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El Foco
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Los bancos centrales frente a los mercados: ¿quién tiene razón?

Los inversores apuestan por la moderación de la inflación y el fin de las subidas de tipos durante este año, pero los supervisores piden paciencia

Se inicia un nuevo ejercicio, el de 2023, que, en lo que ya lleva andado, nos va dando pistas de lo que puede quedar por andar. Si el 2022 estuvo claramente caracterizado por un agresivo ajuste en los tipos al alza, aparte de por otros muchos eventos entre los que el inicio del conflicto en Ucrania ha sido tristemente protagonista, este nuevo año nos trae un movimiento en los diferentes mercados que no era del todo sencillo de pronosticar. Parece que nos movemos en un cambio de estadio: dejamos atrás ese en el que los miedos al famoso binomio de recesión e inflación iban forjando un entorno caracterizado por la aversión al riesgo y avanzamos hacia uno en el que, al menos uno de esos factores, el de la inflación, puede ir perdiendo protagonismo. Al menos, a la vista de los últimos datos, sobre todo en Estados Unidos, aunque también empieza a vislumbrarse para Europa el freno en el crecimiento de precios.

Y este cambio, que supone una nueva adaptación a otro panorama, viene también caracterizado por las diferencias de pareceres entre los bancos centrales y los agentes del mercado en general. Mientras los mercados celebran que los precios se vayan conteniendo, al esperar que las políticas de subidas de tipos vayan moderándose, los banqueros no ven con buenos ojos que todo sea entusiasmo. Unos lo ven claro, no quieren escuchar a los otros y descuentan que estamos en la recta final del proceso de normalización monetaria. Mientras, los otros piden paciencia, otra vez, e incluso instan de manera clara a que no se empiece a celebrar antes de que el mercado laboral no vaya dando síntomas de relajarse también, y esto aún no ha ocurrido.

Pero, en este sentido, parece importante empezar a escuchar algunas voces tendentes a plegar rodilla respecto a lo que los mercados esperan. El presidente de la Reserva Federal de Philadelphia aseguraba hace unos días que, más que volver a pensar en 50 puntos básicos, esperaba un incremento de tipos de 25 puntos básicos en la siguiente reunión de la Fed, y eso sí que es un cambio respecto a lo que la gran mayoría de voces autorizadas del entorno de bancos centrales, en Estados Unidos y en Europa, se vienen empeñando en aseverar. También salían noticias del entorno del BCE, sin fuentes confirmadas, de que se puede relajar el ritmo de subidas, aunque creo que este organismo aún va algo por detrás.

Pero si todo esto es realmente un cambio de visión de los responsables monetarios escuchando a los mercados, empezamos todos a creer que podemos ir acercándonos al final de esta agresiva época de normalización monetaria, que deberá de finalizar hacia mediados del presente año, y que antecedería a una suavización en tipos posterior, antes en Estados Unidos que en Europa. El hecho de que la situación macroeconómica no haya aún dado muestras de empeorarse como para afirmar que estemos en recesión, sin duda, ha sido toda una sorpresa positiva de cara a que los bancos centrales hayan seguido encontrando un buen colchón para alargar este período sin provocar grandes tensiones en las economías.

Al fin y al cabo, el escenario central de recesión técnica que se puede esperar en unos meses no es tan malo y la mayoría de órganos e instituciones predictoras ni si quiera hablan de crecimiento negativo para las principales economías en 2023, por mucho que dos tercios de los analistas así lo esperen. Este es otro de los factores con los que convivimos, el posible exceso de pesimismo, cuando la realidad, al menos actual, no va respondiendo a recientes maleficios. Es decir, que los bancos centrales han ganado tiempo, precisamente por las buenas capacidades de las diferentes industrias y empresas para adaptarse en los últimos a una situación que ha distado mucho de haberse vivido en anteriores etapas. Y eso es de celebrar. Estamos en plena temporada de resultados empresariales y corroboraremos otra vez, ojalá y sea para bien, si esas capacidades siguen sorprendiendo positivamente.

Habiendo dicho esto, tenemos que reconocer que no es solo el optimismo relacionado con la desinflación lo que provoca que estemos teniendo unos mercados tan receptivos, tanto Bolsas, como tipos, como mercado de crédito. A este efecto le acompañan otros factores, como que China reabre fronteras y relaja algunas de las restricciones, algo positivo para muchos otros: que estamos en la recta final del proceso de ajuste monetario, un camino que se hace largo, aunque no empezó hace tanto tiempo, si quiera un año, pero que ha sido muy intenso; o que la situación macroeconómica no ha empeorado hasta el punto que muchos esperaban, y siguen esperando, como ya decíamos.

A esto se unen, además, otros factores más intangibles, digamos, que tienen que ver más con las ganas, casi necesidad, de que todo vaya a mejor, de que el mercado en general siga permitiendo puntos de encuentro entre compradores y vendedores, que es la meta final de toda aventura iniciada.

Esta confianza es necesaria en cualquier mercado para que, como en tantas otras ocasiones, podamos salir, nuevamente, de otro complicado período que va durando mucho y que ha estado alimentado por muchísimas incertidumbres, casi incontables, y que han acabado por modelizar escenarios como esos de hace varias décadas, en los que la inflación desbocada ha sido protagonista, pero donde ya no solo vale Keynes o Hayek, Samuelson o Friedman, para salir de ellos, sino una combinación de soluciones que, esperemos, se demuestren al fin y al cabo como eficientes. Si los medicamentos no curan al paciente, al final será este quien acabará por desarrollar sus defensas y volverá a estar más o menos bien… Y eso es, al menos, lo que vamos vislumbrando que puede ser y que la enfermedad no era letal. Que así sea, seguimos remando…

Jesús Sáez es Responsable de Mercados de Capitales para Iberia de Natixis

Se inicia un nuevo ejercicio, el de 2023, que, en lo que ya lleva andado, nos va dando pistas de lo que puede quedar por andar. Si el 2022 estuvo claramente caracterizado por un agresivo ajuste en los tipos al alza, aparte de por otros muchos eventos entre los que el inicio del conflicto en Ucrania ha sido tristemente protagonista, este nuevo año nos trae un movimiento en los diferentes mercados que no era del todo sencillo de pronosticar. Parece que nos movemos en un cambio de estadio: dejamos atrás ese en el que los miedos al famoso binomio de recesión e inflación iban forjando un entorno caracterizado por la aversión al riesgo y avanzamos hacia uno en el que, al menos uno de esos factores, el de la inflación, puede ir perdiendo protagonismo. Al menos, a la vista de los últimos datos, sobre todo en Estados Unidos, aunque también empieza a vislumbrarse para Europa el freno en el crecimiento de precios.

Y este cambio, que supone una nueva adaptación a otro panorama, viene también caracterizado por las diferencias de pareceres entre los bancos centrales y los agentes del mercado en general. Mientras los mercados celebran que los precios se vayan conteniendo, al esperar que las políticas de subidas de tipos vayan moderándose, los banqueros no ven con buenos ojos que todo sea entusiasmo. Unos lo ven claro, no quieren escuchar a los otros y descuentan que estamos en la recta final del proceso de normalización monetaria. Mientras, los otros piden paciencia, otra vez, e incluso instan de manera clara a que no se empiece a celebrar antes de que el mercado laboral no vaya dando síntomas de relajarse también, y esto aún no ha ocurrido.

Pero, en este sentido, parece importante empezar a escuchar algunas voces tendentes a plegar rodilla respecto a lo que los mercados esperan. El presidente de la Reserva Federal de Philadelphia aseguraba hace unos días que, más que volver a pensar en 50 puntos básicos, esperaba un incremento de tipos de 25 puntos básicos en la siguiente reunión de la Fed, y eso sí que es un cambio respecto a lo que la gran mayoría de voces autorizadas del entorno de bancos centrales, en Estados Unidos y en Europa, se vienen empeñando en aseverar. También salían noticias del entorno del BCE, sin fuentes confirmadas, de que se puede relajar el ritmo de subidas, aunque creo que este organismo aún va algo por detrás.

Pero si todo esto es realmente un cambio de visión de los responsables monetarios escuchando a los mercados, empezamos todos a creer que podemos ir acercándonos al final de esta agresiva época de normalización monetaria, que deberá de finalizar hacia mediados del presente año, y que antecedería a una suavización en tipos posterior, antes en Estados Unidos que en Europa. El hecho de que la situación macroeconómica no haya aún dado muestras de empeorarse como para afirmar que estemos en recesión, sin duda, ha sido toda una sorpresa positiva de cara a que los bancos centrales hayan seguido encontrando un buen colchón para alargar este período sin provocar grandes tensiones en las economías.

Al fin y al cabo, el escenario central de recesión técnica que se puede esperar en unos meses no es tan malo y la mayoría de órganos e instituciones predictoras ni si quiera hablan de crecimiento negativo para las principales economías en 2023, por mucho que dos tercios de los analistas así lo esperen. Este es otro de los factores con los que convivimos, el posible exceso de pesimismo, cuando la realidad, al menos actual, no va respondiendo a recientes maleficios. Es decir, que los bancos centrales han ganado tiempo, precisamente por las buenas capacidades de las diferentes industrias y empresas para adaptarse en los últimos a una situación que ha distado mucho de haberse vivido en anteriores etapas. Y eso es de celebrar. Estamos en plena temporada de resultados empresariales y corroboraremos otra vez, ojalá y sea para bien, si esas capacidades siguen sorprendiendo positivamente.

Habiendo dicho esto, tenemos que reconocer que no es solo el optimismo relacionado con la desinflación lo que provoca que estemos teniendo unos mercados tan receptivos, tanto Bolsas, como tipos, como mercado de crédito. A este efecto le acompañan otros factores, como que China reabre fronteras y relaja algunas de las restricciones, algo positivo para muchos otros: que estamos en la recta final del proceso de ajuste monetario, un camino que se hace largo, aunque no empezó hace tanto tiempo, si quiera un año, pero que ha sido muy intenso; o que la situación macroeconómica no ha empeorado hasta el punto que muchos esperaban, y siguen esperando, como ya decíamos.

A esto se unen, además, otros factores más intangibles, digamos, que tienen que ver más con las ganas, casi necesidad, de que todo vaya a mejor, de que el mercado en general siga permitiendo puntos de encuentro entre compradores y vendedores, que es la meta final de toda aventura iniciada.

Esta confianza es necesaria en cualquier mercado para que, como en tantas otras ocasiones, podamos salir, nuevamente, de otro complicado período que va durando mucho y que ha estado alimentado por muchísimas incertidumbres, casi incontables, y que han acabado por modelizar escenarios como esos de hace varias décadas, en los que la inflación desbocada ha sido protagonista, pero donde ya no solo vale Keynes o Hayek, Samuelson o Friedman, para salir de ellos, sino una combinación de soluciones que, esperemos, se demuestren al fin y al cabo como eficientes. Si los medicamentos no curan al paciente, al final será este quien acabará por desarrollar sus defensas y volverá a estar más o menos bien… Y eso es, al menos, lo que vamos vislumbrando que puede ser y que la enfermedad no era letal. Que así sea, seguimos remando…

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