Se olvidan del caeteris paribus

Al analizar el efecto de una medida, hay que tener en cuenta si otras variables siguen igual o cambian

Ahora, cuando más que nunca –o que casi nunca– las cuestiones económicas focalizan una buena parte del debate político, estamos comprobando que, sea por desconocimiento, sea por olvido o sea por decidida voluntad, los debatientes ignoran en sus planteamientos la aplicación de la cláusula caeteris paribus, esa condición esencial en la Teoría Económica para estudiar y predecir los efectos que los cambios en una variable económica –la independiente– pueden ocasionar en otra –la dependiente–.

Como sabemos los economistas, la caeteris paribus constituye una condición esencial en el estudio de la Teoría Económica e implica suponer como requisito que permanezcan constantes todas las variables distintas de la independiente cuyos efectos sobre la dependiente se pretenden estudiar o predecir.

Un sencillo ejemplo nos ayuda a explicar su funcionamiento. Predecir que, si sube el precio de los percebes, un individuo reducirá el número de los que adquiere es acertado solo sobre la base de que todo lo demás permanece constante. Es evidente que, si el afectado ve aumentar sideralmente su nivel de renta, es más que factible que aunque se encarezcan los percebes, él aumente el volumen de los que consume.

Pues bien, como hemos reflejado en el primer párrafo, algo tan fundamental –y tan sencillo de entender– como es la cláusula que estamos analizando, suele ser ignorada, sea por desconocimiento, sea por olvido o sea por decidida voluntad, por la generalidad de los participantes en el debate político. Y al ignorarse, se obtienen conclusiones carentes de fundamentación suficiente o sencillamente falsas.

Pongamos dos ejemplos que, ya anticipo para afirmar la vocación de neutralidad política de este artículo, se refieren a conclusiones infundadas que favorecen en un caso y perjudican en otro la valoración que pueda hacerse a dos medidas adoptadas por nuestro Gobierno.

Parece ser un dato objetivo que, desde la aprobación de la reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz, ha aumentado el número de empleados. De no aplicarse la condición caeteris paribus, se podría obtener como conclusión que la reforma laboral está provocando un aumento del empleo. Eso es lo que concluye la vicepresidenta del Gobierno y este en su conjunto, lo que les permite afirmar la bondad de la reforma.

Sin embargo, en la evolución del número de trabajadores empleados influyen otras variables diferentes a la regulación contenida en la reforma laboral. Por ejemplo, la evolución del PIB. Dado que este aumentó un 1,1% en el segundo trimestre, es obvio que una parte del crecimiento del empleo trae su causa en dicho aumento.

Otro ejemplo: es más que factible que el nivel real –no monetario– de los salarios tenga una influencia notable en la mayor o menor contratación de trabajadores por parte de los empresarios. En definitiva, solo si hubieran permanecido invariables el PIB, el nivel de los salarios reales y el resto de las variables que pueden influir en el empleo, podría afirmarse que la reforma laboral de Díaz está ayudando a la creación de puestos de trabajo. En definitiva, ignorar la caeteris paribus conduce a una valoración infundadamente positiva de los efectos que está teniendo la reforma laboral

Vamos con el ejemplo antagónico. Tras la aplicación del famoso tope al precio del gas, el importe de la factura eléctrica que pagamos los españoles ha subido. Si no tenemos en cuenta la existencia de otros factores o variables que influyen en el importe de la reseñada factura, podría concluirse que la medida de limitar el precio del gas ha provocado un encarecimiento de la electricidad que consumimos y, por tanto, afirmar que la conocida como “excepción ibérica” está resultando un auténtico desastre para los españoles.

Para ser rigurosos, habría que considerar cómo afectaría a la factura eléctrica el llamado tope del gas si todo lo demás hubiera permanecido constante o invariable. En consecuencia con lo expuesto, ignorar la caeteris paribus conduce a una valoración infundadamente negativa de los efectos de la medida que se ha dado en llamar “el tope al gas”.

Valgan estos dos ejemplos –créanme que podrían exponerse unos cuantos más–, para acreditar que la consideración de la habitualmente ignorada cláusula caeteris paribus, sea por desconocimiento, sea por olvido, sea por decidida voluntad, es un requisito absolutamente imprescindible si aspiramos a que el debate político español en cuestiones económicas sea riguroso. Quizás se trate de una aspiración ingenua, quizás del sueño de una noche de verano, quizás de una auténtica utopía, pero, perdónenme los lectores, el deber del analista se satisface señalando los defectos que aprecia. Su corrección, posible o imposible, fácil o difícil, es tarea de otros.

Ignacio Ruiz Jarabo es economista y ex director general de la Agencia Tributaria