Cristiano Ronaldo
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, abraza a Cristiano Ronaldo en diciembre de 2016. Getty Images

Qué hacer cuando el empleado estrella lanza un órdago

El ultimátum de Ronaldo suscita lecciones aplicadas a la empresa

Un buen líder debe anticiparse para que algo así no explote

Órdago de Cristiano Ronaldo al Real Madrid. La estrella del club blanco, investigada por el fisco por un presunto fraude fiscal de 14,7 millones de euros y citado a declarar el próximo 31 de julio, se siente “tratado como un delincuente”, y ya ha manifestado su intención de abandonar España, y por ende, el equipo. A esto se le suma la idea de que el Real Madrid asuma el pago de la multa en el caso de salir condenado, aunque esto último parece no estar aún confirmado. ¿Cómo debe actuar el club? ¿Cómo afrontar una situación en la que un empleado con peso dentro de la organización amenaza con su marcha?

Lo primero que debe tenerse en cuenta, en opinión de José Ramón Pin, profesor en IESE especializado en la dirección de personas, es que “el profesional tiene todo el derecho a pedir lo que quiera, y es la compañía la que debe decidir si ceder, no dar el brazo a torcer o, por último, negociar. La negociación es algo inherente al mundo de la empresa”, afirma. Pero para que esta situación se produzca, alega, primero ha de cumplirse un punto mínimo: la persona que reclama debe haber cumplido previamente sus obligaciones. “Cuando uno contrata a un profesional se le exige un rendimiento y resultados. Nada más. Las relaciones con Hacienda son suyas, son temas del ámbito personal que no afectan al trabajo. Esto, por ejemplo, sí tendría repercusión en los asesores de Ronaldo, ya que su labor precisamente es esa”.

Cuando alguien se encuentra ante un ultimátum, opina el director del Instituto Superior de Negociación de la Universidad Francisco de Vitoria, Juan Mateo, debe hacerse una pregunta: “Si rompo, qué me queda”. Porque lo importante es saber qué es lo que se pretende conseguir. “Si se quiere ganar en credibilidad delante de la plantilla no se acepta el órdago, porque lo que se busca es que los valores no se transgredan”, señala este experto. Sin embargo, si lo que se busca es que el beneficio no caiga, se negociará. “A veces romper con una persona supone una perdida de productividad”. Otra de las reflexiones que plantea Mateo es “si me levanto de la mesa qué le que queda a la otra parte, y tener en cuenta a todos los actores que entran en una negociación, porque siempre hay intereses personales”. Y señala que un órdago solo tiene sentido si se tiene alguna alternativa.

En el caso del futbolista portugués se suma que es una persona pública, que representa a una institución y que debe dar ejemplo. Por eso quizá esta situación sí afecta a su actividad profesional. “La organización debería, por ello, hacer un cálculo de rentabilidad, para ver qué es lo que más compensa”, cuenta Pin. A esto se le suma que, según la decisión que tome, podría darse el caso de que otros empleados quisiesen tener el mismo trato de favor, con los consecuentes problemas de motivación y de sentimiento de pertenencia que algo así podría ocasionar.

El grito que ha lanzado Ronaldo, asegura el profesor titular de la cátedra sobre futuro del trabajo de Esade, Simon Dolan, no ha sido muy eficaz. “Cuando una persona empieza a verbalizar que no está contento lo que busca es empatía. Luego están los mediocres que lo convierten en un sabotaje para la empresa”, explica el docente, que añade que un buen líder empresarial tiene que adelantarse a que una situación de este tipo explote. “Tiene que ser proactivo y ver cómo un empleado puede demostrar su lealtad”. Su recomendación, en el caso del jugador como en el de otros dentro del mundo de la empresa, es sentarse a hablar, “pero no a través de terceros, sino enfocando realmente el problema”, añade Dolan.

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