica de As Pontes, en Puentes de García Rodríguez (A Coruña).

Una participación nimia en España

Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), discrepa. “[El carbón] no se está reavivando, sino que aquellas plantas que aún tienen capacidad de operar y que no se han cerrado estén disponibles en caso de que sea necesario su uso en invierno, dada la situación de emergencia. Ningún país de la UE va a construir nuevas plantas. Ahora bien, debe ser la última opción”. Barreira recuerda que para diciembre no estaba previsto que las centrales térmicas europeas estuvieran clausuradas. “Estamos en un proceso de cambio. La guerra en Ucrania ha hecho que se tomen algunas medidas de emergencia, pero no están diseñadas para perdurar. Europa siempre ha sido líder en la lucha contra el cambio climático y dudo que dé marcha atrás”, reitera.

Pese a que su peso en el mix es residual, el carbón escaló al 4% en agosto debido a la mayor demanda por el calor

En España, el peso de las centrales térmicas es residual. Pese a que no se fijó un calendario, apenas quedan cinco operativas de las 16 que llegaron a operar en su día porque el negocio no era rentable. Aun así, su participación en el mix escaló en agosto al 4%, frente al 2% que ostentaba en el mismo mes de 2021, cifras de Redeia (antigua REE). Un verano más tórrido de lo normal disparó la demanda. Pero también se espera una mayor participación en los meses más gélidos.

El Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco) condicionó el cese de As Pontes (Galicia), de Endesa, que había solicitado el cierre, “al refuerzo de variables de disponibilidad de potencia en el sistema eléctrico”. Es decir, este retraso, él único que el Gobierno ha supeditado a la coyuntura actual, se debe a la menor producción de la cogeneración y al alza de las exportaciones de energía a Francia, explican desde el ministerio sin precisar hasta cuándo estará operativa. “No hay una fecha estimada”. Endesa prevé invertir 2.500 millones en la reconversión industrial de esta planta.

Respecto a Alcudia (Mallorca), desde la italiana informan de que tiene limitada su producción a 500 horas al año por indicación de Redeia (cifra que ya se ha alcanzado en 2022 y que, por tanto, no producirá hasta 2023). Esta central operará hasta 2027, cuando se prevé que el segundo cable submarino Península-Mallorca esté operativo y mejore la interconexión de la isla.

Mientras que EDP mantiene en funcionamiento Los Barrios (Cádiz) y Soto de Ribera (Asturias) “para atender la demanda”, informan desde la compañía, pese a haber recibido el visto bueno del cese del Miteco. Pero no por mucho tiempo. La portuguesa se ha comprometido a abandonar la producción con carbón en 2025 y para Aboño (Gijón), también abierta, y Los Barrios cuenta con un plan de conversión, puesto en marcha ya en la primera para suministrar energía a la siderurgia.

“Los proyectos de hidrógeno verde con los que EDP quiere transformar la central térmica de Los Barrios y la de Aboño han sido declarados proyectos importantes de interés común europeo (IPCEI Hy2Use), al ser considerados estratégicos para la transición energética”, detallan.

Efectos de la reversión

A corto plazo. En Greenpeace creen peligroso para la lucha contra el cambio climático tanto que se permita el aumento temporal de las emisiones de CO2 y la suspensión del pago de los derechos de emisiones como la reactivación de las plantas de carbón, como en Alemania y España. Y que la histeria colectiva respecto al invierno lleve a Europa a invertir en infraestructuras que la aten más décadas al gas, en alusión al MidCat.

Social. Francisco del Pozo, experto en combustibles fósiles y cambio climático de la organización ecologista, señala también que ese estado stand by de As Pontes genera incertidumbre en la población que vive de ella y que está en proceso de reorganización y de búsqueda de alternativas laborales para los trabajadores. “No acaba de morir, pero tampoco funciona”, dice, tras admitir, con todo, que el carbón es irrelevante en España. “La solución a la crisis energética es un desarrollo masivo de renovables en manos ciudadanas (autoconsumo, comunidades energéticas...)”. Y actuar sobre la demanda: ¿qué usos son irrelevantes?, ¿dónde cortamos para mantener una vida digna sin cargarnos el planeta ni depender de energías de oligarcas?, plantea. “Esperemos que las metas a 2030 no se vean comprometidas, que el uso del carbón sea coyuntural y que los países miembros entren en razón”, zanja.

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