Sin inversión no hay planeta B: la gran oportunidad de las ‘foodtech’

El capital es más necesario que nunca para conseguir la escabilidad de las tecnologías para producir proteínas alternativas

A estas alturas, todos deberíamos tener muy claro que el planeta está pidiendo a gritos medidas urgentes para contrarrestar los efectos del cambio climático y cumplir con los conocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. La cuenta atrás ya está en marcha. Queda muchísimo por hacer, pero a la vez, hay una movilización global sin precedentes y en todos los sectores que denota un esfuerzo increíble y conjunto por parte de consumidores, empresas, industria e instituciones para ganar esta carrera.

El sector alimentario es sin duda uno de los más estratégicos para conseguir poner a cero el contador: la producción primaria está gravemente afectada por el incremento de temperatura y los cambios climáticos extremos; además, la cadena de suministro agroalimentaria es responsable del 26% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Por ello, la única forma de lograrlo es poniendo en marcha una estrategia de sostenibilidad común y consensuada, con la innovación de base tecnológica como driver principal.

Hace poco salieron publicadas las primeras conclusiones del informe de Blue Horizon y Boston Consulting Group The Untapped Climate Opportunity in Alternative Proteins, un análisis muy detallado sobre las oportunidades que brinda la producción de proteínas alternativas, una de las ramas de innovación dentro del sector alimentario que genera más inversión.

En primer lugar, el estudio ahonda en que el consumidor está preparado para esta transición, y que no se trata de una tendencia geolocalizada, sino que en todo el mundo ya se están comprando proteínas alternativas. Según el informe, los modelos de previsión indican que las proteínas alternativas representarán el 11% de todo el consumo de proteínas en 2035 y, con la ayuda de la tecnología, los inversores y los agentes reguladores, las proteínas alternativas podrían acaparar el 22% del mercado mundial en ese plazo.

El sistema alimentario está bajo presión como nunca: el contexto ambiental, el aumento demográfico que prevé tener que alimentar a 9.100 millones de personas en 2050 e incrementar, por lo tanto, en un 70% la producción de alimentos, el conflicto de Ucrania con el encarecimiento de las materias primas y la consecuente crisis energética y, por supuesto, el efecto Covid. No es una realidad distópica, fruto de la ficción, sino el escenario actual. Hay que actuar más y más rápido. La buena noticia es que, si lo hacemos bien, no solo recuperaremos el bienestar del planeta, sino que el sistema entero será mucho más eficiente. Y esta es la clave para entender por qué las pautas de sostenibilidad, innovación y seguridad alimentaria se convertirán en beneficios económicos.

Si llegamos a cumplir estas previsiones en el mercado de proteínas alternativas, veríamos una reducción, según apunta el estudio mencionado, de 0,85 gigatoneladas de CO2 equivalente en todo el mundo para 2030, lo cual equivale a descarbonizar el 95% de la industria de la aviación. Poniendo el foco en el valor de mercado de las emisiones de CO2 evitadas por cada dólar invertido en esfuerzos de mitigación, el impacto de la inversión es enorme, comparado con las inversiones en descarbonización de otros sectores.

Esto explica en parte la enorme tracción para los inversores que están consiguiendo los proyectos de innovación en el sistema alimentario. Solo en España, la inversión en estos proyectos experimentó un crecimiento del 220% durante 2021, alcanzando los 695 millones de euros. Y si el impacto económico en términos de emisiones de CO2 evitadas queda evidente, la escalabilidad de las tecnologías que se están desarrollando permitirá una mayor eficiencia y seguridad alimentaria en todos los eslabones de la cadena de valor alimentaria, hasta el consumidor final, que está sufriendo los efectos de una inflación desbocada que repercute dramáticamente en su cesta de la compra, entre otros gastos.

Imaginemos una impresora 3D capaz de imprimir 10 kilos de carne por minuto, y el impacto real que supondría en la industria en términos de coste-eficiencia. No somos unos visionarios: la máquina ya existe y es 100% made in Spain. La tecnología disruptiva de la startup navarra Cocuus, del “chuletón en 3D”, tiene un potencial industrial inmenso, y por ello ha conseguido el interés de un gigante global de la industria cárnica como Cargill, así como del fondo neoyorkino de proteínas alternativas Big Idea Ventures. Es solo el comienzo.

Nuestro ecosistema foodtech es fuerte, y comenzamos a tener líderes globales en las tecnologías más avanzadas que transformarán este sector: en bioimpresión, que tiene aplicaciones muy prácticas, sobre todo para crear alimentos de origen vegetal con sabor a carne o a base de células cultivadas; en producción de ingredientes por biosíntesis, que es la producción de moléculas y compuestos animales mediante fermentación de precisión; y también en producción agrícola de precisión, que permite una mayor productividad frente a los efectos del cambio climático y una gestión más eficiente de los recursos.

Gracias a estas técnicas de última generación, España se está colocando como una gran potencia mundial en este sector, y las más de 400 startups que conforman el ecosistema español foodtech están recibiendo inversión de actores nacionales y, con un ritmo creciente, internacionales, que apuestan por la innovación tecnológica de nuestro entorno.

La inyección de inversión es más necesaria que nunca para conseguir la escalabilidad de estas tecnologías, que construirán el sistema alimentario de mañana: más sostenible, más coste-eficiente y capaz de ofrecer alimentos más saludables y seguros.

José Luis Cabañero es CEO y fundador de Eatable Adventures