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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La gran metamorfosis del Mar del Norte: del petróleo al viento

Además de la energía eólica, el gancho de la región son las facilidades administrativas, un coste atractivo de producción y precios de mercado competitivos

Parque eolico marino.
Parque eolico marino.ECOLOXISTAS EN ACCIÓN (ECOLOXISTAS EN ACCIÓN)

Hace años, la compañía Shell solía bautizar con un nombre de pájaro a cada pozo de petróleo que descubría. En 1976, en aguas escocesas, comenzó a explotar uno denominado brent, que se correspondía con el nombre de un ganso de color oscuro muy popular en la zona. Fue en estas instalaciones que se comenzó a utilizar la primera plataforma tipo spar, un tipo de estructura anclada por cables al fondo del mar. Además, la mezcla de hidrocarburos obtenida, baja en densidad y viscosidad, entre otras características, dio nombre al barril de petróleo estándar que todos conocemos.

Hay seis países que comparten la costa y el ecosistema energético del Mar del Norte: Alemania, Bélgica, Dinamarca, Gran Bretaña, Noruega y Países Bajos. La zona experimentó su mayor auge económico en la década de los 90, cuando entre Gran Bretaña y Noruega, los mayores productores del grupo, llegaron a extraer hasta seis millones de barriles diarios del subsuelo marino, una cifra equivalente a más de la mitad de lo que actualmente produce Arabia Saudí. Posteriormente, muchos pozos se han ido agotando o han dejado de ser productivos, entre ellos el propio Brent.

Pero un escenario ideal para las energías renovables pasa por este lugar. En este sentido, el Mar del Norte se vuelve a reinventar, en términos energéticos y económicos. La ubicación principal de los activos seguirá siendo offshore, pero ahora el viento sustituye al petróleo, una materia prima que allí abunda. La velocidad media del aire es de 10 metros por segundo, mucho más que en el mar Mediterráneo. Además de que las condiciones eólicas son excelentes durante todo el año, su suelo marino se considera blando y tiene una profundidad media de 90 metros, lo que permite un anclaje estructural más fácil y efectivo de las turbinas eólicas. De hecho, la tecnología eólica está bien desarrollada para operar hasta 50 metros de fondo, con posibilidades de establecer parques flotantes que puedan operar hasta 80 metros.

En la actualidad, hay mucha actividad de generación de energía verde en la zona. En 2022, muchas de las turbinas operaron a un 60% de su capacidad nominal, según Macquarie Group, un rendimiento sensiblemente superior al de las turbinas onshore. La evolución tecnológica está permitiendo que la eficiencia energética de estos sistemas vaya en aumento: palas de gran tamaño (más de 100 metros), transporte de energía en corriente continua y cables submarinos cada vez más efectivos. En este contexto, ya se ha aprobado la construcción de varios parques offshore para los próximos 3 años, con una capacidad total de hasta 30 GW (equivalente a 30 centrales de energía nuclear).

Hace tres meses comenzó a operar el Hornsea 2, el parque eólico mayor de Europa. Está situado a 82 km mar adentro de la costa de Yorkshire (Reino Unido); mediante sus 165 aerogeneradores puede generar hasta 1,3 GW, con palas que alcanzan los 81 m de largo. El parque ocupa un área de 462 km2, equivalente a 64.000 campos de fútbol, y es capaz de proporcionar energía para 1,4 millones de hogares.

Pero además del viento hay otros factores favorables en la zona, como las facilidades administrativas que se ofrecen, además de un coste atractivo de producción y precios de mercado competitivos. Cada uno de estos parques suele tener una conexión eléctrica submarina con la costa. La idea es que ahora se establezcan conexiones entre los propios parques offshore, además de cada uno de ellos con tierra firme, incluso a nivel de varios países. Este es el caso de un parque situado entre Gran Bretaña y Noruega, por ejemplo. Esto incrementará la eficiencia y la fiabilidad de la red eléctrica. En este aspecto, la existencia de consorcios es fundamental para poder desarrollar las conexiones, ya sea a nivel internacional o multisectorial, algo que también parece estar muy bien solucionado entre los países de la zona.

Incluso ahora ya se habla de archipiélagos de islas de energía, que servirán para ubicar repuestos y personal de mantenimiento, además de poder generar energía verde en las propias plataformas offshore, en forma de hidrógeno o amoniaco. Desde estas islas se bombeará la producción hacia tierra firme, un sistema que promete ser más eficiente y económico, ya que una tubería podría costar el 20% del valor de una línea de tensión eléctrica, según CIP, un consorcio danés de empresas de energía.

Por último, comienzan a desarrollarse proyectos de captura de CO2 para los múltiples pozos de petróleo agotados del Mar del Norte, como el denominado Porthos en Rotterdam. Unas estaciones de impulsión en tierra firme enviarán el dióxido de carbono por un gasoducto hacia un grupo de pozos de petróleo en desuso, a 10 km de la costa. Este CO2 procederá de distintas industrias situadas en el puerto de Rotterdam (Air Liquide, Air Products, ExxonMobil y Shell). El sistema podría llegar a secuestrar hasta 2,5 t de CO2 por año, durante sus 15 años de vida útil, lo que representaría un 2% de las emisiones de los Países Bajos.

Desde el punto de vista de un inversor, los proyectos de energía verde en el Mar del Norte parecen atractivos, pero el mercado está fraccionado y muchas empresas que cotizan en Bolsa no tienen una exposición exclusiva en la zona, ya que desarrollan actividad en otras áreas geográficas.

No obstante, empresas como Iberdrola (España), Orsted (Dinamarca) o Tennet (Países Bajos) tienen una participación ascendente y significativa en el Mar del Norte. Obviamente, los proveedores de equipos, como Siemens Gamesa (participado mayoritariamente por la alemana Siemens Energy) o Vestas Wind Systems (Dinamarca) tienen un gran potencial en esta zona, así como las compañías que fabrican cable submarino, especialmente NKT (Dinamarca), además de Nexans (Francia) y Prysmian (Italia).

Es evidente que los nombres de las instalaciones en el Mar del Norte ya no se corresponden con la ornitología, pero se configura un escenario muy atractivo para que la energía verde pueda volar muy alto.

Xavier Alcober Fanjul es ingeniero consultor


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