Eneko Axpe: “Trabajo para la NASA gracias a las becas”

Ha estudiado con ayudas públicas, que le han llevado a universidades como Oxford, Cambridge o Harvard

Investiga para la agencia aeroespacial estadounidense

Eneko Axpe, físico español que investiga para la NASA.
Eneko Axpe, físico español que investiga para la NASA.

Su currículo apabulla, Eneko Axpe (Baracaldo, Vizcaya, 1986) comenzó a trabajar para la NASA hace cuatro años, donde ha colaborado en un ambicioso estudio sobre la evolución de los huesos de los astronautas ante la falta de gravedad, en el marco de un viaje espacial a Marte programado para 2040, en el que se desplazarán tres astronautas que invertirán tres años entre la ida y la vuelta. Trabaja ahora en otro complejo proyecto, que le mantendrá ocupado hasta 2025, como es la creación de diferentes hábitats en otros planetas, utilizando el micelio. Doctor en Física de materiales por la Universidad del País Vasco y la Universidad de Oxford, suma un postdoctorado por la Universidad de Cambridge, además de una estancia en Harvard y una beca Marie Curie.

Recalca, tras su participación en San Sebastián Gastronomika, que todo esto lo ha conseguido gracias a becas obtenidas en concursos públicos, que le han llevado a ser el primer y único científico de su familia. Ha trabajado en empresas de alimentación, como Impossible Foods y Beyond Meat, que desarrollan alimentos de origen vegetal, en sustitución de la carne. La comida y la música son dos de sus aficiones: ha lanzado un disco de hiphop en euskera Vmme Sahar.

¿Es muy difícil hacer una carrera científica en España?

Hay muchas dificultades. Los salarios son los que son en España, la inversión en I+D+i está por debajo de la media europea. Las oportunidades son escasas y las condiciones no son las más idóneas para desarrollar una carrera científica. Es un maratón y hay que ser psicológicamente muy fuerte. Cuando te dedicas a ello recibes más noes que síes, y hay que estar preparado para esta carrera de obstáculos.

¿Cómo se preparó usted?

La carrera de Física, cuando yo la hice, era difícil, poca gente conseguía terminarla, y eso me preparó mentalmente. Mucha gente abandonaba en el primer curso y menos de la mitad de los que la empezamos la acabábamos. Las cosas han cambiado con el grado, ahora es diferente. Era otra época. Y mentalmente esto te preparaba. Además, tuve la suerte de poder formarme fuera, de crecer en sitios como Oxford, Stanford y la NASA. Allí no solo aprendes ciencia, sino que los profesores te enseñan a pensar. Aquí nos preparan a responder preguntas y allí te preparan para hacer la pregunta correcta.

¿Están bien remunerados los científicos?

En España, no. En la industria privada en Estados Unidos, los salarios son más potentes. Sin embargo, aquí hay condiciones que no hay allí, como la educación y la sanidad que son universales. Los alquileres aquí también son más bajos que en San Francisco. Todo esto también hay que mirarlo con cuidado, porque allí también hay que tener un seguro para cubrir la sanidad y la educación es muy cara.

Lo de trabajar para la NASA habrá sido como cumplir un sueño.

Es algo que tenemos idealizado. Desde crío ves a la NASA en todas las películas, es lo más cercano al futuro. Lo sueñas y ves que está pasando. He trabajado en un proyecto muy interesante para descubrir la cantidad de hueso que pierde un astronauta durante su viaje al espacio. Para ello, desarrollé un programa matemático. En la Tierra, cuando andas se genera un impulso mecánico que hace que el hueso genere tejido óseo. A gravedad cero no existe ese impulso mecánico, por lo que la mayoría de los astronautas sale con osteopenia, la fase previa a la osteoporosis, que acaba padeciendo un tercio de esa mayoría.

Y ahora trabaja en otro proyecto para crear hábitats en otros planetas.

Se está investigando para crear materiales sostenibles, en vez de madera o acero, que es contaminante. Lo estamos ensayando en Azurmendi [propiedad de Eneko Atxa, con tres estrellas Michelin y tres soles Repsol], aquí en Bilbao, que es el primer restaurante colaborador de la NASA, haciendo mesas, mobiliario y cubiertos con materiales vivos, con el micelio, la raíz de los hongos, con el que también se puede hacer un material como el cuero. Por ejemplo, Adidas ha diseñado unas zapatillas con micelio. La idea es hacer cuencos y platos con este material, que también es importante para la comida del espacio, ya que uno de los problemas es crear alimentos con alto contenido proteínico. Estamos trabajando con diferentes especies, en una colaboración también con el Basque Culinary Center, investigando qué se puede hacer con extremófilos, organismos que viven en situaciones extremas. El micelio, además, crece más rápido y aporta más proteína. Y todo esto también se puede llevar a la Tierra, sobre todo como alimento sostenible. Hay empresas que, como Innomy, en Derio, están haciendo sustitutos de carne con micelio, o Meati Foods, en Colorado, están haciendo I+D+i con este ingrediente. Lo nuestro no tiene que ver con sustitutos de carne. No solo estamos haciendo materiales sostenibles, sino que será muy importante para la futura comida del espacio. La tecnología y las investigaciones que se hacen para el espacio, luego tienen cabida en la Tierra. Ocurrió con los alimentos liofilizados, que se lo llevó la NASA al espacio y ahora sirven para la Tierra.

Ahora vive en España, se ha traído este conocimiento a su tierra.

Lo tengo muy en mente. He tenido la suerte de conseguir becas públicas, he estudiado en un colegio y en la universidad pública, y mi intención es devolver lo que me han dado. Creo que puedo aportar y devolverle a la sociedad las oportunidades que me ha ofrecido. He llegado a trabajar en la NASA porque he tenido becas. Mi madre era limpiadora, y soy el primer y único científico en la familia. Soy tutor de alumnos del Basque Culinary Center, y me gustaría pasarle el conocimiento que tengo a ellos, y ayudarles a crecer.

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