España acelera en su desenganche térmico

Solo tres centrales quedarán en operación de las 16 que había instaladas

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Bye, bye al carbón. Fin de la historia, parece que incluso antes de lo previsto, salvo algunas excepciones. Europa avanza decididamente en el apagón de sus centrales térmicas, especialmente España, sin ni siquiera proponérselo (carece de un calendario de cierre como sucede en otros países europeos y ni el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima –PNIEC– fija una fecha).

Hace dos semanas, la energética EDP anunció por sorpresa la clausura de su emblemática planta asturiana Soto de Ribera 3, situada en Oviedo, de 360 megavatios, pese a que la compañía había hecho las inversiones para cumplir con la normativa medioambiental. La portuguesa informó entonces de que la central no produce energía desde hace más de un año.

Los expertos calculan para 2025 su desaparición

Y el pasado 30 de junio, tal y como estaba previsto para 2020, siete plantas, que suman juntas 4.677 megavatios, cesaron sus operaciones: Compostilla II (León) y Andorra (Teruel), ambas propiedad de Endesa; Velilla (Palencia), de Iberdrola; Meirama (A Coruña), Narcea (Asturias) y La Robla (León), de Naturgy, y Puente Nuevo (Córdoba), de Viesgo, después de que la mayoría de las empresas (alguna llegó a ejecutarlo) decidiera no hacer las inversiones requeridas para cumplir con el límite de emisiones por la pérdida de rentabilidad del negocio.

Así, de un total de 16 instalaciones, solo tres quedarán operativas: Aboño I y II, en Gijón, Asturias, de EDP, y que suponen 934 megavatios en conjunto; y Alcudia, en Baleares, de Endesa, dos grupos de 260 megavatios en total.

Unos viajeros esperan un tren en la estación de Las Segadas, junto a la central térmica de Soto de Ribera 3, en Oviedo.
Unos viajeros esperan un tren en la estación de Las Segadas, junto a la central térmica de Soto de Ribera 3, en Oviedo.

En el caso de Aboño I, sin embargo, la compañía la transforma para la quema de gases siderúrgicos a partir de 2022. Y en el de Alcudia, al estar en las islas y ser un sistema especial, funcionará 1.500 horas anuales en 2020 y en 2021 y 500 a partir de entonces hasta que esté plenamente operativo al segundo cable eléctrico submarino (y en cumplimiento con la directiva de emisiones), explican desde Endesa.

Hay cuatro que esperan el visto bueno del Gobierno para el cierre: Lada (Asturias), de Iberdrola, y a disposición pero no en funcionamiento; As Pontes (A Coruña) y Litoral (Almería), de Endesa; y Los Barrios (Cádiz), de Viesgo. La restante, Anllares (León), de Naturgy, ya se está desmantelando (un proceso que durará entre tres y cinco años "por la cantidad de demoliciones que implica", indican desde la compañía).

Presencia testimonial

“Es una decisión empresarial. El carbón va a ser testimonial y todo parece indicar que para 2025 no quedará nada en España”, pronostica Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), quien añade que el país lidera, muestra que se puede producir energía sin quemar dicho combustible fósil y que no hay ningún problema con la seguridad de suministro.

En esta aceleración confluyen varios factores, según Barreira: el alza de precio del CO2 en el mercado de derechos de emisiones (hoy, en torno a 17 euros la tonelada por el Covid, antes rondaba los 25), la caída de los precios de gas y el mayor compromiso de las empresas, al agilizar sus planes de descarbonización. Estos mismos argumentos esgrimió EDP al comunicar la salida de su planta: “Las perspectivas de viabilidad han disminuido de forma drástica”.

En 2030, la quema de carbón no será rentable en ningún mercado, según Carbon Tracker

Un estudio global de Carbon Tracker de marzo pasado alerta de que las empresas corren el riesgo de perder 600.000 millones de dólares (517.268 millones de euros) si deciden invertir en esta tecnología en vez de en fuentes limpias (China, India, Polonia, Alemania o República Checa son algunos de los países que contemplan aún instalar nueva capacidad). Incluso, remarca que la solar y la eólica son un 60% más baratas que el carbón en operación.

Esta casa de análisis calcula que en 2030 la quema de este mineral no será rentable en ningún mercado. “La única razón por la que las centrales siguen funcionando es porque en algunas naciones como Polonia cuentan con pagos por capacidad estatales, explica Matt Gray, director general de la firma inglesa, que elude poner fecha, ya que dependerá de las decisiones de cada Gobierno, pero augura que el coronavirus exacerbará su final.

Menos contaminación

El desenganche ha favorecido también al planeta, al ser el carbón el combustible más contaminante. Y si en 2015 las centrales españolas emitieron en su conjunto más de 50 millones de toneladas de CO2 anuales, en 2019 se desplomó hasta los 14,7 millones, según la Comisión Europea. Por eso, en gran medida, el sector eléctrico presume hoy de ser el más descarbonizado.

La generación con renovables superó este año por primera vez a la fósil en Europa

Otro informe reciente, publicado por el grupo de expertos independientes Ember, evidencia cómo se ha agilizado este año la tendencia, sobre todo por la caída de la demanda debido al virus. Por primera vez la generación de electricidad a partir de fuentes renovables superó en el primer semestre del año a la de combustibles fósiles en la UE, tras representar el 40% frente al 34%, respectivamente, revela. Solo la producción con carbón se hundió un 32% (con hulla o antracita cayó un 34%, y con lignito, un 29%), detalla. Parece que esta vez el adiós será irreversible.

Consumo, Covid y emisiones

Energía primaria. El Statistical Review of World Energy 2020, publicado por BP en junio, y que analiza 2019, desvela que el consumo de energía primaria disminuyó un 1,7%, rompiendo la tendencia creciente que registraba desde 2015, principalmente por el desplome del carbón (54,6%) derivado de la desaceleración del crecimiento económico y el fuerte descenso de la hidroeléctrica (27,74%) debido a las menores precipitaciones. Petróleo (47,5%), renovables (22,7%) y gas (13%) dominaron, mientras que la participación del carbón se desplomó hasta el 3,7%. En cuanto a la generación eléctrica, la quema de este mineral registró una abrupta caída del 66,1%.

Precio al carbono. Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a la generación de electricidad en España se han reducido un 25% desde que se empezó a aplicar el mercado de derechos de emisiones de dióxido de carbono, recoge el estudio Evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España 2005- 2018, elaborado por la consultora Liken Carbon Hub y publicado por la Fundación Naturgy. Esta actividad representó un 17,8% del total de las emisiones. La mejora se debe a la penetración renovable y a la participación del gas natural en el mix, explica Luis Robles, socio director de Liken Carbon Hub y coautor del informe.

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