La fecha de inicio del ‘tapering’ es más que una cuestión de calendario

El fantasma de la inflación ha regresado a las economías desarrolladas y se ha convertido en un riesgo clave a tener en cuenta en esta crisis

El presidente de la Fed, Jerome Powell, anunció ayer la “pronta” retirada de los estímulos de la política monetaria estadounidense, aunque no confirmó su fecha, y un adelanto de la subida de los tipos de interés a 2022. La decisión de iniciar el tapering, que ha generado un intenso debate y una fuerte expectación, responde al temor de que el exceso de estímulos fiscales y monetarios pueda acabar recalentando la economía estadounidense, inmersa en una rápida recuperación y en una creciente subida de precios. Aunque poner fecha de caducidad a la política expansiva es una decisión ortodoxa, dado que los poderosos programas de compras están pensados para situaciones extraordinarias y no como ayuda permanente, la elección del momento adecuado resulta compleja y discutible, como también los efectos que esa decisión puede tener en la economía, y muy especialmente en la inflación, cuya previsión para este año la Fed ha elevado al 4,2%.

Tras casi una década de desaparición del escenario mundial, el fantasma de la inflación ha regresado a las economías desarrolladas y se ha convertido en un riesgo clave a tener en cuenta en esta crisis. La creciente curva de los precios, desencadenada por el deshielo de la actividad tras las restricciones por la pandemia y alimentada por factores como el desabastecimiento de las materias primas y el exponencial aumento del precio de la energía, ha irrumpido de un modo abrupto y puede convertirse en un lastre para la recuperación a uno y otro lado del Atlántico. Pese a que tanto la Fed como el BCE confían en que el fenómeno sea coyuntural, es difícil prever cómo va a evolucionar ese repunte en los próximos meses y hasta qué punto la inflación ha vuelto para quedarse. En ese contexto, tanto un tapering demasiado tardío como uno en exceso prematuro puede tensionar la curva alcista de los precios y trasladarla a todos los ámbitos de una economía todavía frágil hasta convertirla en un lastre para la recuperación.

A día de hoy, no es posible saber si el aumento de la inflación tanto en EEUU como en Europa es coyuntural o si marcará el inicio de una nueva era alcista más prolongada en el tiempo y fruto de las distorsiones que la crisis ha dejado en las economías. Aunque es cierto que el aumento de los precios aún no se ha trasladado a la inflación subyacente, es cuestión de tiempo que termine haciéndolo, y que no solo los hogares, sino los costes empresariales y las tasas de productividad paguen su respectiva factura. En un escenario como este, la responsabilidad de la Fed en la gestión del tapering es mucho más que una cuestión de calendario.