Molinos Cano, una familia dedicada a fabricar harinas sin aditivos

La fábrica manchega produce nueve clases distintas de harina cuya calidad proviene de mezclar trigos entre sí

Molinos Cano
Exterior de la empresa Molinos Cano, en Higueruela (Albacete).

Emprender un nuevo negocio con casi 50 años es un hecho notable en nuestros días, pero más aún en la década de los sesenta del siglo XX. Mantenerse al frente, y con éxito empresarial, hasta cumplir los 90 de edad es todavía más destacable. Esta es la historia real de Blas Cano, fundador de Molinos Cano, fábrica de harinas situada en Higueruela (Albacete) y que este año prevé facturar entre 10 y 11 millones de euros, casi el doble de los 6 millones obtenidos el año pasado. Actualmente, la empresa continúa en manos de la misma familia, pues los socios son los hijos de los propietarios originales, Blas y sus hermanos, que le acompañaron en la aventura.

La zona de Higueruela, población de 1.100 habitantes a 42 kilómetros de la capital albaceteña, ha sido tradicionalmente muy rica en producción de cereal y lo sigue siendo. De hecho, Molinos Cano ocupa el mismo espacio de un antiguo molino de piedra que en la década de los cuarenta del siglo pasado se recuperó para fabricar harinas. Se trataba de una instalación muy pequeña, típica de muchos pueblos españoles, a la que los vecinos llevaban a moler su propio trigo y cuyo dueño se quedaba con un porcentaje de la molienda.

En 1964, Blas Cano, vecino de la localidad que se dedicaba al vino, otro de los productos de la zona, decidió ayudar a un amigo en apuros y se quedó con su fábrica. Sus hermanos Tiburcio, Alfonso y José Cano se convirtieron en sus socios.

Así nació Molinos Cano, empresa que hoy sigue en poder de los hijos y que cuenta con 19 empleados. Desde el momento de su adquisición, la empresa ha tenido diversas ampliaciones y mejoras hasta llegar a una capacidad de molienda de 160 toneladas de trigo al día.

El hijo de Blas, del mismo nombre, es el gerente, “aunque ya se sabe que en una empresa familiar todos hacemos de todo”, dice. Subraya que la particularidad que define hoy a Molinos Cano es la fabricación de harinas sin aditivos químicos de ningún tipo. “No son harinas ecológicas como tales, sino libres de aditivos, lo que significa que no se les añaden ni enzimas, ni colorantes, ni sulfatos ni ninguna otra sustancia química”, explica Blas Cano. Las harinas cuentan, desde hace más de 20 años, con la certificación de la norma de calidad ISO 9001 de Aenor.

La cifra

10 millones de euros, o incluso más, es la facturación prevista por Molinos Cano para el cierre de 2022. La fábrica de harinas albaceteña obtuvo en 2021 una cifra de negocio de 6 millones de euros, lastrada como casi todas las empresas por la pandemia. Este ejercicio se espera doblar, prácticamente, esa cantidad. Y todo ello a pesar de que la subida de precios les está afectando hasta el punto de frenar las ampliaciones previstas de las instalaciones.

Investigación propia

“Lo que hacemos”, prosigue Cano, “es mezclar cinco o seis clases diferentes de trigo, siempre los mejores”. Para obtener su producto, Molinos Cano dispone de su propio laboratorio, ubicado en las instalaciones de la localidad manchega. Allí investigan la producción y las mezclas de los trigos, siempre libres de sustancias ajenas al mismo cereal, bajo la supervisión técnica de la Universidad de Barcelona.

En total, la empresa de Higueruela trabaja en la actualidad nueve clases de harinas distintas, tres candeales, tres doradas y tres especiales. Además, se ha lanzado a producir también harina molida a la piedra, de centeno, de espelta y de arroz, variedades que en estos momentos tienen una demanda al alza.

Las harinas Cano sirven de ingrediente principal a diversos productos. Blas Cano señala que “en cada zona de España se hace un tipo de pan distinto, por el clima, el agua o la tradición. Para unos se requiere una harina más floja y para otros, más fuerte”. “Nosotros tenemos, por ejemplo, clientes árabes en la Región de Murcia para los que fabricamos harinas con más fuerza porque sus panes la necesitan así”. Pero no solo de pan vive el hombre, por lo que Molinos Cano vende sus harinas para elaborar otros productos como bases de pizzas y de otros alimentos o repostería.

Mercado

Su mercado es el más cercano a Higueruela. Las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, “algo de Toledo”, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana son los destinos de sus harinas. El gerente afirma que recientemente han contratado los servicios de un distribuidor en Sevilla. Pero a día de hoy “no tenemos planes de expansión de mercado, entre otras cosas, por la situación de los precios”. Precisamente, esta coyuntura es la que ha frenado la ampliación de las instalaciones de Higueruela. “La llevaremos a cabo, pero vamos a esperar y no hacerla inmediatamente ya que la inversión en maquinaria nueva es muy alta”, explica. Cano alega que las máquinas de la molienda son muy caras, cuestan unos 70.000 u 80.000 euros por molino. A cambio, tienen una gran durabilidad y pueden estar activas sin problemas durante décadas.

Máquina molienda trigo
Máquinas de molienda de trigo.

Además de la situación económica actual, que afecta a la mayoría de las empresas del país, Molinos Cano se enfrenta a otra dificultad también común: la falta de personal. En estos momentos, gran parte de los empleados viven en el pueblo, pero el gerente asegura que la renovación de personal se está poniendo difícil y temen al futuro. “Este es un oficio que se aprende de padres a hijos y ya no hay tantas personas como antes que quieran venir a trabajar”, advierte.

Ahora mismo, la escasez más acuciante es la de transportistas. “Estamos notando que faltan camioneros para transportar nuestros productos, sobre todo en verano, que es la época en la que más trabajo tenemos”, precisa.

La escasez de transportistas está detrás también de la espera para ampliar mercados. El consumo de distintas harinas según las zonas geográficas es cada vez un problema menor debido a la generalización de la venta de todo tipo de productos en cualquier lugar del país y al auge de la panadería tradicional que se está viviendo en España y en toda Europa.

Renovaciones y tradición

Molinos Cano
Departamento administrativo.

Reformas. La empresa de la familia Cano ha sido objeto de sucesivas renovaciones a lo largo de su historia, como no podía ser de otra manera. El edificio actual es fruto de una reforma iniciada en 1996. En la nueva instalación comenzaron a trabajar tres años después, en 1999, y ahí continúa la actividad al día de hoy.

Más producción. Con la reforma de mediados de los noventa se pretendía ampliar la producción y pasar de las 60 toneladas de trigo molido al día a las 140, cantidad más cercana a la actual, que es de 160 toneladas diarias.

Tradición. Molinos Cano es una empresa dedicada a una actividad tradicional en la historia de la humanidad, la molienda de trigo, el cereal más cultivado del mundo.

Cómo la imaginación permitió ampliar el negocio

Molinos Cano laboratorio harinas
Laboratorio de la fábrica de harinas.

La historia de Molinos Cano representa la de muchas empresas que han tenido que recurrir a la imaginación para salir adelante. Sus aspiraciones de expansión chocaron con las leyes agrarias del franquismo, extremadamente rígidas. En los años sesenta y setenta, un particular que explotara el campo o productos agrarios no podía ampliar su negocio sin más, sino que tenía que adquirir otro similar. La explotación agrícola y de sus derivados eran como una concesión.

Harinas Cano, antiguo nombre de la empresa, buscó por España fábricas como la suya y encontró una en Jaraíz de la Vera (Cáceres) y otra en Requena (Valencia). Los Cano las compraron, si bien no tenían intención de explotarlas. Lo que hicieron fue aprovechar la maquinaria de ambas fábricas y llevársela a Higueruela para tener más capacidad de producción. No se podía ampliar la empresa sin la condición de comprar otra del mismo sector y eso es lo que hicieron. De esta manera expandieron su negocio cumpliendo la ley.

A principios de los ochenta, ya sin restricciones, adquirieron siete silos y molinos neumáticos, que funcionan con aire, y en los noventa, ya como Molinos Cano, otro silo para almacenar dos millones de kilos de trigo.

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