El cierre de las aulas puede restar un 2% al PIB y un 3% al salario futuro del estudiante

España se enfrenta al desafío de que ocho millones de alumnos retomen completamente la presencialidad

Un grupo de alumnos ingresa a las instalaciones de un colegio.
Un grupo de alumnos ingresa a las instalaciones de un colegio.

El tercer curso escolar de la pandemia ha empezado bajo la aspiración oficial de volver a la normalidad. El reto será que algo más de ocho millones de alumnos en toda España retomen completamente la presencialidad. Se trata de un desafío con grandes implicaciones económicas; los cierres en los ciclos escolares previos ya podrían generar una caída de hasta el 2% del PIB en las próximas décadas, según estimaciones basadas en diversos informes internacionales. De no cumplirse la plena presencialidad en este ciclo, la caída sería aún mayor. Es más, el cierre de las aulas también implica el descenso de hasta un 3% en los futuros salarios de los estudiantes afectados, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Un informe publicado en septiembre de 2020 por este organismo ya enumeraba las enormes repercusiones económicas que tendría para las naciones el cierre de los colegios a medio y largo plazo. Según sus previsiones, perder un trimestre académico implicaría la caída del 1,5% del PIB anual durante el resto del siglo. Otra investigación del Banco de la Reserva Federal de San Francisco asegura que la interrupción en el aprendizaje podría reducir el nivel de producción económica anual de EE UU en 0,25 puntos durante los próximos 70 años; el equivalente a 90.000 millones de dólares al año (76.176 millones de euros).

Aún no existen informes oficiales en España que midan estas repercusiones económicas, sin embargo, los resultados de otros países a nivel preuniversitario pueden ser aplicables. Así lo asegura Harry Anthony Patrinos, gerente de buenas prácticas de educación en el Banco Mundial. Coincide Ismael Sanz Labrador, catedrático de Economía y vicerrector de calidad de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), quien no espera que el impacto sea mayor al 2% del PIB debido a que España ha reabierto las escuelas antes que casi todas las naciones vecinas.

España fue el décimo país donde menos días de clase se perdieron el año pasado de un total de 30 analizados por la OCDE. En lo que va de 2021 el resultado es todavía mejor, sin embargo, el reto es la plena presencialidad. Sin ella, está garantizada una menor formación del capital humano, pues según Sanz con las clases online se pierde un 20% más del aprendizaje que con las presenciales. Al respecto el economista asegura que “existe evidencia de que una parte importante de la enseñanza implica la personalización a través de tutorías o seguimientos más personales que no tienen sustituto tecnológico”.

Tanto los informes internacionales como los analistas coinciden en que el aprendizaje durante la pandemia ha sido muy desigual, aumentando la brecha de competencias por nivel socioeconómico. Según la OCDE, las pérdidas económicas las sufrirán más los estudiantes desfavorecidos, cuyas familias son menos capaces de reforzar la enseñanza en el hogar. Un punto de partida que se agravaría con un 3% menos de salario en el futuro, según la OCDE. España parte con desventaja en este terreno; aunque destaca por su elevada tasa de escolarización en el primer ciclo de educación infantil (0 a 2 años), que alcanza el 38,2% frente al 25,5% de la OCDE, la brecha se va reduciendo conforme aumenta el grado escolar y termina convirtiéndose en el país de la Unión Europea con el mayor porcentaje de jóvenes (19,7%) entre los 18 y 24 años que no tiene estudios medios. A esto se suma otro dato: tiene una de las mayores tasas de segregación escolar por renta familiar (0,32 sobre 1), según la OCDE.

El Ministerio de Educación reconoce las desigualdades en cuanto a los recursos o capacidades para adaptarse a la educación a distancia de manera efectiva. En el 2020, por ejemplo, el 93,2% de los hogares cuyos ingresos netos mensuales eran superiores a los 1.600 euros disponían de algún tipo de ordenador; en cambio este porcentaje disminuye al 58,2% en las familias con ingresos inferiores a los 900 euros. Así lo señala el informe Situación actual de la educación en España a consecuencia de la pandemia, publicado a inicios de 2021.

Las interrupciones en el aprendizaje escolar ya equivalen a pérdidas globales valoradas en 10 billones de dólares (8.464 millones de euros) en términos de ingresos futuros para todos los niños afectados en esta pandemia, según el Banco Mundial. Cerca de siete millones de estudiantes de primaria y secundaria corren el riesgo de abandonar la escuela. En España, la tasa de abandono educativo temprano se situó en el 16% en 2020, según los datos de la Encuesta de Población Activa. Ante estos datos, los organismos internacionales coinciden en la urgencia de que las escuelas vuelvan a abrir sus puertas e intenten eliminar las lecciones telemáticas.

Sanz agrega que, en cualquier caso, el país está llevando a cabo medidas educativas que ayudarán a mejorar los indicadores. El economista concluye: “iniciativas como la formación de grupos pequeños para dar tutorías harán que se recupere parte del aprendizaje perdido y que a su vez disminuya el impacto económico”.

Evolución del caso español

El 12 de marzo de 2020 todos los centros educativos del país anunciaron el cierre temporal de sus puertas en un intento por frenar la expansión del coronavirus. La medida no era obligatoria sino una recomendación del Gobierno central que los Ejecutivos regionales habían asumido. Dos días después, sin embargo, se declaró el estado de alarma y fue que la suspensión de la actividad lectiva presencial se generalizó. El cierre afectó a 9.552.000 estudiantes: 8.217.000 escolares y 1.335.000 universitarios presenciales.

El primer estado de alarma se prolongó hasta el 21 de junio de 2020, y aunque se fueron levantando las restricciones conforme fue disminuyendo el número de contagios, la suspensión de las clases presenciales se prolongó hasta finales de curso. En consecuencia, toda la actividad lectiva del último trimestre del curso 2019-2020 se realizó a distancia.

En septiembre, con una situación epidemiológica más controlada, las escuelas reabrieron para el curso 2020-2021. Sin embargo, la enseñanza totalmente presencial solo fue generalizada para infantil y primaria, donde un 73,68% de los centros optó por la reducción del tamaño y la ratio de los grupos. Para el resto de niveles educativos el sistema fue mixto, según consta en documentos oficiales.

En el actual ciclo 2021-2022, los ministerios de Sanidad y Educación tienen como objetivo garantizar la máxima presencialidad en todos los grados, al menos mientras se mantenga un nivel de alerta por el Covid entre uno y dos.

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