El petróleo a precio de saldo hunde la economía de los grandes productores

El exceso de oferta por la guerra de precios y el Covid trastoca el modelo económico de países dependientes, pero también afecta a aquellos con economías diversificadas

Dos trabajadores del campo petrolero ruso de Prirazlomnoye observan un pozo, en una foto de archivo.
Dos trabajadores del campo petrolero ruso de Prirazlomnoye observan un pozo, en una foto de archivo. Reuters

La dentellada histórica del Covid-19 al precio del petróleo, hasta llevarlo a cotizar en negativo, se ha cobrado más víctimas que las empresas del sector. Los países que más crudo bombean han visto cómo el coronavirus ha paralizado la actividad económica, los desplazamientos en decenas de países que han decretado el confinamiento y, en definitiva, la demanda de crudo. En solo unas semanas, la pandemia ha concentrado para un puñado de países dependientes del oro negro el efecto que en varias décadas tendrá la transición energética: menos demanda de combustibles fósiles y mayor cuota de mercado para las energías limpias.

La Agencia Internacional de la Energía ha alertado de que la movilidad —responsable del 57% de la demanda de crudo— “ha disminuido a una escala sin precedentes”. El último informe de la AIE destaca que la demanda global esperada para el año será 8,6 millones de barriles diarios más baja que en 2019. “El impacto de medidas de confinamiento en 187 países y territorios ha parado casi por completo la movilidad global”, advierte el organismo.

A la sacudida del Covid se sumó durante la pandemia una guerra de precios entre Arabia Saudí, cuyo bajo coste de producción le permite con más holgura inundar de barriles el mercado, y Rusia, con unos costes mayores de producción. Los saudíes, los mayores exportadores, se inclinaban por aminorar el bombeo para apuntalar la caída libre de los precios. Moscú, en cambio, rechazó a comienzos de marzo una propuesta de la OPEP de meter tijera a la producción para aliviar el golpe del virus, lo que cambió los planes de Arabia, decidida a aumentar su producción y a ofrecer en ciertos mercados descuentos de hasta un 20%.

Al final, en abril, el cártel del crudo dio luz verde a recortar 10 millones de barriles diarios. Esto, hubiese disparado el precio en condiciones normales, pero no en la actualidad: el pacto se ha quedado en un movimiento para evitar el colapso absoluto de los precios en el corto plazo. Países que obtienen su riqueza con esta materia prima se han visto forzados a mover ficha.

Arabia Saudí

Posee más del 16% de las reservas petroleras descubiertas, según estimaciones de la CIA. El país, donde la petrolera estatal Aramco tiene un poder omnímodo, obtiene del petróleo y sus actividades cerca del 40% del PIB, de acuerdo con un informe de la Oficina Económica y Comercial de España en Riad. Otros organismos calculan que la materia prima supone el 75% de las ganancias y el 90% de los ingresos de las exportaciones del país.

Arabia Saudí ha anunciado una batería de medidas de austeridad, como triplicar el IVA (hasta el 15%) o recortar el llamado subsidio por coste de vida, un movimiento para racionalizar unos ingresos menguantes por el menor ritmo de bombeo. Según la agencia oficial de prensa saudí (SPA), las medidas reforzarán los ingresos en unos 26.600 millones de dólares.

El Reino también ha anunciado un recorte de la producción hasta el nivel más bajo en 18 años para estimular la recuperación del mercado energético, en el que hay un exceso de oferta. Ziad Daoud, economista de Bloomberg, se expresa con contundencia: “El modelo económico saudí está roto. El Gobierno ha fallado en crear un colchón fiscal los últimos años para poder combatir el shock del virus. Al contrario, está recortando el gasto y subiendo impuestos en un momento en el que la economía experimenta una contracción sin precedentes”. Los dos últimos meses el príncipe Bin Salman ha activado medidas de alivio: préstamos sin intereses, un descuento en las facturas de electricidad, aplazamiento de impuestos y una garantía del Gobierno para cubrir el 60% de los salarios de algunos trabajadores del sector privado.

Estados Unidos

La mayor economía del mundo, aunque diversificada, ha aumentado la dependencia del petróleo, en gran parte por la política proteccionista de Donald Trump. Su Administración ha potenciado el crudo de esquisto (shale oil) hasta volver a colocar a EE UU como el mayor productor mundial. Diego Morín, analista de IG, resalta que esta industria apenas supone el 1,8% del PIB, pero es “uno de sus grandes motores de empleo, con 10 millones de puestos, además de acaparar un 15% de todo el gasto en capital fijo que realiza el país”. Los datos de la Oficina de Estadística Laboral indican que en abril el paro en el sector de la extracción de gas y petróleo creció hasta el 10,2%. Un año antes, con un 2,4%, era una de las actividades con menos paro. Morín sitúa en 60 dólares por barril el coste de producción de EE UU.

El petrolero Pegasus Voyager, a finales de abril, anclado frente a Long Beach, California, donde permanecen varios petroleros sin destino.
El petrolero Pegasus Voyager, a finales de abril, anclado frente a Long Beach, California, donde permanecen varios petroleros sin destino. AP

Por ello, el entorno de bajos precios ha hecho quebrar a algunos de sus productores y sienta especialmente mal a esta modalidad de crudo no convencional. "Rusia y la OPEP ya no quieren jugar este papel [de precios que favorecen el petróleo de esquisto] y los bancos en EE UU ya no están tan dispuestos a seguir prestando dinero a los productores americanos, tampoco los inversores en bonos", explica Kim Catechis, responsable de estrategia de inversión en Martin Currie, filial de Legg Mason. Los pozos activos en el país han bajado desde los 670 a comienzos de año hasta los 292 en mayo, según el índice de la empresa de servicios industriales Baker Hughes.

“Históricamente, los bajos precios del petróleo han sido motivo de celebración en EE UU al beneficiar a sus consumidores, pero eso era antes de convertirse en el mayor productor. Además, la situación actual amenaza el objetivo de Trump de alcanzar la independencia energética”, señala Alfredo Álvarez-Pickman, gestor del fondo Key Capital Ocho, quien liga la vertiente económica a la política: “A las puertas de unas nuevas elecciones, [a Trump] tampoco le interesa el impacto negativo que los actuales precios puedan tener en estados productores como Texas, Dakota del Norte y Pensilvania, muy rica en gas”.

Rusia

El mayor recorte artificial en la oferta global de crudo supone que Rusia deja de bombear más de 2,5 millones de barriles al día. Las empresas de la industria rusa valoran cómo abordarlo en un país en el que los ingresos por hidrocarburos representan más del 40% del presupuesto federal y casi la mitad del gasto total del Gobierno. De momento, el desplome en la demanda ha provocado ya la caída de su divisa, el rublo. A ello se une la pandemia, que ha obligado a un buen número de regiones rusas a imponer medidas de confinamiento e hibernación económica.

Álvarez-Pickman destaca que “Rusia estaría encantada con un precio del petróleo de 100 o 150 dólares, pues resolvería muchos de sus problemas presupuestarios”, aunque destaca que frente a los saudíes, para los rusos “un menor volumen de producción traería consigo un aumento de precios a largo plazo, pero un descenso de los ingresos a corto plazo”. Los analistas estiman que el país perderá alrededor de 165.000 millones de dólares en ingresos por exportaciones de hidrocarburos. Mike Rosenberg, profesor de Dirección Estratégica del IESE, argumenta que el régimen de Putin es fuerte y atesora reservas energéticas, pero “sus clientes más importantes, como Alemania, han tenido cierres, con lo cual la demanda de los productos está baja”.

Nigeria e Irán

Aunque dentro de la OPEP su posición es débil frente a otros miembros, es el que más secretarios generales ha aportado al cártel de países del petróleo, incluyendo el actual. La pandemia, por el momento, no se ha cebado con Nigeria, pero la volatilidad del petróleo sin duda afecta al menos a la décima parte de su economía que depende del crudo.

Un letrero electrónico muestra la cotización del petróleo WTI en Seúl (Corea del Sur), el 6 de mayo.
Un letrero electrónico muestra la cotización del petróleo WTI en Seúl (Corea del Sur), el 6 de mayo.

Más aún, la mitad de los ingresos del Gobierno provienen de esta materia prima, según Bloomberg. Uno de sus analistas, Liam Denning, explica que fuera de Lagos, la mayor urbe, “gran parte del país depende de las asignaciones de fondos para el petróleo del gobierno central. Los acuerdos de paz con los grupos militantes se sellan con dinero en efectivo. Y el Gobierno financia a las fuerzas de seguridad que luchan contra los yihadistas de Boko Haram en el noreste del país”.

A ello se añade que este entorno de precios, también se extiende al gas natural licuado (GNL), del que Nigeria es un gran productor. Rosenberg, del IESE, expone al respecto que “el mercado abierto para el GNL ha caído y esto provoca agujeros en los presupuesto de los países”. El experto añade al saco de afectados a Irán, por tres motivos: los bajos precios del crudo, los estragos del Covid-19 y las sanciones de Occidente. Las menores exportaciones a su primer cliente, China, han llevado al país persa a transportar la producción a su aliado regional, Siria.

Noruega

Una de las naciones más prósperas ha cimentado el mayor fondo soberano del planeta a partir de los ingresos que le generaban sus grandes reservas petrolíferas. El pasado martes el ministro de Finanzas noruego anunció que echarán mano de 38.000 millones de euros de esa hucha de pensiones para combatir el daño del Covid-19 a la economía noruega. Así, la retirada de dinero supera en un 72% a la del año pasado y hace saltar por los aires la regla que impone que se puede movilizar un máximo del 3% del valor del fondo en los presupuestos generales.

América Latina

Los dos bastiones latinoamericanos del petróleo, Venezuela y México, contienen el aliento. El primero ya arrastraba una crisis económica interna en la era precovid y ahora ha pasado de tener la gasolina más barata del mundo a la más cara: en el creciente mercado negro el litro se paga a 2,5 dólares. El segundo tiene en Pemex, la petrolera estatal, a su mayor empresa. El presidente mexicano, López Obrador, expresó durante la pandemia su anhelo de que el sector petrolero del país se encamine hacia la autosuficiencia de crudo para “no vender ni un solo barril de petróleo”.

El analista Álvarez-Pickman recuerda que “países como Venezuela y México, que producen crudo más pesado, requieren precios de crudo por encima de los 55 dólares por barril”. Para conseguirlo, tanto el Brent como el West Texas deberían duplicar su actual precio de mercado, algo que los expertos ven poco probable.

La Agencia Internacional de la Energía mejora su perspectiva

La perspectiva del mercado del petróleo "mejoró un poco", con una demanda un poco más fuerte de lo esperado y la oferta se vio frenada por una fuerte caída de los precios, anunció el jueves la Agencia Internacional de la Energía. La producción mundial va camino de un "declive histórico" este mes, hasta su nivel más bajo en nueve años, señaló la AIE en su nuevo informe. La OPEP y sus socios están recortando la producción, mientras que países como EE UU se ven obligados a reducir la perforación.

"Es en el lado de la oferta donde las fuerzas del mercado mostraron su poder y que los precios más bajos afectan a todos los productores", dijo la agencia con sede en París, que asesora a las principales economías. "Estamos viendo recortes masivos en la producción de países fuera del acuerdo de la OPEP+ y más rápido que esperado".

Es un cambio radical frente al mes pasado, que la AIE llamó "Abril Negro", cuando advirtió que los recortes de la OPEP+ probablemente no fueron suficientes para evitar que el almacenamiento en los tanques se vea sobrepasado a mediados de año.

Los precios internacionales del crudo se han desplomado más del 50% desde el comienzo del año por la cancelación de vuelos, la caída del tráfico rodado y la parada generalizada de la actividad. "El panorama sigue siendo muy sombrío", advirtió en Twitter el director ejecutivo del organismo, Fatih Birol.

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