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Banca
Tribuna
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Eliminar el fondo de garantía de depósitos no sería mala idea

La apariencia de regulación en el sector financiero solo ha llevado a un sistema cada vez más frágil con menores requisitos de capital

Silicon Valley Bank
Oficina del Silicon Valley Bank (SVB) en California (EE UU), intervenido en marzo por el supervisor norteamericano.

Jim Grant menciona habitualmente que, en ciencia y tecnología, el conocimiento es acumulativo, avanzando sobre lo construido previamente, pero que en economía y finanzas el mismo conocimiento es cíclico, basado en el temperamento humano, lo que nos lleva a cometer una y otra vez los mismos errores en un bucle sin fin de avaricia y pánico. Así, los hermanos Wright vuelan por primera vez 37 metros en 1903 y tan solo seis décadas más tarde la aeronáutica es capaz de enviar al ser humano a la Luna. Sin embargo, la lista de errores financieros es ilimitada, repitiéndose continuamente las debacles del pasado.

Cuando se le preguntó a Albert Einstein cómo sería la tercera guerra mundial respondió: “No sé, pero la cuarta será con palos y piedras”, ya que la devastación nuclear nos llevaría de vuelta al Paleolítico. Quizá si al genio se le preguntase hoy día cómo será el dinero del futuro después de años de uso de armas de destrucción masiva financiera respondería algo así como: “No sé cómo será el dinero de mañana pero el de pasado mañana será como el de hace milenios”.

No en vano, los chinos inventaron el papel moneda durante la dinastía Tang en el siglo VII produciendo el primer papel moneda gubernamental, llamado jiaozi, en el año 1100. La subsiguiente inflación, falsificación y desastre monetario generado durante la dinastía Yuan fue, de tal calibre, que el papel moneda dejó de usarse de forma habitual antes de que Colón descubriese América y solo reapareció cuatro siglos más tarde.

Obviamente, no aprendimos la lección. Durante la hiperinflación de la República de Weimar en Alemania un simple trozo de pan pasó de costar 160 marcos a finales de 1922 a 200 billones solo un año más tarde. Y yo mismo tengo en casa, como recuerdo, un billete de 100 trillones de dólares de Zimbabue (un uno seguido de 14 ceros) del año 2008. Hay algo obvio y es que, como dice Charlie Munger, “la riqueza no se puede imprimir”.

Con los bancos pasa lo mismo. Incluso, con los bancos centrales. De hecho, la Fed no es el primer banco central de EE UU, sino el tercero. En 1791 el secretario del Tesoro Alexander Hamilton convenció al presidente Washington para crear el primer banco central. Thomas Jefferson y James Madison (ambos presidentes posteriormente) se opusieron frontalmente argumentando que el banco era inconstitucional y que beneficiaría a ciertos grupos a expensas de la población provocando especulación financiera. Así fue y en 1811 el Congreso no renovó la licencia. Necesitados de dinero por la guerra de 1812 se creó el segundo Banco de Estados Unidos en 1816 que fue, asimismo, disuelto por Andrew Jackson en 1836. En 1913 se creó la Fed, el tercer banco central americano. Ya veremos cómo acaba, pero baste decir que el poder adquisitivo del dólar desde su creación ha disminuido en cerca del 99%.

Y con la banca en general pasa lo mismo, ya que la apariencia de regulación solo ha llevado a un sistema cada vez más frágil con menores requisitos de capital. A mediados del siglo XIX los bancos americanos tenían un capital equivalente al 55% de sus activos. Antes de la creación de la Fed (1913) y el Fondo de Garantía de Depósitos (1933) eran frecuentes ratios de capital del 15% de los activos, algo impensable tras las diferentes reformas que nos llevaron a la implementación de los modelos de riesgo en los años 90 con los que los bancos ya tuvieron niveles de capital inferiores al 5%.

No hace falta hablar de qué han hecho los Gobiernos en este periodo. Ya nos avisó Ludwig von Mises en Human Action, publicado en 1949; “la historia financiera del último siglo muestra un aumento de la deuda pública. Es obvio que, más tarde que temprano esas deudas serán liquidadas de alguna forma pero ciertamente no será con el pago de los intereses y el principal, según los términos del contrato original”. El gran Richard Feynman, premio Nobel de Física en 1965, mencionaba que había cien billones de estrellas en la galaxia, lo que solía ser un número gigantesco, pero que ya era menor que el déficit del Gobierno. Según él, lo que solían ser números astronómicos deberían llamarse ya números económicos.

Prevenir crisis

¿Y cómo se previene otra crisis bancaria (eliminar el fondo de garantía de depósitos y el sistema de reserva fraccional no sería mala idea)? Nassim Taleb y George Martin dieron una serie de consejos prácticos en Fooled by Randomness hace ya más de una década. En vez de miles de páginas de regulación, el simple (pero difícil de implementar) enfoque de skin in the game (jugarse la piel) debería aplicarse en la supervisión bancaria. La mejor norma de manejo de riesgo ya se formuló hace más de 4.000 años en el Código de Hammurabi: “Si la casa que un constructor ha edificado colapsa y causa la muerte del propietario se le debe aplicar la pena capital al constructor”.

Cuando se creó el Servicio Forestal de Estados Unidos, a principios del siglo pasado, se extinguían los incendios forestales nada más generarse, lo que estuvo a punto de destruir la población de sequoias gigantes, que pueden llegar a tener más de 3.500 años. Se tardó más de 50 años en comprender que el fuego es el proceso más importante de un ecosistema tan complejo.

Los pequeños y recurrentes fuegos generados de manera natural son necesarios para eliminar la maleza baja (sin dañar de manera permanente la corteza de los árboles gigantes que contiene un material prácticamente ignífugo) y permitir la entrada de luz en la que florecen las semillas. Por el contrario, la supresión arbitraria de estos fenómenos provoca la acumulación de maleza que hace que cuando se producen fuegos estos sean mucho más destructivos.

Cuando en finanzas se interviene de forma agresiva con planificación centralizada evitando las crisis temporales naturales se genera crecimiento que nunca debería haber existido y que, una vez explota, genera crisis mucho más severas. La conclusión es que “menos es más” en sistemas complejos (como las finanzas). De hecho, el juramento hipocrático usado en medicina indica que “lo primero es no hacer daño”. Al igual que el Tao Te Ching (texto fundamental del taoísmo) define el concepto de Wu wei como “una actitud de genuina inacción”.

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