Cómo podría España retener a sus matemáticos

Españoles en el MIT y la NASA explican las facilidades que han encontrado fuera

El número de publicaciones científicas no es tan importante en otros países

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Suele decirse que los matemáticos españoles están muy bien valorados fuera de España. Y no es un comentario para inflar el ego de la investigación o para escudarse en consuelos fáciles. “Es cierto, la mejor prueba es que nos contratan”, explica Roger Casals, matemático de 28 años forjado en la Universidad de Barcelona que trabaja a caballo entre el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Estados Unidos y el University College de Londres. “A los 28 años me están ofreciendo plaza fija en Gran Bretaña. La cantera matemática española tiene mucho talento y capacidad”, sentencia.

También en Estados Unidos trabaja Ariadna Farrés, barcelonesa de 36 años, en un proyecto de la NASA. Esta doctorada en Matemática Aplicada investiga desde comienzos de 2017 cómo afecta la presión de la luz solar a la trayectoria de los satélites, por resumirlo de la forma más fácil posible. Tiene contrato, como mínimo, hasta el año que viene, con opción a renovación. Su situación, como la de su colega, es más fácil en el extranjero. “En España tenemos reconocimiento, pero no se ve recompensado. Las becas se han reducido una barbaridad en los últimos años, las plazas de investigación en la universidad no se amplían y los contratos son muy cortos, y si no tienes un mínimo de dos o tres años, no puedes encarar una investigación importante. Es una pena, porque lo crucial, que es el talento, sí lo tenemos. Solo falta explotarlo”, cuenta Casals.

El mismo camino apunta Farrés: “En otros países, la diferencia de sueldo también es grande, como poco el doble, y hay más recursos para investigar, ya sea a través de la universidad o de otros organismos. En España los presupuestos se recortan y las convocatorias para optar a una plaza se retrasan cada vez más”. Estos casos, apuntan, son extrapolables al grueso de los investigadores: “De nuestras respectivas promociones, la inmensa mayoría de los doctorados e investigadores están en la misma situación”.

Pero donde más diferencias se palpan entre España y otros países, como EE UU o Gran Bretaña, es en la forma de evaluar y medir el trabajo de estos profesionales. “En España se sigue dando demasiada importancia al número de publicaciones y de papers que aparecen en la revistas”, cuenta Farrés. Y esto supone un lastre para el avance, además de ser una consecuencia directa del tipo de contratos y becas que se firman en los centros españoles. Si un investigador necesita demostrar sus logros para conservar la beca u optar a la renovación cada pocos meses, o como mucho cada pocos años, publicará mucha cantidad, pero nunca se enfrentará a problemas de gran índole, porque para ellos se necesita tiempo y una estabilidad mínima asegurada. “No puedo dedicar tiempo a grandes incógnitas o proyectos si en seis meses puedo estar en el paro. A mí, en el MIT, nunca me pidieron mi número de publicaciones, sino su calidad”, resume Casals.

No puedo dedicar tiempo a grandes proyectos si en seis meses puedo estar en paro

Roger Casals

España no saca malas notas en lo referente a la producción científica mundial. El estudio Una aproximación a la producción científica matemática en España, elaborado recientemente por la Universidad de La Rioja, situaba al país en el noveno puesto mundial. Entre los años 2000 y 2013 se publicaron en todo el planeta 1.449.172 artículos, de los cuales 54.723, un 4,83%, correspondieron a España. “No es un mal dato, sobre todo teniendo en cuenta que hace 40 años la producción española era del 0,1%, pero hay que tener en cuenta que si te metes a investigar problemas relevantes, el éxito a corto plazo es reducido. Se piden muchas publicaciones, pero quizá no se valora tanto cuál es su calidad”, reconoce el presidente de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) y catedrático de Matemática Aplicada en la Universidad Carlos III de Madrid, Francisco Marcellán.

Sería necesario que en España se comenzase a entender esta realidad. “No siempre es fácil demostrar los avances que se hacen en las matemáticas, ya que son una ciencia en parte abstracta. Pero hay problemas que necesitan años de trabajo”, apunta Ariadna Farrés. Por eso ha de cambiar la forma en la que se valora a un profesional de esta índole: “La cantidad de artículos es un factor general que de por sí no es malo, pero no es una razón sólida para conceder becas o contratar. Para esto deben tenerse en cuenta otros aspectos tales como el contenido, la contribución o la forma de trabajar”, insiste Roger Casals.

No siempre es fácil demostrar los avances porque en parte trabajamos en algo abstracto

Ariadna Farrés

Para poder dar que hablar en el panorama investigador, España también debería apostar por entrar en el mercado matemático mundial, y no limitarse a ser un formador que ve cómo sus expertos abandonan el país: “Hay matemáticos españoles en EE UU que están siendo contratados en Zurich o en Berlín. Oferta y demanda hay, pero no participamos en ella”, se lamenta Marcellán. Como medidas a tomar para el corto plazo, este catedrático también aboga por llevar a cabo pequeños cambios, como facilitar la carrera posdoctoral, dotar a los centros de la financiación necesaria para poder ampliar los departamentos y promover la movilidad de los investigadores, muy estancada por la burocracia y otros lastres. “En España, el 75% de los autores tienen su plaza en la universidad en la que hicieron la tesis. Hay que promover el movimiento”. Todos estos puntos se recogen, de hecho, en las demandas de la Red de Científicos Españoles, una gran coalición en defensa de la ciencia que nació ayer y que agrupa a 3.500 profesionales dedicados a la investigación que viven fuera de España.

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