Brasil expone la falta de prima de riesgo en EE UU

Los inversores los tratan de forma muy diferente: hay motivos racionales, pero también complacencia

Manifestantes a favor del presidente brasileño Lula da Silva, en Porto Alegre, el lunes.
Manifestantes a favor del presidente brasileño Lula da Silva, en Porto Alegre, el lunes. REUTERS

Las imágenes de miles de seguidores del expresidente Jair Bolsonaro irrumpiendo el domingo en el Congreso, el Tribunal Supremo y el palacio presidencial de Brasil resultaron incómodas de ver en Estados Unidos. Eran desconcertantemente similares a la invasión del Capitolio estadounidense por seguidores de Donald Trump dos años antes. Para los inversores, sin embargo, los dos países conllevan riesgos financieros muy diferentes. Eso se basa en una mezcla de racionalidad y quizás algo de complacencia.

Al igual que Estados Unidos, Brasil estaba dirigido hasta hace poco por un presidente autocrático que se negó a reconocer la derrota electoral. Pero el país es más pobre y más dependiente de los recursos naturales. Tiene un historial de cuasiimpagos de deuda denominada en moneda local, además de sufrir hiperinflación. Todavía hoy es algo inestable: la deuda pública era del 74,5% del PIB en noviembre y S&P le otorga una calificación de solo BB-. El PIB per cápita era menor en 2021 que hace una década, según el Banco Mundial.

La historia política de Brasil también es desgraciadamente dramática, con múltiples golpes de Estado en el último siglo. Su democracia más reciente, establecida en 1985, sigue siendo vulnerable. En los últimos 10 años, Brasil se encuentra entre los peores países en cuanto a avance hacia la autocracia, según Varieties of Democracy, un proyecto que rastrea el compromiso con los principios democráticos.

Existe una fuerte correlación entre las sociedades autoritarias y la corrupción. La capacidad de echar a la gente del poder y procesarla ayuda a limitar todo tipo de abusos. Quizá no sorprenda que el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional sitúe Brasil en 38 puntos, por debajo de la media mundial, donde 100 refleja una sociedad casi libre de delitos. La puntuación de Estados Unidos es sustancialmente mejor, 67, pero sigue estando por debajo de otros países desarrollados. La puntuación de ambos países ha descendido en la última década.

Esto es importante porque los estudios económicos relacionan sistemáticamente la corrupción con malos resultados económicos y sociales. La búsqueda de rentas prolifera y el gasto público pierde eficacia. Los países corruptos registran un menor crecimiento del PIB, una menor inversión, las empresas tienen más dificultades para tratar con las autoridades y la sanidad y la educación públicas son menos eficaces.

Para Brasil, esto conlleva un coste en los mercados financieros. Su deuda soberana a 10 años rinde casi el 13%. Mientras, los inversores consideran el Gobierno estadounidense casi libre de riesgo, exigiendo un rendimiento de alrededor del 3,5% a los bonos del Tesoro de la misma duración.

El compromiso de más de 200 años de Estados Unidos con la democracia, aunque imperfecto, inspira tanto a los mercados como a los ciudadanos a suponer que sus cimientos son más sólidos que los de Brasil. Esperemos que así sea. Pero si alguna vez los inversores deciden exigir una prima de riesgo, esta tiene un largo camino por recorrer.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías