Turberas, sumideros de carbono vitales para la Tierra

Conforman unos ecosistemas vitales y sumamente poderosos

Almacenan más CO2 que todas las masas forestales de la Tierra

Turberas en la Sierra do Xistral (Lugo).
Turberas en la Sierra do Xistral (Lugo).

Dependemos de la buena salud de los ecosistemas para nuestra supervivencia. Su desaparición privaría al planeta de inmensos sumideros de carbono, como son los bosques o las turberas, en un momento en que las emisiones globales de gases de efecto invernadero han aumentado durante tres años consecutivos y el planeta está a un paso de un cambio climático potencialmente catastrófico.

Ante este grave problema, el Día Mundial del Medio Ambiente, con el lema Reimagina, recrea, restaura, se centra este año en la conservación de los ecosistemas. Además, hoy arranca el Decenio de la ONU sobre la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), una llamada de atención global para revivir miles de millones de hectáreas que ocupan bosques, tierras de cultivo o cimas de montañas, porque nunca ha habido tanta necesidad de revertir su degradación como ahora, señala la ONU.

Cruz do Bocelo (A Coruña).
Cruz do Bocelo (A Coruña).

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Las turberas conforman uno de esos ecosistemas vitales y sumamente poderosos; y es que, si bien cubren el 3% de la superficie terrestre del planeta, contienen casi un 30% del CO2 del suelo. “Se calcula que el volumen de carbono acumulado en las turberas de todo el mundo es comparable al total que hay en la atmósfera e incluso supera la cantidad almacenada en todas las masas forestales del planeta”, resalta Antonio Martínez Cortizas, investigador, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y coautor de varios informes sobre las turberas realizados en el marco de la Red Natura 2000. “Lo que tienen de especial estos ecosistemas frente a otros humedales es que están compuestos por restos orgánicos que crecen con el tiempo debido a la acumulación, sobre todo de vegetación, que no se descompone, ya que hay encharcamiento y poca disponibilidad de oxígeno para la transformación de esa materia orgánica”, explica.

La primera función que desempeñan las turberas es la de control hidrológico. Al ser humedales, cuando llueve acumulan agua que se va descargando lentamente hacia los ríos, con lo cual contribuyen a regular el caudal. Son, además, filtros naturales, ya que la turba retiene muchos de los componentes que acarrea el agua, como los metales tóxicos que han sido emitidos a la atmósfera o compuestos orgánicos de la misma naturaleza.

Reservorios

Estos hábitats son, además, reservorios de biodiversidad, no solo porque viven especies específicas, sino también porque algunas se desarrollan mucho mejor en esos ambientes.

Uno de los aspectos que está dando más peso a la investigación en los últimos años es que son también inmensos reservorios de carbono. “Esos restos vegetales son CO2 atmosférico acumulado que no ha sido devuelto a la atmósfera,” resalta Martínez Cortizas.

Por tanto, apostilla Juan Moscoso del Prado, experto en energía de Deusto Business School, “si estos ecosistemas no se cuidan, ese CO2 se libera con el mismo efecto que genera la contaminación de la industria. Es decir, las consecuencias para el cambio climático son las mismas: su no preservación provoca efecto invernadero”.

En España, la mejor representación de turberas está en Galicia. “Incluso, hay hábitats prioritarios de la UE, en concreto las turberas de cobertura, que están sobre todo en la sierra Do Xistral, en el norte de Lugo y en la costa norte de Ferrol, que son casi exclusivos de Galicia”, señala Manoel Santos, de Greenpeace Galicia. Y lamenta que sea uno de los ecosistemas más amenazados del mundo y que no se haga lo suficiente para conservarlos.

Y pone el ejemplo gallego: “La UE lleva tiempo requiriendo a España, en particular a Galicia, por el déficit de estos hábitats en su Red Natura 2000, incluso ha habido amenaza de sanciones. Peor no se puede hacer”.

En la misma línea se manifiesta Cristóbal López, portavoz de Ecologistas en Acción Galicia: “La Xunta no se preocupa. Nosotros hemos pedido en infinidad de ocasiones que se cataloguen las turberas para, una vez registradas, diseñar una figura de protección. También hemos solicitado que se amplíe la Red Natura en Galicia, que es la más pequeña de España”.

No existe un inventario nacional de la extensión de las turberas, pero en Galicia los terrenos ocupados por estos hábitats podrían superar las 7.000 hectáreas, “que es mucho para la Península”, afirma Santos.

A escala global, grandes turberas, como las de Congo e Indonesia, “en las que Greenpeace trabaja para su conservación, están amenazadas por las talas ilegales”, subraya Manoel Santos. “Conviene proteger esos hábitats, que son grandes aliados nuestros, pero si se tratan mal se pueden volver en contra; y con el cambio climático estamos provocando eso”, concluye.

Archivos ambientales

Libros. Quizás no se conozca su importancia y sea uno de los ecosistemas más desconocidos en términos generales, pero para Antonio Martínez Cortizas, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, las turberas tienen una importancia clave: “Son archivos ambientales. El hecho de crecer a lo largo del tiempo implica que acumulan información muy valiosa. Hay numerosos trabajos en los que tomamos testigos de turba de pequeño diámetro que cortamos en secciones, calculamos la edad y podemos investigar aspectos como los cambios en la vegetación, la actividad humana, la contaminación atmosférica por metales… Hay infinidad de información acumulada, son auténticos libros”. Y advierte: “Si se destruyen no vamos a ser capaces de reconstruir fielmente nuestro pasado”.

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