Tribuna

Capitalización, transparencia y profesionalidad

Este fin de semana todo el sector financiero europeo estará expectante ante los resultados de los test de estrés del Banco Central Europeo que se divulgarán en apenas unas horas. A nivel nacional, el sistema financiero se juega mucho. Recién salidos de la peor crisis financiera de los últimos 30 años, con una economía con retos importantes para alcanzar un crecimiento sólido y un Estado con escaso margen de maniobra para recapitalizaciones adicionales, es importante demostrar que nuestros bancos están correctamente capitalizados y la transparencia y profesionalidad de sus gestores.

Mientras esperamos conocer las notas oficiales, confiamos en que no darán sorpresas negativas. Los bancos españoles han estado a la altura del reto, poniendo toda la carne en el asador en términos de recursos humanos y tecnológicos, atendiendo los distintos requerimientos de información, cumpliendo unas planificaciones muy exigentes y comunicando continuamente el grado de avance. El proceso que ahora culmina ha sido largo, detallado y concienzudo, combinando diferentes fases desde noviembre del año pasado.

Los dos componentes principales –revisión de activos (AQR) y los test de estrés– combinados permiten obtener un escáner dinámico de cada entidad relevante del sector (un total de 120 bancos europeos, aquellos con activos superiores a 30.000 millones de euros). El AQR ha supuesto una auténtica due diligence. Partiendo de la situación a diciembre 2013 y utilizando técnicas estadísticas se ha revisado una muestra significativa de créditos. Para este análisis, un equipo de auditores contratados directamente por el BCE y no dependientes de las entidades supervisadas ha revisado para cada operación, su correcta categorización, su situación de riesgo y el cálculo de provisiones asociadas.

Los test de estrés han evaluado el comportamiento futuro (a tres años) de la cartera de créditos ante escenarios de deterioro adicional de la economía, incluyendo su impacto en la cuenta de resultados y en el nivel de capital (Tier 1). Para cada país, el BCE ha establecido las premisas de los escenarios base –el más probable– y adverso –el peor caso, pero con menor probabilidad–. Con estas variables, cada entidad ha proyectado el comportamiento de su cartera contrastando sus resultados con el BCE mediante múltiples validaciones, asegurando que la situación de partida fuera la reflejada en las conclusiones del AQR de cada entidad.

El BCE ha comprometido su credibilidad, solo unos días antes de empezar a ejercer de supervisor europeo único, con estos test de estrés y no puede permitirse ningún fallo de ejercicios anteriores. Para ello, durante este último año ha desarrollado métodos de trabajo, protocolos, lenguaje y definiciones comunes, comunicados por escrito y aplicables a todas las entidades y países. El objetivo ha sido asegurar resultados comparables, lo que supone una primera nivelación de las reglas del juego a nivel europeo y un adelanto de lo que será su estilo de supervisión. Ante un área económica tan diversa como la UE, el BCE ha optado por aplicar mayor rigor y disciplina, combinándola con una homogeneización y divulgación (disclosure) de los resultados con un alto nivel de detalle.

El coste, trágico, de la aplicación del principio de bien común al sistema financiero, que nos amenazó en 2012, parece lejano. El coste individual de cada banco para preservar la transparencia y confianza en el sistema (bien común) será alto, pero conocido y predecible. Los beneficios deberían llegar pronto a nivel financiero, ya que el aumento observado de la capitalización del sistema hará que el mercado exija menos retorno a un sector de menor riesgo. Sin duda, este ejercicio europeo ha contribuido ya a ello.

En un segundo nivel, el más importante sin duda, los auténticos beneficios de un sistema financiero estable y regulado deben medirse en la capacidad del sistema para engrasar y facilitar el crecimiento de la economía real, la gran asignatura pendiente en estos momentos. Con prudencia, podemos afrontar esta nueva etapa con optimismo: el coste regulatorio será asumible si se consigue que proporcione las condiciones de confianza y transparencia que el sistema financiero necesita para impulsar su negocio, y consecuentemente, contribuir al crecimiento de la economía. Tras este examen fin de carrera, estamos convencidos que nuestros bancos podrán competir, en igualdad de condiciones, en un mercado cada vez más único y más europeo, que debe ser nuestro terreno de juego en la economía real del siglo XXI.

Domingo Mirón es ‘managing director’ de Servicios Financieros de Accenture