El jefe influye más que el sueldo para cambiar de trabajo

El número de personas que deja voluntariamente el empleo se ha multiplicado por cinco

Las mujeres priman el desarrollo profesional porque lo suelen tener más complicado

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En los dos últimos años, el número de personas que ha dejado voluntariamente su puesto de trabajo se ha multiplicado por cinco en España. Así se desprende del informe ¿Por qué se van?, elaborado por el observatorio español Future For Work Institute. Su fundador, Santiago García, achaca este dato a la reactivación del mercado laboral y a la precariedad del empleo que se creó durante la crisis.

Dejar el trabajo es una decisión compleja: el 94% de los encuestados sostiene que su renuncia obedece a más de una razón, sin embargo, en nueve de cada diez casos, es algo sobre lo que la empresa podría haber actuado. La precariedad laboral no es el único factor, sino que “los contratos están muy polarizados, por un lado, hay gente muy especializada que se va porque las empresas se pelean por ellos, y por otro, están las personas que acumulan empleos temporales continuamente porque sus perfiles son fáciles de encontrar”, asegura García, que ha ejercido de director de recursos humanos para empresas como eDreams, AC Hoteles y Pronovias.

El directivo declara que las compañías “deberían reflexionar sobre cómo han tratado a sus empleados durante la crisis”, e insiste en que estos datos obedecen a la reacción de “la gente que pasa factura ante la leve mejora del mercado laboral”. Los trabajadores que no se sienten valorados por la empresa, tendrán menos problema a la hora de cambiar de trabajo. Es el caso de Borja Valencia, de 23 años, que renunció a su antigua ocupación como conductor de ambulancias para dar clases de taichí en el negocio familiar. Algo que ha hecho que sus ingresos desciendan, pero que su calidad de vida mejore. La compañía no trató de retenerle. “Para la empresa eres un número, si te vas, te van a sustituir por otro, eso fue lo que hizo que decidiera irme”, afirma Valencia. No es un caso aislado, Santiago García critica que las empresas no traten de evitar esta fuga con suficiente empeño y hace un llamamiento para que se invierta esta tendencia: “Los que se marchan voluntariamente suelen ser los buenos, pues tienen más fácil encontrar otra cosa, no saltan al vacío”. No obstante, el experto admite que el cambio está comenzando a producirse, y que “las empresas más avanzadas sí que se están preocupando por conseguir nuevas formas de gestionar a los trabajadores”.

En términos generales, el desarrollo profesional suele ser el detonante para cambiar de ocupación, sin embargo, el citado estudio muestra que hombres y mujeres se marchan por motivos diferentes. Para los primeros, el jefe directo es la principal razón. En este sentido, García insiste en que las compañías deben preocuparse más por la calidad de sus gestores, y en que estos tienen que actuar como un sensor que analiza el grado de implicación de los trabajadores con la empresa. Algo que, para el experto, “no es solo cosa de recursos humanos”. Además, critica que los jefes españoles fallan en cosas muy básicas como que las personas no se sientan suficientemente escuchadas o reconocidas por el trabajo bien hecho. En el caso de las mujeres, es el desarrollo profesional el que se coloca en la parte alta de la tabla a la hora de cambiar de trabajo. Es el caso de Beatriz García, que dejó su empleo como administrativa en un taller mecánico para ejercer de terapeuta ocupacional en una residencia de ancianos, pues se trataba de algo más relacionado con lo que había estudiado. Este tema preocupa más a las mujeres, según el fundador de Future For Work, porque también lo suelen tener más difícil para crecer en este sentido, así que le dan más peso a la hora de poder elegir. Por la misma razón, también son las féminas quienes conceden más importancia al sueldo que los hombres, sobre todo en el caso de las directivas, donde la brecha salarial es mayor.

La coordinadora del grupo de psicología y salud laboral del colegio de psicólogos de Madrid, Elisa Sánchez, achaca las diferencias a la manera en la que cada grupo se enfrenta a los conflictos. “Las mujeres tienden a ser más conciliadoras, mientras que los hombres son más competitivos, y en las discusiones, buscan un ganador y un perdedor, cuando en las disputas laborales, el jefe siempre tiene las de ganar”, asegura la psicóloga.

Con las puertas abiertas

El fundador del observatorio Future For Work, Santiago García, recomienda dejar la puerta abierta a que el trabajador pueda volver en el futuro aunque se marche voluntariamente. “Si es un buen profesional, ¿por qué no?”, se pregunta, “antes si te ibas no podías volver, ahora el mercado laboral es más fluido”.

Es el caso de la terapeuta Beatriz García, quién no descarta volver a trabajar como administrativa en otro momento si las cosas no salen bien.

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