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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Lo que hay (y lo que falta) en el pacto de rentas entre sindicatos y empresarios

Hay que valorar la generosidad de ambas partes en el acuerdo salarial, pero debería incluirse una referencia a la productividad

José Carlos Díez
De izquierda a derecha: el presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; el secretario general de CC OO, Unai Sordo y el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, en la firma del pacto de convenios.
De izquierda a derecha: el presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva; el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; el secretario general de CC OO, Unai Sordo y el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, en la firma del pacto de convenios.Pablo Monge

Cuando comenzó la crisis energética los economistas mayoritariamente pedimos un pacto de rentas entre sindicatos y patronal. El pacto ha llegado un año y medio después cuando el precio del gas se ha desplomado hasta 35 euros megavatio hora, desde los 250 euros del pasado verano, y la inflación está al 4%. Pero sin pacto de rentas el comportamiento de los salarios en España en 2022 ha sido ejemplar y fue también gracias a los acuerdos de negociación colectiva de sindicatos y empresarios en el ámbito sectorial y provincial.

La pandemia provocó una grave crisis empresarial. Las empresas tuvieron que cerrar tres meses sus negocios sin ingresar nada y estuvieron muchos meses más funcionando por debajo de su capacidad y en la mayor parte de los casos en pérdidas. Los ertes redujeron los costes significativamente y fueron una medida muy eficaz, pero no evitaron pagar el resto de costes no salariales. La mayoría de las empresas registraron pérdidas en 2020, se descapitalizaron y tuvieron problemas de liquidez, que es la principal causa de mortalidad empresarial. En 2020 el peso de los salarios en el PIB repuntó 3 puntos porcentuales hasta el 50%, su máximo en décadas.

En 2021 notaron mejoría, pero no les dio tiempo a recapitalizarse y les pilló la crisis energética sin músculo financiero. El precio del gas se multiplicó por diez veces desde el verano de 2021 al de 2022, con un fuerte impacto sobre el precio de la electricidad. Y la sequía provocó una intensa inflación de alimentos que se mantiene, y no se ve luz aún al final del túnel. Si en ese escenario los salarios hubieran subido con la inflación para proteger el poder adquisitivo, muchas empresas habrían tenido fuertes pérdidas, habrían quebrado, despedido a todos sus trabajadores y el Estado habría tenido que pagar las indemnizaciones por despido. Esas empresas habrían impagado sus deudas con sus proveedores, muchos de ellos habrían quebrado también, habrían despedido a todos sus trabajadores y habríamos pagado sus indemnizaciones todos los contribuyentes con deuda pública, ya que el Estado tiene déficit.

El pacto de rentas llega en un momento muy oportuno en el inicio de un ciclo expansivo. Dentro del euro los costes laborales unitarios, salarios divididos por la productividad por ocupado, son determinantes de la competitividad. España mejoró su competitividad contra sus socios europeos y mucho más contra sus competidores internacionales ligados al dólar, ya que el euro se ha depreciado con fuerza desde 2021 contra la divisa estadounidense. La bajada del precio del gas, junto a la mejora de competitividad, ayuda a explicar el espectacular dato de crecimiento de las exportaciones en el primer trimestre de este año, que supera el 20% anualizado. Las exportaciones arrastraron la inversión empresarial, el empleo, y el PIB creció un 2% anualizado, a pesar de que el consumo privado siguió contrayéndose.

Según los datos del INE en la contabilidad nacional, los salarios ya crecen próximos al 4%, por encima de la productividad, y los costes laborales unitarios aumentaron un 2%. Eso es el objetivo de estabilidad de precios del BCE y, por lo tanto, la economía española está en condiciones óptimas para aprovechar este nuevo ciclo de crecimiento. El acuerdo aprobado esta semana aumentará los costes laborales unitarios, pero no se alejarán mucho del 2%. Además se difiere el impacto en tres años, lo cual permite mucho margen a las empresas para absorberlos. España sufre una crisis institucional desde 2007 y es muy complicado ver acuerdos de esta naturaleza. Por esta razón, los españoles debemos valorar la enorme generosidad de los líderes sindicales y patronales para ceder y llegar a este acuerdo.

No obstante, debería haber alguna referencia en el pacto a la productividad. España lleva 20 años con crecimientos de productividad mínimos, similares a los de nuestros socios europeos, pero lejos de los países que mejor se están adaptando a la era de la tecnología global; Israel, Taiwan, Corea, etc. Si España quiere conseguir el objetivo de pleno empleo con mejores salarios, para reducir la desigualdad, necesita aumentar la productividad. Si los salarios crecen más que la productividad, como sucedió en la década anterior a la crisis de 2008, volveremos a tener déficit exterior, aumentaremos la deuda externa y volveríamos a tener otra depresión económica con fuerte destrucción de empleo y aumento de la pobreza, severa y relativa.

El problema de productividad y precariedad salarial se concentra en España en las empresas pequeñas, especialmente en las de menos de 10 trabajadores. Las empresas de más de 50 trabajadores tienen un salario medio del doble que las pequeñas. Para converger con el promedio europeo de empresas medianas se necesitan 5.000 empresas entre 50 y 250 trabajadores. España es un país pequeño y esas empresas necesitan ser multinacionales y vender en el exterior. Para ser competitivas en el exterior es necesario que sean innovadoras, digitales y que incorporen la inteligencia artificial en sus procesos. Esas 5.000 empresas podrían crear más de 1,5 millones de empleos con salarios al doble o el triple que los de las empresas pequeñas.

Incluir en el pacto entre patronal y sindicatos limitar el uso de la inteligencia artificial nos retrotrae a Unamuno y que inventen otros. España necesita más Giner de los Ríos que nos enseñó que no perdimos la guerra de Cuba por tener peores soldados. La perdimos por tener peores ingenieros y EEUU la ganó décadas antes en sus centros tecnológicos.

José Carlos Díez es director de la cátedra Orfin de la Universidad de Alcalá

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