La preocupación de los museos por atraer a jóvenes y a público local

Las pinacotecas deben atender a las demandas sociales actuales en materia de sostenibilidad y género

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Una multitud de visitantes aguarda a la entrada de un museo. GETTY IMAGES

Temas como la igualdad de género, la no discriminación por cuestiones de raza o la preocupación por el medio ambiente han cobrado especial relevancia en la agenda pública en los últimos años. El mundo de la cultura ha sido testigo de estos avances, pero, para la comisaria independiente y crítica de arte Rocío de la Villa, esto no es suficiente, sino que los agentes de esta industria deben implicarse de una manera mucho más activa. “Los museos tienen que ser modélicos porque deben representar nuestros mejores valores”, insistió la experta durante la mesa redonda El museo del futuro, organizada por el Thyssen en el marco del Día Internacional de los Museos.

En este sentido, el director artístico de la pinacoteca, Guillermo Solana, recordó el aterrizaje de Evelio Acevedo, actual director gerente del Thyssen en el museo, hace casi diez años, durante una exposición sobre Edward Hopper: “Yo estaba preso de la emoción porque estábamos batiendo récord de visitantes, cuando él me dijo que deberíamos publicar la huella de carbono de esa muestra. En ese momento, me pareció un aguafiestas, pero ahora me cuesta comprender mi actitud de entonces”.

En la actualidad, los museos han introducido cambios que van desde emplear tecnologías de calefacción más eficientes a revisar los folletos de las exposiciones. Esta tendencia viene impulsada por las nuevas generaciones, reivindicó el divulgador Miguel Ángel Cajigal, conocido como El Barroquista. “Los jóvenes se empiezan a preocupar más por la sostenibilidad. Cada vez hay más personas que se plantean no coger un vuelo para ir a ver una exposición a Londres porque contamina. Es aquí donde habrá que potenciar las nuevas plataformas digitales, porque tenemos un problema medioambiental y los museos tienen que aportar su granito de arena para frenarlo”, continuó.

Un planteamiento con el que también coincidió Solana, quien cree que las exposiciones temporales, tal y como están concebidas actualmente, tienen los días contados. “Yo he vivido su gran época, pero cada vez son más caras y se está pasando el hype”, apuntó. Sí que habrá todavía espacio, matizó, para obras invitadas o pequeñas muestras, pero no para conjuntos de 150 piezas provenientes de diferentes países del mundo como hasta ahora. El experto desarrolló que las exposiciones y las colecciones permanentes de los museos son como una equis: los viajeros visitan las obras fijas, mientras que las muestras temporales están enfocadas al público local. “Los turistas seguirán viniendo por las colecciones permanentes, pero tenemos que buscar nuevas formas de atraer a los locales para fidelizarlos. Una de esas fórmulas es la idea de comunidad”, planteó.

Una cuestión que pasa por acercarse más a la audiencia. En este camino, algunos departamentos que hasta el momento eran inexistentes o pasaban desapercibidos se han abierto paso hasta la primera línea. Es el caso de los responsables de educación, comunicación y marketing, que “hoy en día son los verdaderos protagonistas de los museos en muchos sentidos”, reconoció Solana. Pero hay que ir más allá para que la comunicación no sea unidireccional.

“No se trata solo de vender, sino de diversificar el contacto con el público en todos los sentidos posibles para crear comunidad”, prosiguió. Para De la Villa, este proceso de transformación requiere que las instituciones estén muy pegadas al día a día, desde una mayor relación con los artistas vivos al planteamiento de temáticas sociales. “A la gente le interesa ligar su experiencia en el museo con la vida, a cosas que pueda conectar y que está viendo en su época, pero al parecer nuestro telón de fondo sigue siendo la posmodernidad y somos incapaces de crear nuevos cánones”, comentó.

Un reto en el que las pequeñas acciones tienen un impacto mayor que programas grandilocuentes, pues este vínculo entre el museo y su entorno se construye gota a gota. Especialmente en relación a las mujeres, con quienes las pinacotecas tienen muchas asignaturas pendientes. En este sentido, De la Villa reivindicó que “los museos tienen que tener una acción continua, no vale con pequeños gestos como exposiciones puntuales sobre una artista”. La transformación debe comenzar desde el interior, con planes de conciliación para las personas que trabajan en ellos, hasta la cara más visible, lo que implica revisar la colección permanente.

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