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Gobierno e INE diseñan cómo medir la economía digital en el PIB

Mientras las ventas online ya se cuantifican, el uso de bienes y servicios gratuitos dificulta los cálculos

Contribución al PIB del comercio electrónico
Belén Trincado Aznar
Raquel Díaz Guijarro

Del mismo modo que la ciudadanía y las empresas acceden cada vez a más bienes y servicios de forma digital, esa situación debería poder medirse para comprobar hasta qué punto se está transformando la economía española. El Gobierno, a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial y el Instituto Nacional de Estadística (INE) ya se han puesto a ello. Fuentes cercanas al proyecto confirman a CincoDías que se han celebrado las primeras reuniones para comenzar a diseñar qué metodología es la idónea para cuantificar de la manera más fidedigna el peso que tiene la actividad online en el Producto Interior Bruto (PIB).

Lo primero para poder arrancar es establecer a qué se referirán los números cuando hablen de economía digital. La definición consensuada por el G20 y la OCDE de la que parten los primeros intentos de medición es: “toda actividad económica que depende del uso de insumos digitales, o que se ve significativamente reforzada por ellos, incluidas las tecnologías digitales, la infraestructura digital, los servicios digitales y los datos. Se refiere a todos los productores y consumidores, incluidos los Gobiernos, que utilizan estos insumos digitales en sus actividades económicas”.

Una vez que está consensuada la definición, el consenso internacional concluye que la medición ha de concretarse en cuatro niveles.

El primero es el relativo a la medición nuclear, que solo incluye la actividad desarrollada por el sector de Tecnologías de la Información (TIC). El segundo, denominado medición reducida, incluye la actividad dependiente de insumos digitales. La medición extendida es la correspondiente al tercer nivel, que se abre a actividades potenciadas significativamente por los insumos digitales. Y el cuarto y último nivel es el referido a la sociedad digitalizada.

Tal y como reconoce el informe elaborado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (Ontsi), este cuarto es el más complejo, ya que va más allá de la economía digital porque prevé incorporar actividades fuera de los límites del PIB, como el uso de plataformas gratuitas.

Aumento del bienestar

Precisamente esa gratuidad de algunos bienes y servicios es uno de los factores que complica la medición de su producción en términos de PIB. La producción y el consumo domésticos de esos productos digitales o el desarrollo de la economía colaborativa no son fáciles de cuantificar. Existen autores que defienden que esos bienes y servicios deben permanecer fuera del ámbito de la contabilidad nacional, mientras otros autores opinan lo contrario.

En lo que sí parece coincidir el consenso académico es que el uso de esos servicios y bienes gratuitos generan aumentos del bienestar “que no se miden de manera adecuada en la contabilidad nacional”, afirma el análisis del Ontsi.

Así, Internet permite que los hogares realicen cada vez más transacciones que anteriormente se habrían llevado a cabo a través de un intermediario y, por tanto, habrían sido contabilizadas en el PIB. Esto demuestra el potencial que supone el uso de datos procedentes del sector privado para analizar la realidad económica y social. Por todo ello, en esta nueva fase será crucial la colaboración entre los institutos de estadística y la Administración en su sentido más amplio con las empresas para recopilar, procesar y analizar los datos masivos que pueden mejorar la medición de la economía digital.

Estimaciones

Fuentes del INE confirman los contactos mantenidos con la Secretaría de Digitalización y recuerdan que los trabajos se encuentran en fase preliminar, por lo que los primeros datos no podrán publicarse hasta 2025. A nivel internacional, el proyecto auspiciado por la OCDE calcula que a finales de esta década exista ya una estadística global que permita comparar las cifras de unos países y otros.

Hasta ahora, para medir en profundidad el PIB se dispone de las tablas de origen y destino, que facilitan información en detalle sobre el proceso de producción, el destino de los bienes y servicios y la renta que se genera. Otra metodología es disponer de cuentas satélite. Una de estas cuentas, como la que existe referida al turismo, proporciona un marco conceptual amplio, ligado a las cuentas nacionales, que permite centrar la atención en un campo específico.

Tanto el INE como la Secretaría de Estado de Digitalización están llamados a ser los catalizadores de la cooperación con el sector digital para realizar la recogida de la información. Una primera aproximación al peso de la economía digital en España estima que el valor añadido bruto (VAB) del sector de la información y las comunicaciones alcanzó en 2019 (último año en detalle disponible) un 3,3% del total de la economía. El impacto de las actividades que dependen de insumos digitales como el comercio electrónico sería del 7,4%, la medición extendida o tercer nivel elevaría esa cifra al 9,1%, mientras que si se consideran los impactos directos e indirectos, llega al 19,8% del PIB. El reto será poder contar con los mecanismos adecuados para cuantificar de forma precisa el impacto de la economía digital.

Primeros resultados por países

EE UU. Diversos países de la OCDE están midiendo la economía digital. EE UU estima que la actividad online alcanzó en 2019 el 9,6% del PIB. Considera tres elementos: infraestructura, comercio electrónico y servicios digitales de pago.


Canadá. Engloba la infraestructura, las transacciones ordenadas digitalmente y los productos entregados de la misma manera. En su caso, representa el 5,5% del PIB.


Reino Unido y España. Centrado en exclusiva en la aportación al valor añadido bruto de su sector digital, calcula que equivale al 7,6% de su economía. En España, Adigital estimó que la suma de los cuatro niveles supuso un impacto del 22,6% en 2022.

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Sobre la firma

Raquel Díaz Guijarro
Es jefa de Empresas en Cinco Días. Especializada en economía (inmobiliario e infraestructuras). Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Cinco Días. Previamente trabajó en Antena 3 Radio, El Boletín, El Economista y fue directora de Comunicación de Adif de 2018 a 2022. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.

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