El Foco

Japón: Episodio XXVI

En los años 90, Japón entró en una depresión de baja intensidad que ha durado hasta nuetros días.

El autor desgrana las medidas de recuperación emprendidas por el gobierno nipón y sus efectos en el resto de economías.

Tras la segunda guerra mundial Japón vivió un milagro económico. En los años ochenta los países temían comercialmente a Japón como hoy temen a China. En 1991, la burbuja estalló, la bolsa y el precio del suelo cayeron un 75%, el sistema bancario quebró, el crédito colapsó y la economía entró en deflación y en una depresión de baja intensidad que ha durado hasta nuestros días.

El crédito para pymes desapareció y las familias niponas cogieron fobia a endeudarse. Su población, la más envejecida del mundo con 45 años de media seguida de Alemania con 44 años, se estancó y apenas ha crecido desde 1991. El empleo colapsó y hoy trabajan en Japón 2 millones menos de personas que en 1991.

El yen pasa por ser un tipo de cambio flexible, pero en este siglo ha sido la moneda más manipulada del planeta

Tras varios intentos del gobierno anterior de reactivar la tasa de natalidad y el consumo interno, parece que el actual renuncia a dicha misión y concentra todos sus esfuerzos en buscar fuera de Japón las ventas para sus empresas y el crecimiento.

El objetivo es depreciar el tipo de cambio. Supuestamente el yen es un tipo de cambio flexible, pero desde que comenzó el siglo es la moneda más manipulada del planeta, solo superada recientemente por el franco suizo. Tras la crisis asiática, en 1998, Japón entró en deflación efectiva.

El tipo de cambio es un precio relativo y el supuesto equilibrio sería lo que costaría comprar la misma cesta de la compra en ambos países. Desde 1992, los precios en EE UU han subido un 50%, mientras en Japón han caído casi un 20%. Esto ha supuesto una apreciación estructural de su tipo de cambio de equilibrio desde próximo a 200 dólares hasta los 100 actuales.

Los salarios no han caído en la misma proporción que los precios, por lo tanto, los márgenes de las empresas se han desplomado y las inversiones en Japón han dejado de ser rentables. Esto ayuda a explicar la depresión y la caída del empleo. Solo el envejecimiento de la población permite que se jubile más gente de la que entra en el mercado de trabajo y su tasa de paro sigue próxima al 4%.

"El Banco de Japón anunció que comprará deuda pública e índices bursátiles. Es la política de empobrecer al vecino"

Japón tiene un superávit de ahorro estructural por cuenta corriente y acumula una gran posición de inversión en el exterior. Cuando hay tensión en los mercados, los inversores japoneses retornan a Japón y compran deuda pública para protegerse del riesgo cambiario. Hasta 2007 el diferencial de intereses hacía muy costosa esta protección, pero ahora los tipos en EE UU y Europa también están al 0% y el coste de oportunidad de la protección está próximo a cero.

El nuevo gobierno que ya fracasó en sus planes en 2006 ha vuelto con más convicción. Ha acabado con la independencia del banco central, ha impuesto un objetivo explícito de inflación del 2% para luchar contra la deflación y ha anunciado que doblará el tamaño del balance en poco tiempo. Con impunidad y sin complejos buscan depreciar el tipo de cambio.

El tipo de cambio es un precio relativo y su dinámica, cómo la de cualquier precio, es un fenómeno monetario. Con tipos de interés próximos a cero, las políticas cuantitativas y el dinero en circulación determinan la dinámica del tipo de cambio. El Banco de Japón ha anunciado que comprará deuda pública e índices bursátiles. Esto es lo que vulgarmente se llama la política de empobrecer al vecino. Es cierto que en un mundo globalizado el aumento de dinero en Japón se irradiará a través del mercado de divisas y supone una política monetaria expansiva global. Pero también es cierto es que la mayor parte de ese efecto expansivo se lo apropiará Japón en detrimento de EE UU, China y Europa.

En Europa seguimos en la negación de la realidad y sin aprender ninguna lección de la crisis japonesa

Japón tenía su moneda sobrevalorada y por debajo del nivel de equilibrio, por lo que ha conseguido en poco tiempo es corregir esa desviación y situar el yen próximo a 100 dólares, que es su paridad de compra. EE UU y China tienen su moneda infravalorada por lo que el efecto supondrá disminuir su apropiación de rentas, pero no pondrá en riesgo la expansión de su economía. Los 'paganinis' de esta historia, como siempre, somos los europeos. La única economía del mundo en recesión y con la moneda sobrevalorada, la acción del Banco de Japón intensifica el viento en contra de la economía europea y retrasa el horizonte de recuperación. La posición oficial europea ha sido reactiva pidiendo coordinación de políticas monetarias mundiales.

La más patética, la del ministro de economía alemán diciendo que Japón necesita reformas como las que ha hecho Alemania. Todavía se escuchan los ecos de las carcajadas provenientes desde el país del sol naciente tras su declaración. Es cierto que esta decisión no cambia los problemas estructurales de Japón y que lo más probable es que vuelvan a fracasar en el intento y en cuanto vuelva la tensión en Europa, los inversores japoneses se asustarán, volverán a Japón y el yen se volverá a apreciar. Pero las empresas niponas son un 20% más competitivas que hace seis meses.

En Europa seguimos en la negación más absoluta de la realidad y sin aprender ninguna lección de la crisis japonesa. En Alemania están orgullosos de la competitividad de sus empresas, pero las japonesas son más innovadoras y competitivas. También están orgullosos de su baja tasa de paro, pero es superior a la de Japón. Los alemanes se vanaglorian de la fortaleza de su economía pero su consumo privado se ha comportado aún peor que el japonés desde el año 2000. Alemania también tiene fobia a endeudarse, superávit exterior crónico, tipo de cambio sobrevalorado y riesgos de deflación. Pero, además, su posición de inversión en el exterior se concentra en sus socios europeos que han entrado en una senda de insostenibilidad de deuda que no podrán devolverles.

En España, nuestra tasa de paro es una amenaza para la estabilidad social y, aunque hemos corregido nuestro déficit exterior crónico, seguimos teniendo que financiar una deuda exterior bruta de 1,8 billones de euros, la mayor parte privada y bancaria. Los alemanes tienen riqueza y caja y pueden aguantar una crisis a la japonesa. En España, o cambia la situación y empezamos a crecer, o la situación es insostenible. Europa necesita monetizar y mutualizar deudas a través de un eurobono. Además, hay que cambiar el sesgo restrictivo de nuestra política fiscal y monetaria para más de la mitad de la Eurozona. Si no lo hacemos urgentemente, dentro de unos años la crisis japonesa nos parecerá un juego de niños.

José Carlos Díez es economista jefe de Intermoney y profesor de Economía de ICADE.

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