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La prima de riesgo del euro respecto a Alemania complica la vida a Bruselas

El diferencial que se pide a los bonos comunitarios frente a los germanos ronda los 70 puntos básicos

Deuda alemana Gráfico
Belén Trincado Aznar

La Unión Europea logró un hito en 2020, el aciago año de la pandemia, cuando acordó la creación de los fondos Next Generation. Había nacido un poderoso instrumento de financiación común respaldado por el presupuesto comunitario que iba a convertir a la UE en un referente mundial en el mercado de deuda pública. Bruselas se convertía así en un actor destacado en el mercado de capitales, con un volumen de emisiones por delante de 800.000 millones de euros. El paso previo se había dado ya en octubre de ese año con el programa SURE, dotado con 100.000 millones de euros para financiar el coste de las prestaciones de desempleo. Los inversores recibieron con gran expectación y fuerte demanda esta nueva avalancha de papel de máxima calidad crediticia –la UE cuenta con un rating triple A por parte de Moody’s y Fitch–, que suponía una alternativa de inversión frente al bono alemán.

Casi tres años después, la UE ya ha emitido un elevado volumen de deuda correspondiente a los citados programas, aunque se ha alejado de su aspiración de aproximar a ojos de los inversores su perfil de riesgo al de la deuda de máxima calidad de la zona euro, la alemana. Su coste de financiación no solo se ha elevado de forma notable por el impacto obvio del alza de los tipos de interés, sino que acusa el efecto añadido del incremento de la prima que exigen los inversores a la hora de adquirir bonos comunitarios frente a los alemanes. “El mercado exige de media 70 puntos básicos más a los bonos de la UE que a los alemanes a lo largo de toda la curva, cuando lo razonable serían no más de 30 puntos básicos. Pero la liquidez de los bonos comunitarios no es tan buena”, reconoce Alhamar Fernández, responsable del equipo de gestión de renta fija en BBVA Asset Management. En las últimas semanas se ha llegado a dar incluso la paradoja de que los bonos de la UE a dos años han superado en rentabilidad a los españoles al mismo plazo, cuando el rating soberano español es inferior.

El centro de estudios Bruegel señala en un informe publicado a finales de mayo que son numerosos los factores que explican que el diferencial de las rentabilidades de los bonos comunitarios se haya ampliado desde 2020 frente a los alemanes y también los franceses y advierte del coste financiero que esta realidad de mercado, sumada al alza de tipos de interés, puede tener en los planes presupuestarios de Bruselas. Este think tank calcula de hecho que el mayor impacto será sobre los 421.000 millones de euros previstos hasta finales de 2026 correspondientes a las ayudas no reembolsable, ya que el coste de los intereses asociado a esa parte de emisiones de deuda corre a cargo del presupuesto de la UE. Así, el centro de estudios calcula que su coste podría ser el doble de lo estimado al inicio del ciclo presupuestario 2021-27 de la UE. “La UE debería revisar rápidamente cómo se contabilizan los costes por intereses en su marco presupuestario y financiero”, advierte el centro de estudios Bruegel. Su previsión es que el coste de intereses suponga el 5,3% del presupuesto comunitario del año 2027.

Para Daniel Gómez, gestor de carteras de renta fija de Mapfre AM, la menor liquidez que los inversores aprecian en los bonos comunitarios es el gran reto por delante para mejorar su cotización. “La prima tenderá a reducirse con una política financiera consistente por parte de la UE y con el fortalecimiento del proyecto comunitario”, apunta. Fuentes financieras reconocen la inquietud de Bruselas respecto al aumento de su coste de financiación y su deseo de abordar la situación con iniciativas concretas en el mercado de capitales. Una de esas medidas en marcha y que ayudarían a impulsar la negociación de las emisiones de la UE, es el lanzamiento de un futuro sobre su bono a 10 años. Los futuros sobre los bonos comunitarios no existen y son instrumentos financieros que, según recuerdan en el centro de estudios Bruegel, “impulsan la negociación y la liquidez al dar a los operadores material para construir operaciones”.

Otro de los factores que han contribuido a penalizar a los bonos comunitarios es la gran cantidad de emisiones sindicadas, frente al calendario estable de emisiones de los tesoros de los países del euro. “El calendario de emisiones soberanas ayuda a los inversores a programarse. La UE lo intenta pero recurre mucho a las operaciones sindicadas porque no hay una demanda tan estable”, señala Alhamar Fernández. El gestor también apunta al factor en contra que supone que los bonos de la UE no formen parte de los índices de referencia del mercado de bonos ni de los fondos cotizados.

Los retos pendientes

Un volumen aún reducido.  El volumen de deuda en circulación de la Unión Europea es muy inferior al de los mayores emisores soberanos europeos. Ronda los 400.000 millones de euros, de los que el 85% se ha emitido desde 2020, frente a los 2,3 billones de Francia. Se trata en todo caso de una cuantía que ya supera la deuda de países como Austria o Grecia y que se prevé alcance el volumen de la deuda holandesa en 2024.
Abundancia de sindicadas.  La UE confía de forma masiva en comparación con los tesoros nacionales en las emisiones sindicadas. Representaron alrededor de la mitad de la deuda lanzada por Bruselas en 2022, mientras que para Alemania, Francia y España las colocaciones sindicadas supusieron el 4%, 2% y 13%, respectivamente, de lo emitido, según señala el think tank Bruegel. “Garantizar la demanda es probablemente más fácil a través de sindicaciones con la ayuda de los grandes bancos europeos”, añade el centro de estudios.
Dudas en el largo plazo.  Otra desventaja que acusan los bonos comunitarios frente a alemanes o franceses es la percepción del mercado de que no son activos a muy largo plazo. No se tiene a la UE en el mercado por un emisor permanente en el tiempo

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Nuria Salobral
Es jefa de la sección de Inversión en el fin de semana y redactora especializada en temas financieros y política monetaria. Trabaja en Cinco Días desde 2006, donde ha cubierto la quiebra de Lehman Brothers, el rescate a la banca española o las decisiones del BCE. Nacida en Madrid, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.

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