El reto de atender a los pacientes crónicos sin mirar su código postal

Las dolencias de larga duración afectan a 19 millones de españoles, mujeres en su mayoría

Los enfermos incurables piden asistencia territorial igualitaria

Enfermedades pulsa en la foto

Vive en Madrid y en verano viaja a Cádiz. Allí se da cuenta de que se le acabó su pastilla de insulina. Va a la farmacia más cercana con su receta y tarjeta sanitaria en mano, pero el farmacéutico le dice que no se lo cubre, que debe pagar la totalidad del medicamento porque el documento es madrileño.

El caso anterior le sucedió hace dos años a un paciente con diabetes, pero las diferencias asistenciales aún persisten entre comunidades autónomas y afectan, en gran medida, a enfermos crónicos como el citado.

En España, el 45% de los españoles mayores de 16 años padece, al menos, un episodio de este tipo. Las enfermedades crónicas afectan a 19 millones de españoles, de los que 11 millones son mujeres, recoge la plataforma EsCrónicos, a partir de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Informe Cronos, elaborado por The Boston Consulting Group con el apoyo de la farmacéutica estadounidense Lilly.

Estas dolencias, de larga duración, progresión lenta e incurables, aumentan con los años. Su prevalencia se registra en las personas mayores de 55 años y causa más de 300.000 muertes al año, contabiliza EsCrónicos, que cuenta con el apoyo de 30 organizaciones de pacientes que agrupan a más de 1.500 asociaciones, con medio millón de colegiados.

Esta entidad avisa, sin embargo, de la dificultad de ofrecer cifras concretas, ya que, entre otros factores, la Encuesta Nacional de Salud que publica el INE no incluye todas las patologías ni existe un análisis cualitativo sobre la calidad de la atención sanitaria. De ahí que efectúe desde 2014 un barómetro al respecto.

Patologías frecuentes

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), los padecimientos cardiovasculares, respiratorios, el cáncer y la diabetes son las principales enfermedades crónicas o no transmisibles, a las que se les atribuye más del 80% de las muertes prematuras.

Cada año fallecen 40 millones de personas por estas causas, el 70% de los decesos que se producen en el mundo. El consumo de tabaco, alcohol, la inactividad física y las dietas malsanas (bajas en frutas, verduras) elevan el riesgo, advierte el organismo.

Por ejemplo, en España, en las últimas dos décadas, ha crecido significativamente la hipertensión, que afecta ya al 18,5% de la población adulta, desde el 11,2%; el colesterol alto, que se ha duplicado hasta el 16,4%, o la diabetes, del 4% al 7%. También resaltan las dolencias musculoesqueléticas, mientras que la alergia y el asma son las más frecuentes en los niños.

Política heterogénea

Con el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, la cronicidad es hoy un reto para la sanidad pública. ¿Por qué? El número de pacientes sube a la vez que los costes sanitarios, en un contexto todavía de escasez de recursos.

En 2014, el Informe Cronos desvelaba que estos enfermos consumían ya el 75% del presupuesto. Y que, en 2020, el gasto para esta partida alcanzará los 98.000 millones de euros, 30.000 millones adicionales. Y es que ocho de cada diez consultas primarias y seis de cada diez urgencias son de pacientes crónicos.

Pero la realidad del sistema es otra. Los recortes se cifran entre 15.000 y 21.000 millones desde 2009, calcula la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (Fadsp) en su informe Los servicios sanitarios de las CC AA de 2017.

La situación ha empeorado mucho desde 2009: han aumentado las listas de espera, hay menos camas y profesionales

Marciano Sánchez, portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

Y pese a la recuperación económica, la mejora no se ha trasladado a la sanidad, afirma Marciano Sánchez Baile, portavoz de la Fadsp. “En general, la situación ha empeorado mucho: se han incrementado las listas de espera, hay menos camas y profesionales de la salud”, destaca.

La política sanitaria heterogénea entre comunidades autónomas complica también la atención de estos enfermos. “Estamos muy preocupados por las diferencias que hay entre las autonomías. Los pacientes crónicos vamos cargados cada vez más de medicamentos porque no nos garantizan el suministro en otra distinta a la nuestra. O de informes, ya que tampoco se puede compartir la historia clínica”, denunciaba Tomás Castillo, presidente de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), que agrupa a 27 entidades con 10 millones de asociados, en un congreso celebrado recientemente en Madrid.

De hecho, entre las autonomías con mejores servicios de salud (Navarra lidera) y peores (Canarias) hay una brecha de 40 puntos, de acuerdo con el estudio de la Fadsp, que evalúa 30 variables, entre ellas el número de camas por habitante, de médicos o gasto farmacéutico, entre otros, y ofrece unos valores en promedio a partir de un análisis comparativo.

El reto de atender a los pacientes crónicos sin mirar su código postal

“Siempre, una comunidad tendrá más dificultades que otras para acceder a los servicios sanitarios. El nivel socioeconómico y la edad son determinantes. Pero ahora esas diferencias son demasiado grandes. Hay que garantizar una política homogénea y que el sistema ayude a paliar esas desigualdades”, considera Sánchez Baile.

Otro ejemplo: en el País Vasco, una de las regiones más ricas, y Andalucía, entre las más pobres, existe una disparidad presupuestaria de casi 600 euros (de 1.700 a 1.100), señalan desde la plataforma de los pacientes. “Esto, lógicamente, tiene consecuencias en las personas”, subrayaba Castillo.

Incluso en el IV Barómetro EsCrónicos 2017, que registra 600 opiniones de pacientes crónicos, refleja como barrera fundamental para la continuidad de sus tratamientos esas discrepancias territoriales, así como la necesidad de mejorar el servicio de urgencias y la coordinación entre especialistas.

“Un mes de retraso en recibir un medicamento puede suponer que su enfermedad se agrave ya demasiado. Cuando se convierte en años, la diferencia puede ser de tener esperanza a perderla. Estamos jugando con situaciones, a veces, dramáticas”, sostenía Castillo en el congreso.

Reclamo

Ante esta situación, la Plataforma de Organizaciones de Pacientes trabaja desde hace tres años con el Ministerio de Sanidad en la elaboración de un acuerdo de colaboración –aprobado ya por el ministerio pero pendiente de firma– para favorecer a este colectivo.

Tenemos un buen sistema de salud, pero es evidente que hay que mejorarlo por las carencias y la atención desigual

Tomás castillo, presidente de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes

Así, la atención en igualdad de condiciones con independencia del código postal es el principal reclamo que recoge el documento. “Que una misma enfermedad sea tratada de igual manera en todas las autonomías”, insistía Castillo.

Para conseguirlo, esta organización propone la creación de una cartera básica de servicios, un fondo estatal para los tratamientos de última generación y el establecimiento de una normativa (ley de cronicidad) que asegure el derecho a la información, la formación y descarte situaciones de discriminación. También, garantizar el mantenimiento del trabajo y de unos ingresos que eviten el riesgo de pobreza.

Otras afecciones

El reto de atender a los pacientes crónicos sin mirar su código postal

Las lesiones corporales más comunes 
El 63% de los españoles sufre de dolor corporal y afecta negativamente a la calidad de vida de siete de cada diez pacientes, según un estudio publicado esta semana por la farmacéutica GSK, que comercializa el fármaco Voltadol, por el Día Mundial del Dolor, y que incluye datos de 15 países europeos. Esta patología, con mayor prevalencia en España respecto de Europa, ocasionó una media de 3,1 días de baja en los 12 meses previos al estudio, lo que representa un coste de más de 5.600 millones de euros a la economía nacional, señalan. La espalda, el cuello y la lumbar son las zonas más afectadas, aunque la Sociedad Española del Dolor añade la molestia posoperatoria aguda y crónica. “Este problema ha pasado desapercibido por considerarse inevitable, pero ha tomado relevancia en los últimos años por la demanda de pacientes, que desean mejorar la calidad de la recuperación, y de profesionales sanitarios, que promueven estancias más cortas y libres de complicaciones”, comentan. 

La patología que genera más discapacidad
Los pacientes con lesiones cerebrales adquiridas (400.000 en España), sea por un accidente cerebrovascular –ictus–, un traumatismo craneoencefálico, una anoxia, tumor o infección cerebral, sufren también la inequidad territorial. “El problema sobreviene tras el alta hospitalaria, en el periodo posagudo y la etapa crónica. La falta de una hoja de ruta trazada y definida por parte de la Administración, así como la lentitud en los trámites para acceder a los recursos imprescindibles para superar la multitud de secuelas, hacen que las personas con estos daños tengan que buscar esos recursos de forma autónoma, lo que supone un enorme coste emocional, económico y, en muchas ocasiones, una frustración continua por no ver atendidas sus demandas en una situación vulnerable”, critica Víctor Sánchez, presidente de la Plataforma de Daño Cerebral Adquirido. Estas lesiones súbitas son la primera causa de mortalidad en mujeres y la segunda en hombres, y es la primera patología que más discapacidad genera en España, según datos de dicha organización. En tanto, el promedio anual de las altas hospitalarias alcanza las 104.701 personas. “Tanto los trámites como los recursos varían considerablemente en función de la comunidad autónoma en la que se resida, lo que provoca una gran desigualdad en el nivel de atención crónica y la necesidad, en muchos casos, de trasladarse de domicilio para ser atendidos”, indica Sánchez.

La plataforma extiende esta llamada a todos los agentes (Gobiernos regionales, médicos e industria farmacéutica), al entender que debe ser un esfuerzo colegiado. Y pese a que los distintos partidos políticos (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) son conscientes de esta problemática y han mostrado su disposición de abrir el debate en torno a este tema, los representantes difieren en el cómo, se pierden en las descalificaciones y hasta se cuela la crisis catalana, como quedó evidenciado en el congreso.

“¿Tenemos un mal sistema de salud? No, desde luego es un buen sistema. ¿Tiene muchas carencias y hay que mejorarlo para que llegue a todos? Es evidente”, concluía Tomás Castillo, quien aboga por la medicina personalizada y de proximidad como vía de reducción de costes.

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