España lucha para cumplir con sus metas de carbono neutro

La dependencia de las fuentes fósiles subió en 2017 del 72,3% al 76,1%

El Gobierno apuesta por el 35% de energía renovable en 2030

Renovables en España pulsa en la foto

En un planeta que intenta abandonar progresivamente el uso de la energía fósil, las renovables no paran de crecer, tanto en la Unión Europea como en el resto del mundo. En España, sin embargo, su peso en el conjunto de las fuentes energéticas evidenció un franco retroceso el año pasado, tras el estancamiento registrado en 2016. Una situación que, según los expertos, está destinada a revertirse, si se cumplen los compromisos del Gobierno y los objetivos fijados por la Unión Europea.

Bien es cierto que agua, viento, sol y –en menor medida– biocombustibles constituyeron, un año más, la tercera fuente de energía primaria de las cinco que se utilizan en España. Se situaron por detrás del petróleo, cuya participación en el conjunto alcanzó el 43,8%, y del gas natural (21,4%), pero por delante de nuclear y carbón (11,9% y 10,5%, ­respectivamente).

Una política industrial de almacenamiento se revela imprescindible para que toda la energía sea libre de carbono

No obstante, aunque el consumo de energía primaria en España se incrementó un 3,7% en 2017, en el mismo periodo la contribución de las renovables en el mix energético bajó en 1,7 puntos, hasta el 12,2%, según un informe de APPA, la Asociación de Empresas de Energías Renovables, cuyo congreso anual se celebró la semana pasada.

¿Los culpables? Una escasa generación hidroeléctrica, causada por la sequía que España padeció en 2017, y la sustancial paralización de la instalación de nueva potencia renovable que pudiera reemplazar esta bajada. De esta forma, toda la caída de la producción hidráulica y la subida del consumo se cubrió a través de la generación fósil, lo que, siempre de acuerdo con los cálculos de APPA, incrementó la dependencia energética española, ya históricamente muy alta, del 72,3% de 2016 al 76,1% del año pasado, a niveles de 2011. Con el 16,7% de renovables sobre la energía final bruta (fue el 17,3% en 2016), el objetivo del 20% para 2020 marcado por la agenda europea se ha peligrosamente alejado.

El autoconsumo es fundamental para descentralizar el modelo español, empoderar a la ciudadanía y debatir sobre el futuro energético

Joan Herrera (IDAE)

“En 2018 veremos un mayor consumo renovable”, asegura, sin embargo, David Ruiz, presidente ejecutivo de Grenergy, una productora de este tipo de energía. Para él, la reducción de la dependencia de las fuentes fósiles, más allá de una instalación masiva de producción renovable, pasará por aumentar los sistemas de almacenamiento en el parque de generación y en la electrificación del transporte en el próximo decenio, ya que este sector representa todavía el 40% del consumo de energía final.

En la misma línea, Juan Luis Cardenete, profesor de dirección estratégica del IESE y consejero del Operador del Mercado Eléctrico (OMEL), señala que, aunque se llegara a descarbonizar toda la generación eléctrica, esto eliminaría solo una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, por la importancia del transporte pesado “en un país en el que el 97% de las mercancías viaja en camión”.

La directiva europea de renovables ofrece a los inversores un marco de seguridad y certidumbre que alentará la financiación

José Blanco (Parlamento Europeo)

Unas ideas en las que insistieron también algunos de los participantes en el congreso de APPA. El secretario de Estado de Energía, José Domínguez Abascal, recordó que antes de finales de año el Gobierno remitirá a la UE su plan integrado de energía y clima en el que, entre sus objetivos para 2030, destacan la instalación de 50.000 MW de renovables y el 35% de generación eléctrica final a través de estas fuentes.

Una meta incluso superior a aquel 32% establecido por la directiva de renovables, sobre la que los 28 lograron el acuerdo en junio, y que será adoptada por el Parlamento Europeo el próximo mes. Este marco ya “no es una opción, sino que es de obligado cumplimiento para todos a partir de 2020”, advirtió José Blanco, eurodiputado del PSOE y ponente de la directiva.

Imagen de unos paneles solares.
Imagen de unos paneles solares.

Una medida cuyos beneficios repercutirán no solo en el clima, sino también en la financiación de las renovables. “Si garantizamos la seguridad y la certidumbre del sector, encontrar inversores privados, a los que se añadan los públicos, no va a ser un problema”, recalcó.

Entre los elementos de desarrollo en los que España deberá invertir, Joan Herrera, director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), señaló “una política industrial en capacidad de almacenamiento de las renovables”, sin la cual no se puede llegar a una descarbonización completa de la energía.

Herrera también hizo hincapié en el autoconsumo como elemento fundamental de la descentralización del modelo español. Organizado en comunidades locales, el autoconsumo compartido “empodera a la ciudadanía y crea conciencia alrededor del futuro de la energía”. Un medio potente para que el debate sobre el porvenir energético irrumpa en los hogares de los españoles.

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