Los Gobiernos se quedan atrás en una década decisiva para la lucha contra el cambio climático

Pese a la revisión al alza del recorte de emisiones de 130 países, el objetivo del Acuerdo de París continúa lejos

El fin del uso del carbón y la reducción de un 30% de los gases de metano en 2030, entre los mayores logros

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Si algo ha dejado claro la esperada COP26 de Glasgow que culmina este sábado –en 2020 no se celebró debido a la pandemia– es que, una vez más, las promesas anunciadas son insuficientes para combatir el cambio climático. El objetivo del Acuerdo de París peligra a corto plazo, el mundo es 1,1 grados más cálido y las dudas sobre cómo los países alcanzarán la neutralidad de carbono –no emitir más dióxido de carbono (CO2) del que pueden absorber los bosques, que sirven de sumideros– ensombrecen el largo plazo.

“Más acción y menos bla, bla, bla”, pedían en la calle los activistas presentes en la urbe escocesa. Y es que, con los planes actuales, el aumento medio de la temperatura del planeta se situará en los 2,4 grados en 2100, prevén los analistas de Climate Action Tracker en su último informe, casi un grado más del anhelado 1,5. Tan solo hay que ver cómo la recuperación pos-Covid ha disparado la emisión mundial de CO2, el principal gas de efecto invernadero. Global Carbon Project pronostica una subida del 4,9% para este año, tras un 5,4% de caída récord en 2020 (ver gráfico) gracias al confinamiento y las restricciones de movilidad.

El pacto para dejar de vender coches de combustión a partir de 2035, otro progreso

La intención era que los planes de estímulos aceleraran la descarbonización, pero la realidad se ha impuesto. Países como China, Alemania o Polonia han vuelto a quemar carbón ante el aumento del precio del gas y la mayor demanda de energía. Incluso, en España, la central de As Pontes (Endesa), cuyo cierre está en trámites, hace acopio de este mineral de cara al invierno. O Francia, que acaba de anunciar que invertirá en nuevas centrales nucleares para asegurar su independencia energética en un contexto geopolítico delicado, cuando antes buscaba reducir su peso en el sistema (superior al 70%).

Con todo, Reino Unido, como anfitrión de esta cumbre que arrancó el pasado 31 de octubre, logró impulsar importantes acuerdos, muchos de ellos no vinculantes, para evitar que la cita, ya en la era pos-Brexit, fuera del todo un fracaso.

Pequeños grandes pasos

Los activistas de Amigos de la Tierra piden menos bla, bla, bla en una protesta durante la cumbre del clima celebrada en Glasgow.
Los activistas de Amigos de la Tierra piden menos bla, bla, bla en una protesta durante la cumbre del clima celebrada en Glasgow.

El primer gran anuncio lo hizo India, el tercer mayor emisor de CO2, al comprometerse con la meta de cero emisiones netas en 2070. Otros 130 países, incluido el G-7, revisaron al alza el recorte de gases para 2030. Después llegó el de metano. La Unión Europea, EE UU y otros 103 países prometieron reducir un 30% este gas, responsable del 25% del calentamiento. Sin embargo, a este pacto voluntario no se sumaron grandes emisores como China, Rusia e India.

Luego vino otro contra la deforestación. En concreto, 134 naciones, que representan el 85% de los bosques del mundo, se comprometieron a acabar con esta práctica en 2030, así como a trabajar en su restauración. Y el alimentario: 45 Gobiernos se unieron para hacer que los sistemas agrícolas sean más sostenibles.

“Nos falta más acción, más hechos, no solo palabras. Queremos una hoja de ruta que garantice cómo irán transformándose los sectores más contaminantes y cómo vamos a acelerar el abandono de los combustibles fósiles y reduciendo drásticamente las emisiones año a año”, valoraba por teléfono desde Glasgow Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace, al cabo de la primera semana de la cumbre.

China y EE UU se reconcilian y trabajarán juntos contra el calentamiento global

Entre las demandas de esta organización ecologista están la definición de un camino de reducción de las emisiones hacia un 1,5 por parte de los países, para recortar la brecha, ya que ahora mismo se está más cerca del 2,7. También, una declaración clara que incluya la necesidad de eliminar progresivamente los combustibles fósiles y el cese inmediato de los nuevos proyectos. “No será fácil”, avisaba.

De hecho, EE UU, China, India y Australia, los mayores consumidores, se descolgaron del otro esperado convenio alcanzado apenas por 47 países y liderado por los británicos: eliminar gradualmente el uso del carbón en las principales economías para 2030 y en el resto, para 2040. Además de dejar de invertir en nuevas plantas.

Esta misma semana, el miércoles, el transporte, responsable del 25% de los gases de efecto invernadero, fue el gran protagonista. Una treintena de países y seis fabricantes de coches –Ford, Jaguar Land Rover, General Motors, Volvo y Mercedes-Benz– se aliaron para poner fin a la venta de ve­hículos de combustión (diésel, gasolina, gas e híbridos) en 2035 en los principales mercados y en 2040 a escala mundial. Una iniciativa a la que no se sumaron Alemania, Francia ni España, tras aducir que es una medida que ya se discute en Bruselas. Tampoco EE UU, China y Japón, grandes mercados automovilísticos, ni Volkswagen, Toyota y Hyundai.

Y el jueves EE UU y China, los dos mayores emisores de CO2 mundial, sorprendieron con un acuerdo de colaboración para acelerar esta década la lucha contra el cambio climático. Un marco que sirvió para que el país asiático cambiara de opinión respecto al metano y prometiera presentar un plan de recorte de emisiones de dicho gas en 2022, aunque sin sumarse a la iniciativa estadounidense y europea de la semana pasada. Además del impulso a las renovables, la electrificación y la economía circular.

Para la directora ejecutiva de Greenpeace Internacional, Jennifer Morgan, aunque la noticia de reinicio de las relaciones y de la cooperación es buena, la declaración se queda corta dada la necesidad de fijarse una mayor ambición anual de recorte de gases para que la temperatura no supere los 1,5 grados.

Resultados

Frustración, sabor agridulce, optimismo o pesimismo, según el cristal con que se mire, son algunas de las valoraciones que desde el jueves se hacían ya de esta cita. “Ha habido un aumento sustancial en la ambición en las cuatro prioridades que tenía la COP26: asegurar el cero neto global para mediados de siglo y no superar los 1,5 °C de aumento de la temperatura; acelerar la adaptación climática para proteger comunidades y hábitats naturales; movilizar financiación para facilitar la transición energética a los países en desarrollo, y favorecer el trabajo colaborativo de las alianzas”, analiza Àngel Castiñeira, director de la Cátedra Liderazgos y Sostenibilidad de Esade.

Sin embargo, a pesar de este progreso, Castiñeira cree que el resultado final es de frustración. “Ha habido un claro desfase entre las altas expectativas puestas y la sensación de urgencia que vivimos y los compromisos asumidos”, puntualiza, tras tildar de mayores logros los compromisos respecto al carbón y el metano.

Cifras

1,8 grados es el aumento mundial de la temperatura que calcula la Agencia Internacional de la Energía que se producirá con las promesas anunciadas antes y durante la COP26. Un escenario demasiado optimista para los analistas más críticos.

2,4 grados es el alza de la temperatura global que se prevé para 2100 solo con los compromisos a 2030, según Climate Action Tracker. Pero sube a 2,7 grados si se analiza lo que los países están realmente haciendo, no las promesas.

1,1 grados es la temperatura global media del planeta actualmente, la más cálida desde niveles preindustriales por la actividad del hombre.

“Lo triste es que si sumas todos los compromisos, incluidos los nuevos, no son suficientes para evitar el cambio climático en sus peores consecuencias”, lamenta Mike Rosenberg, profesor de Dirección Estratégica del IESE. No obstante, destaca como “grandísimo avance” que India se haya fijado la meta cero neto; que China, el mayor contaminante del mundo, empiece a bajar sus emisiones a partir de 2030, o que General Motors, “algo inaudito”, deje de fabricar coches de combustión en 2035.

Además del mayor protagonismo de empresas, organizaciones y sociedad civil en esta lucha. “Soy optimista, poco a poco el mundo va a cambiar, y se acelerará gracias a la fuerza del mercado”, insiste. Castiñeira resalta también el espíritu de cooperación para alentar más acciones y promover el intercambio de tecnología y políticas entre países y empresas. Y la asertividad europea y estadounidense para elevar los fondos de adaptación y mitigación de los eventos relacionados con el cambio climático en los países en desarrollo.

Pero todavía hay desconfianza sobre si se lograrán desembolsar los 100.000 millones de dólares (más de 86.000 millones de euros) anuales prometidos –hasta ahora solo hay 80.000 millones– a dicho fin. España anunció en la apertura de la cumbre que destinará 1.300 millones a partir de 2025, aumentando un 50% su aportación.

Y las naciones en desarrollo están a la expectativa. “Sería una gran sorpresa si los países ricos pusieran ese dinero sobre la mesa y redoblaran sus esfuerzos para frenar sus emisiones”, manifestó por correo desde Glasgow Atim Beatrice Anywar, ministra de Agua y Medio Ambiente de Uganda, que se adhirió al pacto para frenar la deforestación.

Lo que sí ha quedado en evidencia en la COP26 es que los Gobiernos siguen rezagados frente al sector empresarial en esta lucha.

Examen anual de la reducción de emisiones, acabar con las térmicas y los subsidios a los combustibles fósiles

Activistas con las caretas de los líderes mundiales simulan durante la COP26 una mesa de negociación en el canal escocés de Clyde.
Activistas con las caretas de los líderes mundiales simulan durante la COP26 una mesa de negociación en el canal escocés de Clyde.

Acuerdo final. El primer borrador del acuerdo final de la COP26, publicado el miércoles por la presidencia británica, instaba a los países a presentar en 2022 compromisos renovados para 2030 que eviten que la temperatura avance más de 1,5 ºC a final de siglo frente a los niveles preindustriales, así como a reducir un 45% los gases respecto de los niveles de 2010. También la eliminación gradual del carbón y los subsidios a los combustibles fósiles. Pero un nuevo texto presentado al mediodía del viernes rebajaba el tono de este ruego al sustituir “instar” por “pedir” y “combustibles fósiles” por “subsidios ineficientes” debido al bloqueo de Arabia Saudí. Su ministro de Energía, Abdulaziz bin Salman, llegó a decir que “se luche sin sesgos contra ninguna fuente de energía en particular”. Al cierre de esta edición, las negociaciones seguían abiertas.

Financiación. Para los ecologistas, la declaración final es insuficiente y una oportunidad perdida para que se tomen medidas de acuerdo con la ciencia. Además, criticaron duramente el incumplimiento de la promesa de hace una década de los países ricos de donar 100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros) anuales entre 2020 y 2025 para que las naciones en desarrollo hagan frente a un calentamiento que no han provocado. En el primer ejercicio se llegó a apenas 79.600 millones de dólares y no se espera que la brecha se cierre antes de 2022-2023. En esta COP26 se buscaba diseñar también la financiación a partir de 2025, pero seguía siendo un punto de conflicto.

Pendiente. Otro año más quedan pendientes las reglas del mercado de carbono. “Los países prefieren no cerrarlo a tener un mal acuerdo”, según los ecologistas.

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