Balance económico de seis meses de Biden en la Casa Blanca

La economía de EE UU resiste gracias a los escudos públicos, pero las empresas tienen problemas para cubrir empleos

Jeff Bezos, presidente y fundador de Amazon, eligió el 20 de julio para hacer su viaje espacial y hacerlo coincidir con el día en que, en 1969, el hombre llegó a la luna. Al volver a la tierra dijo: “Ha sido el día más importante de mi vida”. Para millones de estadounidenses también fue una fecha señalada porque, con independencia de “raza, color, género o ideología, los norteamericanos son patriotas, por encima de diferencias” (Barack Obama; primer discurso de aceptación, noviembre de 2008).

En 1969, los americanos sabían que, en plena Guerra Fría, los soviéticos habían mandado un hombre al espacio. La propaganda de la URSS hacía creer a Occidente que la Unión Soviética era realmente el paraíso que predicaban sus líderes, ocultando el hambre, los campos de concentración, los gulags y el atraso tecnológico frente a la superioridad de EE UU en armas nucleares y que Nortea­mérica vivió décadas de fuerte crecimiento y creación de empleo, mientras la URSS se desmoronaba por dentro.

El reciente día 20, el National Bureau of Economic Research (INE norteamericano o NBER) hizo públicos datos económicos que dan fe de un fuerte crecimiento. NBER explicó que el segundo período más extenso de crecimiento económico de EE UU se produjo entre junio de 2009 y febrero de 2020. En marzo de aquel año estalló la pandemia y “abril fue el mes en que se produjo el mayor decrecimiento del PIB y aumento del paro, que alcanzó el 15,7%, cuando dos meses antes en América la tasa de desempleo era del 3,5% o pleno empleo”. Pero en marzo de 2020 Trump aprobó el primero de sus planes de estímulo (American Care, 2 billones de dólares) con ayudas económicas directas a familias y pymes y autónomos. NBER constata ahora que la recesión solo duró dos meses –marzo y abril de 2020– porque el PIB empezó a crecer en mayo y, entre mayo y octubre se crearon 7,5 millones de empleos.

Sin volver a caer en la recesión, pero con altibajos, la economía estadounidense se salvó por esas inyecciones de dinero público que llegaron a las personas rápidamente y, sobre todo, porque no hubo un plan sino varios, por lo que aumentó el PIB per cápita. La apertura de negocios, la temporada estival en 2020, el fin de los confinamientos, devolvieron la alegría a la economía. En diciembre de 2020 Trump insufló otro billón de dólares a la economía para impulsar la campaña de Navidad, cuando el retail hace el 70% de sus ventas anuales (contando Thanksgiving Day, Black Friday, Navidad y rebajas de Año Nuevo).

El consumo es el motor de la economía americana, porque supone el 70% del PIB. Los dos repuntes al alza del PIB estadounidense en 2020 y los otros dos de 2021 los ha impulsado el consumo. Joe Biden aprobó tres planes de estímulo al llegar a la Casa Blanca en enero pasado: American Families Plan, The Bipartisan Infrastructure Framework y American Rescue Plan, con tres billones de dólares para familias, pymes, autónomos, entorno rural, la digitalización, la transformación digital, la lucha contra el cambio climático, la transición energética de la energía fósil a la energía limpia, más inversión en defensa –las amenazas china y rusa son reales– conectividad y 5G.

NBER dice que en el primer trimestre de 2021 se creció el 9,1%; en el segundo, el 7,9%, y las previsiones para el segundo semestre son un crecimiento del PIB del 3,5%, volviendo a los niveles prepandemia, con creación de empleo. Este año se han creado 4 millones de puestos de trabajo. Quedan 9,4 millones de desempleados. En junio, se generaron 850.000 empleos, pero los empresarios se quejan de que necesitan de más trabajadores.

La encuesta de población activa del NBER ha detectado que, desde que muchos americanos desempleados empezaron a recibir subsidios y ayudas directas, “les salía más a cuenta” recibir el dinero estatal que ponerse de nuevo a trabajar. Donde más se aprecia es en el sector servicios, especialmente restaurantes, hoteles, ocio, entretenimiento, distribución y retail, tanto físico como online. El sueldo que cobran los empleados de Amazon –donde continuamente hay quejas de trabajadores que dicen ser maltratados por la empresa y esto aparece en los medios de comunicación– de 15 dólares la hora, se ha convertido en la vara de medir el salario de los que menos cobran.

El consumo aumentó en junio el 3,5%. Entretenimiento y ocio crecieron un 3,5%. La construcción de nueva vivienda, 6,9%. Hubieran aumentado más, mucho más, pero 9 millones de empleos no se cubrieron por la razón esgrimida por el NBER. McDonald’s, Burger King, Starbucks, Walmart, Best Buy han necesitado más empleados, pero no los han conseguido. El avance de la robótica, la digitalización y la inteligencia artificial en el sector retail y alimentación ha sido mayor que en otros sectores, ante la falta de personal. Lo que pone el dedo en la llaga de la necesidad de formar en nuevas capacidades profesionales a esos 9 millones de personas que, cuando se acaben los subsidios, tendrán que volver al mercado laboral.

Mientras, la inflación ha alcanzado el 1,9%, acercándose al objetivo de la Fed (2%), cuyo presidente, Jerome Powell, es partidario de no subir los tipos ni retirar la compra de activos del Tesoro e hipotecarios. Mucho se habló del tapering (retirada de la compra de esos activos), pero ya anticipamos hace seis meses aquí que habrá que esperar a la consolidación rotunda de la recuperación económica.

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de ‘El New Deal de Trump-Harris: la nueva política económica para el siglo XXI’