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Así es el primer cementerio de carbono marino europeo contra el cambio climático

Ineos y Wintershall Dea prevén poner en operación el proyecto piloto Greensand en 2024. La intención es que el mar del Norte se convierta en ‘hub’ al importar carbono de la UE

La plataforma de petróleo y gas que ahora almacena carbono en el yacimiento de Nini West, cerca de Esbjerg (Dinamarca).
La plataforma de petróleo y gas que ahora almacena carbono en el yacimiento de Nini West, cerca de Esbjerg (Dinamarca).FJ-MCAULEY
Denisse Cepeda Minaya
Esbjerg (Dinamarca) -

A 200 kilómetros de Esbjerg, una gélida y decadente urbe industrial danesa en el suroeste de la península de Jutlandia, que tuvo su esplendor hace 50 años gracias al petróleo y el gas, se prueba el proyecto marino de captura y almacenamiento de carbono Greensand. La química británica Ineos y la alemana Wintershall Dea –subsidiaria de Basf–, que encabezan un consorcio de 23 organizaciones para tal fin, han logrado capturar el dióxido de carbono producido en la planta de óxido de etileno que tiene la primera en Bélgica, transportarlo en barco por el mar del Norte tras su conversión en líquido y almacenarlo en el yacimiento de Nini West a 1.800 metros de profundidad, en un pozo petrolífero agotado de la multinacional Ineos Energy en Dinamarca.

El príncipe Federico de Dinamarca inau­guró el pasado 8 de marzo este proyecto piloto, el primer cementerio de carbono transfronterizo de Europa, como hace cinco décadas lo hicieron sus padres, la reina Margarita II de Dinamarca y Enrique de Laborde de Monpezat, pero con la ­reserva de crudo. El heredero al trono dio la orden en remoto a los técnicos de la plataforma, desde las instalaciones de Ineos en Esbjerg, para el inicio de la primera inyección oficial. Este plan de capital público-privado, que recibió 29 millones de euros del Gobierno danés, es un claro ejemplo de reconversión industrial: de una fósil a otra limpia, de extraer petróleo a inyectar carbono, y asegurar así empleo. La inversión total no fue desvelada.

El objetivo es mitigar el cambio ­climático. “Es la única plataforma transfronteriza y con esta meta”, afirman desde el consorcio. Una vez que inicie operaciones, previsto para 2024, la empresa aspira a almacenar hasta 1,5 millones de toneladas de CO2 anuales a finales de 2026 y 8 millones a partir de 2030. Esta última cifra supone el 40% del objetivo total de reducción de emisiones de Copenhague para 2030, fijado en el 70%. Y será clave para su propósito de cero emisiones netas en 2045. Por eso el interés y la participación del Ejecutivo danés, que ha anunciado 5.000 millones en ayudas para proyectos como este. El potencial de almacenamiento del subsuelo danés es de 22 gigatoneladas, unos 700 años de emisiones de CO2 danesas en los niveles actuales, según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia.

Captura Transporte y Almacenamiento de CO2 Dinamarca Gráfico
Belén Trincado Aznar

Si bien la compañía centrará, en principio, el negocio en el país nórdico, la intención es convertirse en un hub europeo de almacenamiento de carbono en el mar del Norte, desveló Brian Gilvary, presidente de Ineos Energy, en una entrevista con este diario. Sin embargo, admitió que para eso será necesario primero el desarrollo de un marco regulatorio a escala europea para su transporte y exportación.

La captura y almacenamiento de carbono es una de las vías que tienen los países para reducir las emisiones y alcanzar las metas de neutralidad climática en 2050. “No es postureo ecológico, es una realidad, una necesidad”, defendió Gilvary en rueda de prensa, al cuestionarse precisamente que una petrolera liderara una iniciativa de estas características. Sin esta tecnología, según los expertos de la ONU, será imposible lograr dichas metas, sobre todo en industrias altamente contaminantes y difíciles de descarbonizar (cementeras, acerías, químicas o de refino). Pero es aún costosa (ha bajado de 80 euros por tonelada de CO2 capturado a 30-40) y está poco desarrollada.

“Para que la Unión Europea sea climáticamente neutra, tenemos que almacenar industrialmente la asombrosa cantidad de alrededor de 300 megatoneladas de CO2 anuales para 2050″, recordó por vídeo Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en el acto de inauguración. De ahí que la inversión en tecnologías verdes sea prioritaria, dijo a continuación. “Hemos otorgado más de 2.800 millones de euros para 24 proyectos industriales de descarbonización y se ha abierto un nuevo fondo de innovación con un presupuesto récord de 3.000 millones de euros”, anunció.

Balance global

En el mundo hay un total de 196 instalaciones de captura y almacenamiento de carbono, con una capacidad de 243,9 millones de toneladas por año, recoge el Global Status of CCS 2022, elaborado por el think tank internacional Global CCS Institute. De este monto, 30 están en operación, 11 en construcción, 78 en desarrollo avanzado, 75 en fase inicial y 2 suspendidas. Esto representa un crecimiento del 44% en número de plantas respecto a 2021 debido al impulso del sector privado para alcanzar sus metas de neutralidad climáticas y el avance en las políticas gubernamentales y la regulación, destaca el documento. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia son los países que más están apostando por esta actividad. También Dinamarca, Noruega, Holanda e Islandia.

La finalidad de la mayoría de los proyectos en funcionamiento es inyectar carbono en el subsuelo para la recuperación mejorada de petróleo, es decir, aumentar la producción de crudo. Solo nueve son para el almacenamiento geológico específico, esto es, que no se usa para elevar la producción de petróleo, y ninguno de ellos tiene el propósito de mitigar el cambio climático –hay un proyecto piloto en Islandia con este fin, pero es terrestre–, analiza el informe. Además, solo uno transporta carbono a través de un oleoducto desde EE UU hasta Canadá.

El barco que transporta el carbono en el puerto de Esbjerg.
El barco que transporta el carbono en el puerto de Esbjerg.

“Se trata de un gran avance. Es la primera vez que se consigue capturar con éxito dióxido de carbono, transportarlo a través de las fronteras y almacenarlo de forma segura en altamar”, señaló en un comunicado el presidente y director ejecutivo de Ineos, Jim Ratcliffe. Para el multimillonario y máximo ejecutivo de la química, ahora toca a la industria y a los responsables políticos apoyar su desarrollo. “Greensand demuestra que la captura y almacenamiento de carbono es una forma viable de almacenar permanentemente las emisiones de carbono en el mar del Norte. Es crucial para alcanzar el cero neto en Dinamarca, Europa y más allá”, argumentó en rueda de prensa Hugo Dijkgraaf, director de tecnología y miembro del consejo de administración de Wintershall Dea.

Potencial en Europa

Dinamarca, Noruega y Reino Unido, países con abundante acceso a las reservas subterráneas del mar del Norte, son los principales mercados potenciales para el desarrollo de esta tecnología en altamar, según un informe de la consultora danesa Kraka Advisory, presentado también durante la inauguración. La razón es que el subsuelo marino danés, con piedras porosas como una esponja, favorece su absorción. En otras naciones como Alemania y Polonia puede ser factible, pero cuentan con menos instalaciones, indica el documento. “Por tanto, es necesario establecer un mercado internacional para el comercio y el transporte de carbono”, concluye el estudio.

La cantidad total de CO2 que puede almacenarse en los países europeos para 2030 se calcula entre unos 360 y 790 millones de toneladas de carbono, siempre que se implante adecuadamente (requiere coordinación internacional, redes de transporte, infraestructuras y sistemas de monitoreo). Esta actividad puede generar en Europa entre 75.000 y 170.000 puestos de trabajo y hasta 134.000 millones al producto interior bruto (PIB).

España, en pañales

No hay plantas operativas de captura y almacenamiento de carbono en España, tras el fiasco del proyecto de Ponferrada y El Bierzo (León) hace más de 10 años. Hasta ahora solo son planes, pero no existen aún datos oficiales al respecto. Y estas iniciativas son, sobre todo, terrestres, porque las formaciones geológicas del fondo marino español son distintas a las del mar del Norte y no favorecen esta actividad, explican técnicos de Ineos.

Sin embargo, Víctor Vilarrasa, investigador del IMEDEA-CSIC, afirma que es posible desarrollarlos, aunque aclara que la permeabilidad no es tan alta y que la porosidad es más baja. “Pero esto no quiere decir que no se puedan hacer. Las condiciones no van a ser tan favorables como en el mar del Norte, seguramente, pero sí que hay posibilidades”, sostiene.

Las zonas idóneas son, según Vilarrasa, que cita varios estudios, la costa Mediterránea (Tarragona, Castellón); Huelva, entre el Estrecho de Gibraltar y Portugal, donde hay una formación de arenisca potencial, y algunas ubicaciones en el mar Cantábrico. Y cita el almacén de gas La Gaviota en el mar Cantábrico, que puede ser viable para sepultar carbono, o el de Castor, en el Mediterráneo.

Vilarrasa detalla que no es necesario que el carbono se almacene en antiguas plataformas petrolíferas, que solo hace falta una roca permeable, tipo arena, para que el fluido inyectado entre con facilidad a profundidades de más de 800 metros. Además, para que el carbono almacenado no vuelva a la superficie, hace falta colocar encima de esta roca permeable otra capa de roca poco permeable, como la arcilla.  “Se trata de una alternancia de rocas, una permeable con otra poco permeable encima que evite que el carbono pueda volver a la superficie”.

Pese a que los costes han disminuido, el investigador resalta que la inversión inicial sigue siendo elevada: en torno a un millón de euros por kilómetro perforado. “En el mar del Norte puede estar en torno a los dos millones, y si es offshore puede ser incluso más caro. Lo más costoso es la captura. El transporte es bastante barato, solo hay que comprimir y bombear el gas, y el almacenamiento se estima entre 5 y 6 euros por tonelada en un proyecto a 30 años que almacene un millón de toneladas anuales”. Y luego hay que hacer monitoreo, poner sismógrafos, para controlar la presión y evitar que no haya fugas, agrega.

Desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico informan de que, “de momento, en este ámbito no se han impulsado ­tantos proyectos como en otros que sí han suscitado más interés entre los inversores”. No obstante, añaden que sí tienen constancia de que se están empezando a desarrollar algunas iniciativas.

Vilarrasa recuerda el de Ponferrada y El Bierzo, en León, proyectado hace más de10 por Endesa y la Fundación Ciudad de la Energía (responsable de su gestión actualmente) y que tenía el objetivo de investigar tanto la captura, el transporte como el almacenamiento de carbono terrestre. “En Ponferrada estaba la sede y el laboratorio. Y la parte de almacenamiento en Burgos, aprovechando un antiguo campo de petróleo, y se hicieron varios ensayos. Pero el proyecto acabó ahí, se ha desmantelado, pese a la gran inversión realizada”. Hay otra planta piloto en la central térmica de Hunosa, en La Pereda, Asturias, que empezó a funcionar en 2012.

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Sobre la firma

Denisse Cepeda Minaya
Periodista especializada en energía, medio ambiente, cambio climático y salud. Máster en Economía verde y circular por el Inesem y Máster en Periodismo por la UAM/El País. Con más de 20 años de experiencia en periodismo económico. Anteriormente trabajó en República Dominicana como reportera de economía en los periódicos El Caribe y Listín Diario.

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