Oncología e inmunología tiran del negocio sanitario

La subida prevista es de hasta el 8% en los próximos años

Gasto sanitario OCDE pulsa en la foto

Da igual el ciclo económico. La demanda de productos y servicios médicos está asegurada haya crisis o no. Influye, por un lado, el envejecimiento de la población y, por el otro, el aumento de las enfermedades crónicas –cardiovasculares, oncológicas y del sistema nervioso central, principalmente, propias del estilo de vida occidental–, así como el incremento de las innovaciones tecnológicas y terapéuticas para atender necesidades mal asistidas o aún sin cubrir.

“El conjunto de la industria, que supone entre el 10% y el 15% del PIB mundial, un porcentaje que puede elevarse en las siguientes décadas, crecerá a una tasa del 7%-8% anual en los próximos años”, prevé Tazio Storni, cogestor de Pictet Health y Pictet Biotech.

El envejecimiento de la población estimula la I+D y la eficiencia

¿Por qué? “La población mundial alcanzará los 9.200 millones en 2050, de los que 2.000 millones serán mayores de 60 años y cuyo gasto en salud es 3,4 veces superior. Esto impulsa la investigación y una asistencia mejor y más eficiente”, opina Storni. Pero también, a medida que mejora el bienestar, la gente está dispuesta a invertir más en su estatus sanitario, añade.

“El sector salud es defensivo porque en las crisis los pacientes siguen demandando los mismos productos y servicios sanitarios. Esto hace que, ante una desaceleración, sea más resistente que el resto de la economía”, apunta Jordi Mas, gestor del fondo de inversión CaixaBank Multisalud, de la gestora CaixaBank AM.

Los pacientes demandan los mismos productos y servicios sanitarios, aunque haya crisis 

Jordi Mas (CaixaBank Multisalud)

En tanto, desde Moody’s calculan una subida del ebitda de las compañías farmacéuticas del 2%-3% en los próximos 12-18 meses. “Un alza importante si se toma en cuenta la incertidumbre en torno a una posible bajada de precio de los medicamentos en EE UU [el mayor mercado farmacéutico global y donde los costes de las moléculas son más elevados]”, señala Knut Slatten, vicepresidente y analista sénior de la agencia de calificación de riesgo estadounidense.

Para Slatten, el incremento vendrá de una amplia variedad de fármacos especializados. En concreto, en las áreas de oncología, donde se están incorporando nuevos medicamentos, e inmunología oncológica, “con una trayectoria fuerte”.

Y, en línea con años recientes, en enfermedades raras y en otras más comunes, como diabetes tipo 2, esclerosis múltiple, VIH –una nueva generación de fármacos en la que trabajan Gilead y GSK–, asma y neurología. “Hay más de 7.000 medicamentos en desarrollo clínico en el mundo. En diez años se ha duplicado el número de tratamientos aprobados y ya en 2016 la cantidad de ensayos fue la mayor en un lustro”, indica Storni.

En cuanto a las fusiones y adquisiciones, Slatten cree que puede ser el año de una “recuperación sustancial”. De hecho, 2019 comenzó muy activo tras los anuncios de compra de Celgene por parte de Bristol-Myers y de Loxo Oncology por Eli Lilly. “Veremos más operaciones, ya sea de compañías que quieren crecer adquiriendo otra con una cartera de fármacos en investigación interesante o porque no pueden afrontar la corta vida media de sus productos hasta el fin de la patente”, explica Mas.

Temores

Pese a su buena salud, la industria tendrá que sortear algunos virus globales de temporada. El más inmediato, el Brexit. El riesgo más importante es la interrupción de la cadena de suministro, alerta Slatten. Es decir, el temor a un desabastecimiento de medicamentos en un mercado importante, tal y como han reconocido públicamente Samsung Bioepis o AstraZeneca, al quedarse en el aire las condiciones de importación-exportación ante una salida sin acuerdo. O en las aprobaciones de fármacos, que podrían retrasarse debido a que el regulador europeo (EMA) muda su sede a Ámsterdam.

Más allá del Brexit, los temores se centran en las peticiones de rebaja de los precios de los medicamentos en EE UU; el mayor uso de biosimilares, que puede afectar a compañías como Roche –acaba de expirar la patente de algunas de sus marcas biológicas–, o el auge de fusiones y adquisiciones financiadas con deuda, entre otros, precisan en Moody’s. Esta incertidumbre global ha arrastrado también a las firmas más pequeñas.

El Brexit, que puede afectar al suministro de fármacos, y la presión para reducir el precio de los medicamentos en EE UU, entre las preocupaciones

“El cuarto trimestre de 2018 fue de los peores para la renta variable mundial desde la crisis financiera, con un efecto desproporcionado en los valores biotecnológicos, que tienden a verse más afectados en épocas de aversión al riesgo”, inciden en Pictet Health. En España preocupa el menor gasto público en I+D y el marco de incentivos y subvenciones que, según el director general de la patronal de biotecnología Asebio, Ion Arocena, colocan a las empresas españolas en desventaja competitiva respecto a sus homólogos europeos.

A esto se suman unos presupuestos estatales cada vez más restringidos, destaca Storni, frente a una demanda sanitaria creciente. Situación que elevará el uso de genéricos, sobre todo en los emergentes (sube el 13% anual), pronostica.

Progresos

En oncología, tras 30 años de investigación, hay empresas como Bristol-Myers que han desarrollado terapias para reconocer y eliminar células cancerosas, tras lanzar su tratamiento combinado de Opdivo (nivolumab) y Yervoy (ipilimumab) para el melanoma avanzado, citan en Pictet Health. En cáncer del pulmón los adelantos clínicos serán significativos, auguran desde CaixaBank Multisalud. “Oncología es claramente el área con mayor dinamismo, supone el 32% de las investigaciones en curso de nuestras empresas asociadas”, afirma Arocena.

En alzhéimer, Biogen tiene ensayos en fase III (avanzada) de su anticuerpo monoclonal aducanumab para tratar esta enfermedad, del que se esperan noticias antes de 2020. Su desarrollo ha sido posible después de que los investigadores lograran establecer el vínculo entre las placas amiloideas (proteínas) en el cerebro y la destrucción de las células nerviosas, señalan en Pictet Health. En enfermedades raras, Sanofi, BioMarin, Alexion y Ultragenyx trabajan en la fibrosis quística, la distrofia muscular de Duchenne y la enfermedad de Gaucher, resaltan.

Oncología es claramente el área con mayor dinamismo, supone el 32% de las investigaciones en curso de nuestras empresas asociadas

Ion Arocena, director general de Asebio

Además, está la aparición de terapias genéticas con potencial de curar ciertas enfermedades o defectos genéticos, como la de Novartis para la atrofia muscular espinal, de la que se espera aprobación regulatoria este año, mencionan en Moody’s. Y en biotecnología, desde Asebio distinguen las primeras dos terapias CAR-T aprobadas en 2018 por el regulador europeo, una de ellas admitida ya por el Ministerio de Sanidad, y que “va a suponer un hito en pacientes con patologías oncohematológicas agresivas”.

Moody’s avisa de que, pese al potencial científico, los altos costes de los tratamientos pueden presionar a los sistemas de salud. De ahí el empeño de los Gobiernos por la eficiencia y la sostenibilidad del sistema.

Desafíos en ciencias

Oncología e inmunología tiran del negocio sanitario

Situación actual. Es una de las áreas que ha pagado con creces los platos rotos de la crisis. Desde 2008, la partida presupuestaria se ha reducido de forma importante –hasta un 40% en algunos casos–, con pérdidas de talento, competitividad y de oportunidades científicas, señalan en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Incluso, ha aumentado la brecha entre lo presupuestado y lo ejecutado (solo 30 de cada 100 euros llegaron a proyectos de investigación en el último año), puntualiza José Antonio Gutiérrez, director de la Fundación Gadea por la Ciencia. “Frente a este declive, en los próximos años, se presentan grandes desafíos y todos ellos estarán relacionados con que la ciencia recupere y supere el estatus social e institucional que se abandonó hace años”, considera Gutiérrez.

Peticiones. La recuperación de la inversión pública y que se estimule el trabajo conjunto con la industria privada. Eliminar las trabas administrativas y burocráticas, las limitaciones de contratación de personal, que se impulse un alza salarial y la implantación de medidas (como la desgravación fiscal) que favorezcan el mecenazgo, reivindican ambas instituciones. Por ejemplo, gracias a la iniciativa Amigos del CNIO, que invita a particulares, empresas o fundaciones a colaborar con la investigación oncológica, este centro ha abierto nuevas líneas de indagación en cáncer pediátrico o de páncreas.

Necesidades sociales. Los científicos resaltan, entre las más urgentes, el envejecimiento de la población, el desequilibrio de la tasa de dependencia, el cáncer, las patologías autoinmunes, degenerativas o raras; el impacto del cambio climático en la salud, la alimentación o los hábitos de vida; las infecciones y resistencia a los antibióticos y el alcance de las tecnologías en el comportamiento humano (individualidad de la sociedad debido a los medios sociales). “Se sabe cada vez con más certeza que la salud humana depende mucho más de lo que se pensaba del medio ambiente. Por ejemplo, más del 90% de los cánceres infantiles tiene causa ambiental; los médicos no encontrarán soluciones estudiando solo el cuerpo humano. Recientemente se ha demostrado esa relación entre la salud humana y la del planeta”, alerta Fernando Valladares, miembro del consejo científico asesor del área de ciencias medioambientales de la Fundación Gadea por la Ciencia. De ahí que otro de los retos sea la integración entre las distintas áreas de investigación y la urgencia de las demandas para resolver problemas ambientales, de salud, económicos o sociales. En tanto, Helena Matute, miembro del consejo científico asesor del área de ciencias de la sociedad de dicha entidad, advierte de la amenaza que supone que gran parte de la investigación psicológica y sociológica esté hoy en manos de grandes tecnológicas como Google, Facebook o Amazon. “Saben más de nosotros que nosotros mismos y realizan investigaciones con nosotros sin consentimiento informado. Se necesita una inversión comprable a la de estas grandes tecnológicas si queremos situarnos a una distancia de estas compañías en la que podemos intuir los resultados y cómo nos puede afectar como sociedad o qué cambios podríamos plantear vía legislación”, arguye.

Áreas de avance. Salud, física, química, ingeniería, energías renovables, nuevas tecnologías o el medio ambiente protagonizarán los mayores avances. Entre ellas, descubrir estrategias terapéuticas efectivas para las enfermedades asociadas a la vejez. En tecnología, con la inteligencia artificial y su aplicación en cualquier campo del saber. La nanotecnología y la técnica de modificación genética CRISPR, de origen español, que transformará por completo la medicina y los tratamientos existentes, indican. Con el estudio de la genética y el desarrollo tecnológico de implantes, prótesis o microcomponentes electrónicos, la esperanza y calidad de vida de los mayores mejorará, augura Valladares.

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