El Covid precipita el cambio de negocio de las petroleras

El temor a una segunda ola de confinamientos que fulmine la demanda presiona a las compañías a diversificar su actividad

Petróleo aviación
Un avión de Iberia reposta con queroseno de Cepsa. La aviación quemó el 8% del petróleo que se produjo en 2019, según BloombergNEF.

Un virus ha conseguido lo que ninguna guerra había podido: que el barril de petróleo cotizase en negativo. La cuestión ahora es si la pandemia del Covid-19 quedará como un episodio más en la larga historia de crisis del sector o será el puntillazo que las petroleras necesitaban para acelerar la transformación de su modelo de negocio.

“Un escenario de precios débiles, que es el más probable, significa que las compañías petroleras tendrán que buscar varias vías. Una de ellas es reducir agresivamente los costes y reforzar la disciplina financiera. En última instancia, la recuperación puede provenir de nuevas áreas comerciales”, afirma desde París Catharina Hillenbrand-Saponar, experta en energía de Euler Hermes, compañía de seguros de crédito, filial de Allianz.

Entre esas nuevas áreas comerciales a las que se refiere la economista se encuentran, sin duda, las energías renovables y la electrificación del transporte (baterías y puntos de recarga), dos campos en los que empresas como Repsol ya llevan un tiempo investigando y explorando oportunidades.

La crisis económica provocada por el coronavirus y la pátina verde que Bruselas quiere darle a los programas de recuperación han aumentado la presión a la que las petroleras están sometidas para reducir sus emisiones y darle un giro a su negocio.

Repsol ha entrado en el mercado chileno de energías renovables

Pero el cambio tomará tiempo (mucho), no será fácil y exigirá tomar decisiones peliagudas. “El problema que enfrentan las compañías del sector es que los flujos de efectivo reducidos de sus negocios tradicionales hacen que sea más difícil invertir en negocios nuevos y a la vez mantener el dividendo”, sostiene Hillenbrand-Saponar.

“Los directivos tendrán que elegir”, añade. Sin embargo, matiza que los accionistas pueden ver un potencial de crecimiento a largo plazo en las petroleras más dispuestas a cambiar su modelo de negocio, “particularmente si las perspectivas del precio siguen siendo débiles”. Una debilidad que durante el confinamiento superó el umbral de lo insólito.

El mundo al revés

Lo nunca visto ocurrió el pasado 20 de abril, cuando por primera vez en la historia los compradores estuvieron en condiciones de cobrar a los productores por llevarse el exceso de crudo de sus tanques. Las restricciones a la movilidad impuestas por los Gobiernos para controlar el brote evaporaron la demanda y pusieron el mundo al revés.

La industria extraía 20 millones de barriles diarios más de los que el mercado necesitaba y en Cushing (Oklahoma), el depósito de reservas más grande de Estados Unidos, se estaban quedando sin espacio para almacenarlos. Cerrar un pozo es más caro que hacerle sitio a los inventarios.

Esa jornada, el barril de Texas, el de referencia para el mercado americano, cerró en -37,63 dólares. Al día siguiente, el Brent, que se extrae del mar del Norte y se consume en Europa, marcó el mínimo en lo que va de año, 19,33 dólares (17 euros), tras sufrir una caída del 24% frente a los 25,57 dólares (22 euros) de la jornada anterior, según BloombergNEF.

Las cifras

57% de la demanda de petróleo proviene del transporte, según BloombergNEF. En la carretera se consume el 43% de este total y en los aviones, el 8% (los barcos carburan el 6% restante), por lo que una segunda ola de confinamientos sería desastrosa para el sector.

40 euros es el precio medio que Euler Hermes estima que el Brent alcanzará en lo que queda de 2020 y 45 el que prevé para 2021. BloombergNEF espera que finalice este año en 34 euros y el próximo en 43.

47,5% fue el aporte del petróleo en el mix energético de España en 2019, de acuerdo con un informe de BP. El crudo representó así la principal fuente de energía primaria; sin embargo, fue la cuarta en cuanto a generación eléctrica, con un 4,9%.

El descalabro que ya se veía venir desde marzo obligó a Rusia a ceder en su posición inicial y acordar con la OPEP, el cartel de países petroleros liderado por Arabia Saudí, un drástico recorte de casi 10 millones de barriles diarios a partir de mayo. Al pacto se sumaron Estados Unidos, Canadá, Brasil y México.

El arreglo y el control de la epidemia en China, Italia y otros países ha permitido que el precio remonte hasta el entorno de los 44 dólares (38 euros) a que cotiza ahora el Brent. Sin embargo, desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote pandemia global, el crudo europeo acumula una caída del 56%.

“La demanda aumentará en agosto por las necesidades de refrigeración, pero también hay una cantidad importante de exceso de inventario en el sistema. Esto es preocupante, dado que varios indicadores apuntan a una desaceleración de la demanda en otros lugares, por lo que podría haber cierta disminución de precios”, comenta Hillenbrand-Saponar.

Sin embargo, la economista de Euler Hermes opina que el acuerdo ha proporcionado a la OPEP y sus aliados un marco para actuar de manera flexible y reactiva si la caída se agudiza o prolonga demasiado.

Depreciación de activos

BP, Shell, Repsol y Cepsa han revisado a la baja el valor de sus activos. Repsol, por ejemplo, depreció sus inventarios en 2.673 millones y retrasó para noviembre la presentación del plan estratégico con el que pretende alcanzar las cero emisiones en 2050; no obstante, ha mantenido el dividendo y entrado en el mercado chileno de energías renovables.

BP ha asumido un ajuste de hasta 15.576 millones en el segundo trimestre del año y aceptado que la pandemia acelerará la transición energética. El grupo británico trabaja para reducir las emisiones de refinerías como la de Castellón, donde lleva invertidos más de 100 millones en los últimos 10 años, por medio de la captura de CO2 y la producción de combustibles ecológicos.

Refinería BP Castellón
Refinería de BP en Castellón.

En Natixis, banco de inversión francés que en mayo renunció a financiar proyectos de petróleo y gas de esquisto, observan que, a corto plazo, la principal palanca con la que cuentan las petroleras para alinear sus compromisos con el medio ambiente y los accionistas la ha proporcionado, paradójicamente, la propia coyuntura económica.

“La debilidad de los precios del petróleo, sobre todo en el segundo trimestre de 2020, ha llevado a los grandes grupos petroleros europeos a ser más selectivos en la explotación y desarrollo de sus recursos de hidrocarburos, y a recortar las inversiones en extracción y refino al tiempo que mantienen el esfuerzo en energías renovables”, explica Ivan Pavlovic, experto en energía y sostenibilidad de Natixis.

BP busca elevar la producción de combustibles ecológicos  en Castellón

Precisa que BP, Eni, Repsol, Shell y Total reducirán este año entre un 20% y 25% su gasto de capital con respecto a las cifras presupuestadas antes de la crisis. “Esta medida debería aumentar gradualmente su exposición a un conjunto de actividades que ofrecen flujos de caja más previsibles (dado el perfil cuasirregulado de las energías renovables) que las actividades tradicionales de petróleo y gas, mejorando de forma gradual su perfil de riesgo, así como su capacidad para soportar cualquier deterioro adicional del entorno sectorial”, mantiene.

Dado que el uso final (por ejemplo, quemar gasolina en un coche) representa el 85% de las emisiones del ciclo de vida del petróleo, Mike Coffin, analista de Carbon Tracker, señala que las petroleras solo tienen dos opciones si de verdad quieren ayudar a cumplir el Acuerdo de París: reducir la producción de manera gradual y devolver capital a los accionistas, o diversificar el negocio invirtiendo en renovables o cualquier otro sector no relacionado. “Con el Covid tendrán que adaptarse aún más rápido, pero las opciones siguen siendo las mismas”, argumenta.

Eni, Repsol y BP lideran las ambiciones climáticas de la industria

Electrolinera Repsol
Cargadores de coche eléctrico de Repsol.

Estudio. Carbon Tracker, un think tank independiente con sede en Londres, ha evaluado los objetivos climáticos de las nueve petroleras más grandes que cotizan en Bolsa. De acuerdo con este estudio, publicado el 24 de junio pasado, Eni, Repsol y BP, en ese orden, tienen las políticas más ambiciosas, habiendo fijado metas concretas para reducir las emisiones de entre el 80% y el 100% de su producción antes de 2050.

Moderados y débiles. Shell, Total y la noruega Equinor se ubican en el grupo de moderadas, porque los compromisos que han asumido para mitigar el impacto de su actividad les permite aumentar la producción. Chevron, ConocoPhillips y ExxonMobil tienen las políticas más débiles, ya que el efecto de sus recortes sobre las emisiones totales es mínimo (3%) y, en el caso concreto de Exxon, se limitan a las operaciones de su filial canadiense Imperial Oil.

Objetivos intermedios. Mike Coffin, autor del estudio, advierte de que no vale que las empresas agreguen fuentes de energía renovable a su cartera de negocio si por otro lado continúan aumentando la producción de petróleo y gas. El resultado de ese enfoque será una disminución de la intensidad de las emisiones (la cantidad de CO2 liberada a la atmósfera dividida por la producción en barriles o julios), pero un incremento de las emisiones absolutas en toneladas, que son las que calientan el planeta. “Repsol, Eni y BP se han fijado las metas más ambiciosas a 2050. Por supuesto, no hay garantía de que las cumplirán y, por eso, es fundamental que se fijen objetivos intermedios”, afirma.

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