De Estocolmo a Glasgow en busca de consensos al amparo de la ONU

Solo 15 de las 193 partes del Acuerdo de París tienen ya su segundo plan de acción

Cumbre del clima Pulsar sobre el gráfico para ampliar

Se cumplen 50 años desde que la comunidad internacional lanzara con rotundidad la primera señal de alarma y voluntad de cambio. Desde entonces, “hemos avanzado mucho, aunque de forma manifiestamente insuficiente”, declara Teresa Ribera, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica del Gobierno de España.

Medio siglo después, cuando Suecia acaba de clausurar Estocolmo+50: un planeta sano para la prosperidad de todos –nuestra responsabilidad, nuestra oportunidad–, rememorando la Primera Cumbre de la Tierra en 1972, seguimos sin conseguir ni el aprobado raspado en sostenibilidad. Mañana, el Día Mundial del Medio Ambiente, con su lema, vuelve a advertir: Una sola Tierra.

Del 7 al 18 de noviembre se celebrará la COP27 en Egipto

Junto a Suecia, Bonn es la otra capital anfitriona que, desde pasado mañana y durante diez días, acogerá la reunión preparatoria de la próxima cumbre del clima, la COP27, que se celebrará este mismo año en Sharm el-Sheij (Egipto) entre los días 7 y 18 de noviembre. La primera fue en Berlín, en 1995, aunque la diplomacia medioambiental venía de atrás.

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La Conferencia Científica de las Naciones Unidas lo inauguraba en 1972, en Estocolmo (Suecia), con la adopción de la Declaración que dio origen al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ­(PNUMA). Allí se planteó ya el cambio climático. Como homenaje, también ahora en junio, los días 2 y 3 en la ciudad sueca ha tenido lugar la reunión internacional Estocolmo+50, más que para celebrar, para acelerar actuaciones.

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Porque, aunque diez lustros son muchos años, estos no han sido proporcionales a los avances que la emergencia planetaria requiere. De momento, lo único que parece haber escalado de cumbre en cumbre ha sido la temperatura: en 2021, marcando 1,1 grados Celsius más que en los niveles preindustriales.

Las empresas comprometidas a reducir a la mitad sus emisiones en 2030 se triplican

Y no hay destino que escape al riesgo. Incluso Suecia, que lidera el ranking en su esfuerzo por reducir los gases de efecto invernadero para alcanzar cero emisiones ya en 2045, ha visto menguar más de dos metros su montaña Kebnekaise desde que empezaran sus mediciones en el año 1940. Igual que su glaciar sur, que se derrite un metro por año.

Teresa Ribera, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica de España, que acaba de volver de la cita en la capital sueca, es contundente en su diagnóstico: “Nuestra idea de progreso requiere un cambio radical para poder ajustarlo a los límites del planeta. Nada es posible si no integramos adecuadamente nuestra relación con el mundo que habitamos y que nos nutre de vida y riqueza”.

Un logro que choca con “la apuesta por el despilfarro y por la economía en espiral en vez de circular”, como denuncia Félix Antonio López, investigador científico del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). “Las reuniones internacionales por el medio ambiente deberían centrar su reflexión en los materiales y la energía. Hemos pasado de que en el siglo XIX bastara con dos metales para casi todo a fabricar hoy móviles con 60 elementos distintos”, puntualiza.

Tampoco Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, se muestra nada optimista: “Como nos revela la propia ciencia, nos encaminamos hacia la extinción”. El recordatorio de estas palabras lo hace Javier Molero, director de proyectos y Agenda 2030 en el Pacto Mundial de Naciones Unidas España, quien reconoce que “el principal problema es que países y empresas dicen una cosa, pero luego hacen otra”.

La temperatura global media ya ha incrementado 1,1 °C respecto a la era preindustrial

No obstante, según el directivo, también se han dado pasos importantes. Por ejemplo, “ya son 7.126 empresas –el triple que el año pasado–, 541 instituciones financieras, 52 regiones, 1.103 ciudades y miles de instituciones las comprometidas a reducir a la mitad sus emisiones en ocho años”, detalla.

Cronológicamente, en 1997 llegó otro logro reseñable, cuando 83 países firmaron y 46 ratificaron el Protocolo de Kioto, con obligación jurídica de cumplir unas metas en reducción de emisiones. Después, en 2015, con el Acuerdo de París, se dio el gran salto, al agrupar a todas las naciones del mundo, por primera vez en la historia, para mantener el aumento de la temperatura del planeta en este siglo por debajo de los 2 °C con respecto al periodo preindustrial.

“Pero hay que centrar el esfuerzo en no superar los 1,5 °C, pues ese medio grado multiplica, por mucho, el riesgo y las consecuencias catastróficas”, subraya Mar Asunción, responsable de clima y energía en WWF (ver infografía).

Sin embargo, para la experta, “ya se veía entonces que, de no cambiar las cosas, nos meteríamos en una senda por encima de los 3 °C. Y como se vio en Glasgow, con los planes actuales de los países para 2030 alcanzaremos un 13,7% de emisiones más”. A pesar de todo, para ella estas convocatorias son necesarias, “aunque el consenso se quede siempre en el mínimo común múltiplo”.

Hasta ahora, las 193 partes adheridas al Acuerdo de París han lanzado su primer plan de acción climática (Contribución Determinada a Nivel Nacional, CDN) y solo 15 países, el segundo plan, en el que quedará reflejado el nivel de ambición para solucionar las cosas.

Por su parte, Javier Andaluz, coordinador de clima y energía de Ecologistas en Acción, cree que “no cambiará nada hasta que no se apruebe el texto pendiente con las reglas de procedimiento detalladas; en concreto, ese artículo que habilitaría votar los acuerdos por mayorías. El problema seguirá con sus dos caras: la política y la del modus operandi”. Aun así, coincide: “Estamos mejor con esta arquitectura internacional de negociaciones que sin ella”.

De cara a la COP27, ambos también están expectantes ante la puesta en marcha de un mecanismo de financiación y el aporte real de los 100.000 millones de dólares ya acordados para ello. Así como esperanzados ante una mayor movilización de actores no estatales, a partir del grupo de expertos de alto nivel sobre los compromisos Net Zero, creado el pasado marzo por Guterres.

“No bastan ciencia y tecnología para un viraje profundo de nuestro modelo de desarrollo. Valores, educación y compromiso social son también imprescindibles”, concluye Ribera.

Transparencia. A partir de 2024 se exigirán informes más rigurosos y transparentes sobre mitigación del cambio climático por parte de los países. “Se prevén procedimientos internacionales para su examen y un sistema único de reporte de los créditos de carbono”, explica Javier Molero, director de proyectos y Agenda 2030 en el Pacto Mundial de Naciones Unidas España.

Ciencia. Ese marco de información mejorada se incorporará al balance mundial de la situación. “El primero, con base científica, será en 2023 y servirá para que las partes incrementen su cooperación internacional”, añade.

Emisiones cero. Según los datos del Pacto Mundial de la ONU, la neutralidad de carbono avanza. Las soluciones de cero emisiones “se están volviendo competitivas en todos los sectores y ya representan el 25% de lo emitido”. Destacan, sobre todo, energía y transporte.

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