Inversión

Las gestoras se conjuran para evitar nuevas pérdidas este año en la renta fija

Comienzan el año con una clara apuesta por la Bolsa y posiciones de liquidez superiores a lo habitual, en espera de oportunidades en la deuda

Sala de trading de BBVA.
Sala de trading de BBVA.

Los inversores de renta fija están condenados a una triste rentabilidad en 2019. Las gestoras asumen desde el inicio de año que va a ser un ejercicio difícil, en el que la prioridad va a ser no ya obtener ganancias –una meta difícil en el actual entorno– sino evitar las pérdidas sufridas el pasado año. La incontrolable corrección del mercado en la recta final del ejercicio, presa del miedo a una llegada acelerada de la recesión económica, dejó en pérdidas anuales al conjunto de activos de inversión. A los de más riesgo, en los que los inversores ya asumen de entrada la posibilidad de perder dinero, y también a los más conservadores, donde los inversores no están ni mucho menos acostumbrados a los números rojos.

2018 dejó un balance insólito: un resultado negativo y sin paliativos para el conjunto de la inversión –ni siquiera el oro sirvió como activo refugio– frente a una economía global que aún creció con fuerza y unos resultados empresariales que aumentaron a doble dígito tanto en Estados Unidos como en Europa. Para la inversión más conservadora, la de la renta fija, el año pasado fue incluso peor que 2008, el del estallido de la gran crisis, cuando las ventas se concentraron en la Bolsa. Y a los gestores más veteranos les cuesta recordar un ejercicio tan negativo para la inversión en renta fija como 2018.

De cara al nuevo año, la consigna en las gestoras es evitar que ese balance negativo se repita y, ante unos próximos meses plagados de incertidumbres, han comenzado 2019 con elevadas posiciones de liquidez, muy superiores a las de otros inicios de año.

“Contamos aproximandamente con un 30% de liquidez en nuestras carteras de fondos de renta fija. Es una cantidad más elevada en comparación con los datos de otros inicios de año”, reconoce Gabriel Pañeda, director de renta fija de Mutuactivos. La extrema cautela con que ha comenzado el ejercicio para la gestión de renta fija lleva a que algunas gestoras planteen su cartera casi en términos binarios, con una apuesta decidida por la renta variable –la parte en la que asumir riesgo pero también a cambio de más opciones de rentabilidad– y el resto en liquidez, con una mínima presencia de la renta fija.

Los datos de flujos de fondos en las dos primeras semanas del año dan una clara muestra de la precaución de los gestores. Con diferencia, las mayores entradas de dinero se han dirigido hacia los activos monetarios, por casi 63.000 millones de dólares. según datos de Bank of America Merrll Lynch. Así, los gestores prefieren dejar a resguardo la parte más conservadora de la cartera, invirtiendo en los activos de deuda de más corta duración –y menor rentabilidad– y también los que menos pueden sufrir ante un endurecimiento de los tipos de interés. Esta es la opción elegida por Indosuez Banca Privada o Julius Baer en España, que sí hacen una decidida apuesta por la Bolsa – a la que destinan casi la mitad la cartera–, mientras distribuyen el resto entre liquidez y plazos cortos de renta fija, a la espera de que surjan oportunidades a lo largo del año.

La apuesta generalizada de las gestoras para obtener rentabilidad este año está en la renta variable

Para poner a trabajar en activos de renta fija la liquidez con que las gestoras comienzan el año no hace falta sino un entorno de mayor estabilidad. “Que los riesgos geopolíticos se relajen y mejoren los datos macroeconómicos y que el mercado corrija y ponga en precio muchos activos que ahora mismo están caros”, resume Pañeda. En definitiva, que se calmen los miedos que en la recta final de 2018 dirigieron la inversión hacia los activos más seguros, como el bund alemán o el treasury estadounidense.

El mercado de renta fija se contagió de los miedos que paralizaron el conjunto de la inversión: unos indicadores económicos más débiles, que han agitado el fantasma de la llegada de la recesión, junto a riesgos geopolíticos como la guerra comercial o el Brexit, capaces de precipitar la crisis, a los que en primavera se añadirán las elecciones al Parlamento Europeo y el temor a un auge de los populismos que paralice la integración en la zona euro.

Como recuerda Miguel Castells, director de inversiones de la gestora de Liberbank, en la recta final de 2018 el dinero huyó del tipo de activos de renta fija en los que el inversor había ido buscando más rentabilidad a costa de mayor riesgo, vistas las rentabilidades mínimas de la deuda soberana. Es decir, hubo fuertes salidas en la deuda de alto rendimiento o high yield –con emisores con rating por debajod e grado de inversión– y en las emisiones menos seguras frente a un impago, como la deuda subordinada, que ahora estarían dejando algunas oportunidades tras la corrección.

Así lo ve Ascensión Gómez, jefa de gestión de renta fija de Trea Asset Management, para quien “el momento de elevar posiciones en renta fija es ahora aprovechando la inflavaloración en muchos sectores”. Aun así, su posición inicial de liquidez, de alrededor del 10%, es superior a otros años. “Los activos más penalizados y los que ofrecen mayores oportunidades son los de renta fija emergentes. Se trata de buscar compañías saneadas que han estado muy penalizadas por el temor a que los tipos en Estados Unidos subieran de manera muy agresiva. También vemos valor en muchas compañías de high yield”, añade Gómez. Su cartera se compone de un 30% en bonos financieros, un 20% en high yield, un 10% en emergentes y un 30% en deuda de grado de inversión.

Castells también ve una oportunidad en la deuda subordinada bancaria, que considera atractiva por valoración y para la que prevé un mejor escenario que en 2018, y en la deuda periférica de la zona euro, en especial italiana. Hace sin embargo una clara advertencia sobre la inversión en renta fija. “El tiempo de comprar bonos y sentarse a esperar pasó a la historia. En renta fija va a ser un año de hacer apuestas a corto plazo y hacer caja”, explica Castells, para quien lograr cubrir en 2019 los costes de un fondo de renta fija ya puede ser suficiente.

Aun así, el gestor no desdeña a la renta fija en cartera, aunque no prometa ser fuente de rentabilidad. “Va ser muy importante no despreciar ningún activo y diversificar, incluso dentro de un mismo tipo de activo a través de distintos fondos porque va ser importante también el acierto de los gestores. A lo largo del año las cosas pueden dar muchas vueltas”, añade.

La búsqueda de refugio en la recta final de año deja oportunidades, aunque muy selectivas, en ‘high yield’ y deuda bancaria

La gran dificultad va a estar en obtener rentabilidad en un momento de retirada de estímulos monetarios, que los inversores llevan tiempo anticipando, pero en el que se cruza además la inquietud por el deterioro de la economía global. La Reserva Federal estadounidense mantiene su hoja de ruta de subir los tipos de interés al menos dos veces este año, aunque recientemente se ha mostrado sin prisa alguna para ello, y el BCE avanza que la primera subida llegaría tras el verano, si bien esta misma semana enfrió las expectativas al reconocer que los riesgos sobre la economía se agravan.

Las alzas de tipos de interés juegan en contra de la inversión en renta fija, ya que a medida que suben los rendimientos baja el precio del bono. Las compras de deuda soberana del BCE alimentaron durante años el alza de los precios –hundiendo en paralelo sus rentabilidades–y ahora que la institución ha comenzado a reducirlas –finalizó en diciembre las compras netas y solo mantiene la reinversión de la deuda en balance que le vence– , no hay expectativa de revalorización de la deuda pública europea.

El año pasado, los fondos de deuda pública española no dieron rentabilidad alguna –sufrieron una pérdida media del 0,07%, según datos de Vdos– y los mejores de esta categoría rentaron apenas el 0,7%, como el Amundi Fondtesoro Largo Plazo o el BBVA Bonos Euskofondo.

Normas