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Las subidas de tipos agitan el ahorro y la inversión

Los pequeños ahorradores se lanzan a comprar letras y fondos de renta fija ante la mínima remuneración de los depósitos. La Bolsa invita a la cautela por el riesgo de recesión

Letras del tesoro Gráfico
Belén Trincado Aznar
Nuria Salobral

Las alzas de tipos de interés han revolucionado el mapa de la inversión y el escaparate de la banca española. La velocidad sin precedentes a la que se ha encarecido desde 2022 el precio del dinero ha sacado del letargo al ahorro y ha creado nuevas oportunidades, y riesgos, para el inversor en Bolsa.

La subida de los tipos de interés ha dado aliento al ahorro más conservador, condenado a nulas rentabilidades durante la larga época de los tipos cero, aunque los depósitos no sean precisamente el producto más brillante. Los grandes bancos apenas han mejorado la remuneración de las imposiciones a plazo. Solo un puñado de entidades online y fintech se mantienen en la brecha con ofertas más agresivas y cercanas al precio del dinero marcado por el BCE. Se trata de Openbank, EBN Banco, Pibank o ING, pero la gran banca disfruta de una abundante liquidez y no tiene prisa por captar recursos ni por pagar más por los depósitos.

Aun al contrario, está dirigiendo a sus clientes hacia fondos de renta fija, de los que obtiene ingresos por comisiones. Son el vehículo con el que los clientes pueden aprovechar un pago de rentabilidades en los activos de deuda muy superior al de tiempo atrás. La banca trata, de hecho, de canalizar hacia los fondos que vende en sus oficinas la fiebre del oro que se desató a comienzos de año por las letras del Tesoro.

Estos títulos de deuda pública pagan una rentabilidad que ronda el 3% a un año, un cupón que se ha convertido en la referencia a la que aspira el ahorrador conservador. La primera subasta de letras del año, con rentabilidades que no se recordaban desde 2012, fue el pistoletazo de salida para la búsqueda de una mayor ganancia por parte de los particulares. Una suerte de despertar del largo letargo sin rendimiento de los tipos cero. Las letras difícilmente van a compensar por la pérdida de poder adquisitivo que supone la inflación, pero dentro del ahorro conservador son, sin duda, una de las opciones más atractivas. Su reducida comisión –del 0,15% si se compran a través del Tesoro o del Banco de España– es inferior a la de la inmensa mayoría de productos financieros.

Las peticiones de los par­ticu­lares en las subastas del Tesoro han sido desbordantes y ese interés por sacar más partido al ahorro se ha trasladado a la contratación de fondos de renta fija, en cuya venta se ha volcado la banca. Los gestores insisten en que 2023 puede ser un buen año para la deuda, después del descalabro de 2022. El mercado de bonos está siendo más volátil de lo esperado en el inicio de año pero, al menos, la rentabilidad gracias a un mayor pago de cupón está asegurada.

La banca está este año recuperando formatos de fondos como los garantizados o los de rentabilidad objetivo, en los que hay una expectativa de ganancia concreta aunque no garantizada. Los monetarios son otra de las opciones predilectas, la vía más barata y eficaz para exprimir al máximo las elevadas rentabilidades de los plazos más cortos de la deuda.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Christine.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Christine.JOHANNA GERON (REUTERS)

En cuanto a la Bolsa, las alzas de tipos de interés han impuesto un nuevo terreno de juego, en el que se han visto más penalizados compañías y sectores con alto endeudamiento o en los que el mercado ha hecho fuertes ajustes a la baja en la valoración, ante una previsión de flujos de caja futuros a tipos más elevados.

Las alzas del precio del dinero suponen, además, una amenaza constante de recesión, más aún si son bruscas y constantes como las emprendidas en 2022. Este año comenzó con la falsa creencia de que, pese al impacto contractivo sobre la economía de las subidas de tipos, la factura sobre el crecimiento y los beneficios empresariales no iba a ser tan pesada. Un escenario del que se beneficiaron especialmente los bancos. Sin embargo, la persistencia de la inflación y los temores a una recesión por las continuas subidas por las alzas de tipos instalaron de nuevo la prudencia en la renta variable.

Las compañías con un balance saneado, líderes en sus respectivos negocios y con capacidad de trasladar el incremento de costes al cliente son, sin discusión, la apuesta de los gestores para mantenerse este año en la Bolsa.

El difícil dilema de la inversión en acciones bancarias

Los bancos han sido las estrellas bursátiles del inicio de año. Disfrutaban por fin en Bolsa del efecto positivo de las alzas de tipos sobre su negocio y de la rotunda subida de sus márgenes de intereses.

La buena marcha bursátil se truncó después de forma traumática con la oleada de desconfianza hacia el sector que desató la quiebra del estadounidense Silicon Valley Bank y la venta de emergencia de Credit Suisse a UBS. El temor a una crisis bancaria también puso en la picota a Deutsche Bank y causó un drástico movimiento de ventas en el conjunto de la banca.

El sector afronta ahora el efecto adverso que también tienen las subidas de tipos, con un inevitable aumento de la morosidad, pero está mucho mejor posicionado en términos de capital y liquidez que en momentos anteriores de contracción económica. 

Sobre la firma

Nuria Salobral
Es jefa de la sección de Inversión en el fin de semana y redactora especializada en temas financieros y política monetaria. Trabaja en Cinco Días desde 2006, donde ha cubierto la quiebra de Lehman Brothers, el rescate a la banca española o las decisiones del BCE. Nacida en Madrid, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.

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