Editorial

El empleo es antes que las alzas salariales

Uno de los factores que más han influido en la recuperación de las cuentas de las empresas desde que la crisis tocó fondo en 2013 ha sido el control de los costes laborales, en el que han contribuido tanto la severa reducción de las plantillas como la moderación, y contracción en muchos casos, de los salarios. Solo en 2015, y de forma muy moderada, los salarios pactados en los convenios han comenzado a moverse y lo hacen de forma muy diferente en unos sectores y en otros. Dado que la recuperación de la economía no es plenamente homogénea, en la que unos sectores muestran dinamismo -los ligados a la exportación de manufacturas y al turismo- y otros siguen con sus variables atenazadas por falta de demanda o una competencia muy dura, los salarios se comportan también de forma heterogénea.

La negociación colectiva tiene ahora un comportamiento absolutamente asimétrico, reconociendo alzas salariales en las empresas con crecimientos de sus ventas y con estancamiento o contracción allí donde los negocios siguen económicamente estresados. A fin de cuentas, es la marcha del negocio la que debe guiar los movimientos de los costes de cada sociedad, así como los del empleo. Y los agentes económicos deben interiorizar para siempre este modelo de negociación que la propia reforma de la normativa laboral ha tratado de primar y que solo en parte ha conseguido: que los convenios se ciñan al ámbito de cada empresa, para ajustar los costes a las condiciones de cada una de ellas, y evitar que corporaciones con problemas económicos sean arrastradas por la euforia de las que juegan en otra división, de las que ganan dinero. Sería el camino más directo para perpetuar la destrucción de empleo en la parte no competitiva de la economía hasta su liquidación.

Pese a que este es el nuevo formato inexcusable de la negociación colectiva, los sindicatos y la patronal han cerrado un acuerdo de pretendida uniformidad, que únicamente sirve para proporcionar estabilidad a la negociación, pero con muy poco valor práctico. Tiene, de hecho, determinados inconvenientes que ya se están mostrando a medida que avanza el curso de la negociación. El primero es la tendencia de los negociadores a cerrar acuerdos en torno a las cifras que el pacto salarial confederal proporciona como referencia máxima. Así, si para este año tal cota estaba en el 1% “como máximo”, un tercio de los trabajadores que tienen comprometida una subida, que no son muchos, la tienen ya en el 1%. Tal avance solo es compatible con el mantenimiento del empleo, y a ser posible con la generación de contratación nueva. El gobernador del Banco de España, severo guardián de la ortodoxia de los costes, lo recordó ayer de nuevo: subidas donde se pueda, y solo se puede donde no se ponga en riesgo el empleo. El empleo siempre es antes que las alzas salariales.

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