Los inversores de EEUU, felices ...y los hispanos heredarán la tierra

Ni las malas noticias ni los sustos pueden con los mercados estadounidenses, que han logrado su cuadragésimo segundo récord del año

Pasado viernes y 13, agosto: no aplican las malas noticias ni los sustos en los mercados de valores norteamericanos, que consiguen su cuadragésimo segundo récord del año. Tras la temporada de presentación de resultados empresariales, el 86% de las firmas del S&P 500 han batido, por goleada, las expectativas de los analistas. Los mismo sucede en Dow Jones (DJIA), Nasdaq y Russel. El euro sube un poquiño respecto al dólar y, porque algo siempre tiene que dar la nota y bajar, baja el petróleo: 69 dólares el barril de West Texas, que no se traduce en bajada de precios para el consumidor que, en EEUU, utiliza el coche para todo.

Preocupaciones sobre el cambio climático, temporalmente, a un lado, Biden se desgañita pidiendo a gritos a los países miembros de OPEP (productores/exportadores de petróleo) que aumenten la producción. A primera vista, parece incongruente, porque EEUU es el primer productor de petróleo mundial; es el primer exportador de petróleo y gas natural del planeta y, lo más importante, es independiente energéticamente, desde la presidencia de Barack Obama. Para los estadounidenses no hay contradicción, porque, antes que nada, son norteamericanos.

Nixon, en 1973, propuso el objetivo de la independencia energética de América, tras los embargos de petróleo de los países árabes en 1971 (tras la Guerra de los Seis Días, en 1967, en que Israel vapuleó a Egipto, Siria y Jordania) y la Guerra de Yom Kippur (1973), con el mismo resultado favorable a Israel y el apoyo de EEUU. Los países árabes dejaron de exportar petróleo a Occidente y, en América, por su dependencia del uso del vehículo, la escasez derivó en racionamientos, colas kilométricas de horas en las gasolineras y, peor aún, un impresionante aumento de la inflación, siendo en EEUU el petróleo el factor con más peso en la cesta de la compra que compone el IPC. (Índice de Precios al Consumo).

Hay economistas que equiparan el aumento de la inflación hoy (+5,4 en julio, dato estacional) con el que hubo en las presidencias de Nixon, Gerald Ford y Carter. No hay parangón posible porque, en el supuesto de que las cosas se pusieran muy mal, EEUU podría hacer uso de sus reservas de crudo y gas natural, pero no quiere hacerlo. Ya llegarán tiempos peores en que, quizá, haya que usarlos. Nixon planteó el objetivo y lo consiguió Barack Obama 50 años después. Es desde esta posición de fuerza de la independencia energética que América exige a Rusia, Emiratos y Arabia Saudí pongan más petróleo en el mercado. Ninguno rechistará: Rusia no tiene otra fuente de ingresos y EAU (UAE) y Arabia Saudí necesitan las armas y tecnología norteamericanas para mantener a raya a los terroristas islámicos. China tiene poco petróleo y Biden quiere que, en esta Guerra Fría en que los chinos pretenden disputar la primacía económica mundial a EEUU, China se endeude aún más comprando petróleo y otras materias primas. China no tenía carriers (portaviones) hace una década y hoy tiene cuatro. Pero tiene poco petróleo y está fabricando portaviones nucleares: no le vaya a pasar como a Japón en la Segunda Guerra Mundial, cuando el presidente demócrata FDR, Roosevelt, estranguló la economía japonesa, precisamente en las materias primas y, esencialmente en el petróleo que, en un 90%, en 1937, Japón importaba de América. Ya sabemos cómo acabó aquella guerra.

La doctrina Biden en su rivalidad con China empezó con las tecnológicas, internet y la inteligencia artificial y quantum computing. Ahora, el Partido Comunista Chino aprieta las tuercas a sus tecnológicas y, en la segunda semana de mayo, Tencent, Huawei, Didi, ByteDance (abominable TikTok) han perdido el 20% de su valor. Biden seguirá las ideas madre con China, que guiaron a Roosvelt en su guerra con Japón. En 2021, del internet de las cosas a la fabricación de cosas.

Cada diez años, América hace un censo demográfico, social y económico. Los resultados del censo de 2020 muestran una nación más diversa, donde la población blanca total se redujo, por primera vez en su historia, y donde las grandes áreas metropolitanas, especialmente en el sur y suroeste, experimentaron el crecimiento más fuerte.

La población blanca no hispana cayó 2.6% entre 2010 y 2020, una disminución que sitúa la participación de ese grupo, en la población total de EEUU, por debajo del 60%. La cantidad de personas que se identifican con más de una raza o etnia creció al ritmo más rápido que cualquier otro grupo.

La población creció solo 7,4% durante la década, la segunda más lenta registrada tras la década de 1930, la de la Gran Depresión, que experimentó crecimiento más lento. El 51% del crecimiento total de la población de EEUU. en la última década, provino de aumentos entre los residentes hispanos o latinos, según la Oficina del Censo.

Los nuevos datos muestran un envejecimiento general de la población. Los menores de 18 años son 73,1 millones (22,1% de la población de EEUU), 1,4% menos que los 74,2 millones en 2010. Esta disminución se debió a las tasas de fertilidad más bajas entre blancos, en los últimos 70 años.

La población se expandió a ciudades y suburbios, por lo que, la tendencia hacia la despoblación rural continuó y aumentó durante la última década. Más de la mitad de los pueblos de EEUU (52%) tenían menos población en 2020, que en 2010.

Las tendencias no van a cambiar: los hispanos/latinos heredarán the promised land.

 

 

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘El New Deal de Biden-Harris: política económica para el siglo XXI’

Jorge Díaz Cardiel, socio director Advice Strategic Consultants. Autor de El New Deal de Biden-Harris: política económica para el siglo XXI