Deuda

El FMI alerta de una crisis de crédito si se alarga el parón económico

Pone en el foco en unos nueve billones en deuda 'high yield', préstamos apalancados y deuda privada

El FMI alerta de una crisis de crédito si se alarga el parón económico
EFE

El FMI empieza a contemplar el peor de los escenarios posibles. El hecho de que, de prolongarse el Gran Confinamiento y el parón económico, la situación puede derivar en un colapso de los canales de crédito. Los bancos dejarían de fiarse entre sí y cortarían en seco el flujo de dinero a las empresas. Un fenómeno que ya atenazó a las finanzas en 2008, un credit crunch o crisis de crédito, que puede dejar desprovista a la economía del cortafuegos de la financiación bancaria.

“Esta crisis presenta una amenaza muy seria a la estabilidad global del sistema financiero. Tras la eclosión del Covid-19, las condiciones financieras se endurecieron a una velocidad sin parangón, provocando algunos cracs en los mercados financieros. La volatilidad repuntó y los diferenciales de la deuda aumentaron por las previsiones de una avalancha de quiebras. Las señales de estrés en los mercados emergieron, incluidos los mercados en dólares” indica Tobias Adrian, consejero financiero del FMI.

El informe empieza relatando cómo los mercados empezaron a poner en precio de manera muy súbita la expansión por la economía debido al Covid-19. Algo a lo que contribuyó la guerra del petróleo en la que se han enzarzado Rusia y Arabia Saudí en el último mes. Todo esto hundió las Bolsas, disparó el precio de los activos refugio como los bonos estadounidenses o alemanes y puso en el disparadero a los más vulnerables, entre ellos los de empresas con rating inferior a BBB-, una nota conocida como bono basura. También secó las nuevas emisiones y ha provocado una avalancha de bajadas de ratings.

Más complicada es la situación para el mercado monetario, de financiación a corto plazo, que dejó de funcionar en el momento del colapso. Los inversores vendieron los activos y además algunas entidades intermediarias de este instrumento (pagarés, en la jerga española) comenzaron a sufrir restricciones respecto a esta financiación a corto plazo.

El Fondo menciona que, además de Estados Unidos, también Australia, Canadá y Reino Unido sufrieron ­shocks similares. También en Europa y en España, donde los pagarés de las empresas con grado inferior al venerado nivel de BBB-, comenzaron a caer en desgracia. Incluso las empresas más solventes se vieron obligadas a salir al mercado de largo plazo, ante la imposibilidad de refinanciar su papel comercial.

“Estos procesos han aumentado el riesgo de que la incapacidad de las empresas para atender a sus pagos de deuda podría poner presión a los bancos y congelar los créditos. Un periodo prolongado de dislocación en los mercados podría tensionar a las instituciones financieras y podría derivar en un credit crunch, que puede dañar aún más la marcha económica”, indica Adrian.

El FMI pone en el foco en tres tipos de activos: los bonos high yield, los préstamos apalancados y la deuda privada. Tres segmentos que han crecido exponencialmente tras la última crisis y que ahora representan unos 9 billones de dólares, según la institución que dirige Kristalina Georgieva.

“Está claro que es necesaria una combinación de políticas monetarias, fiscales y financieras para seguir dando apoyo a la estabilidad del sistema financiero global y reservar la solidez de las instituciones financieras, especialmente si la actividad económica sigue paralizada más e lo esperado”, reza el informe.

La complicada situación experimentada por los mercados ha forzado a los bancos centrales a intervenir. El FMI prevé que estos mantengan bajos los tipos de interés, así como que prosigan con sus programas de compras de activos. De cara al futuro, el Fondo insta a estas instituciones a intervenir para mantener el flujo de crédito en la economía y evitar un endurecimiento de las condiciones de financiación para aquellas compañías que no sean grado de inversión.

Los bancos centrales de todo el planeta han intervenido directamente con compras de deuda de todo tipo, por 2,1 billones de euros el caso de la Fed, por  640.000 millones en Reino Unido y por 750.000 millones en la zona euro. El BCE ha aliviado la presión sobre el papel comercial y las compras de deuda superarán los 1,1 billones antes de final de año, puesto que la cuantía se añade a los planes ya anunciados.

El Banco Central que preside Jerome Powell ha tomado la delantera al anunciar que también comprará deuda inferior a BBB-, siempre que tuviera esa nota antes del 23 de marzo, cuando anunció sus planes de adquisiciones masivos de deuda. Incluso anticipó que comprará fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) con deuda de subyacente. Esto abre la puerta a que la institución que preside Christiene Lagarde se decida a romper también su tabú y adquiera bonos sin grado de inversión o high yield.

Los bancos están más preparados

Capital y liquidez. A diferencia de lo ocurrido en la Gran Crisis Financiera que estalló en 2008, los bancos, el muro de contención que en última instancia debe inyectar la liquidez en la economía real, están mejor preparados. “Tienen más capital y liquidez que en el pasado y han sido sometidos a pruebas de tensión; además, las inyecciones de liquidez de los bancos centrales han contribuido a mitigar los riesgos de financiamiento, lo que los coloca en una mejor posición que en el inicio de la crisis financiera mundial”, sentencia el FMI.

Casos puntuales. No todo son palabras bonitas para la banca por parte del Fondo. “En algunos países su resiliencia podría verse sometida a prueba ante las grandes pérdidas crediticias y en los mercados, lo que puede llevarlos a reducir sus préstamos a la economía, amplificando la desaceleración de la actividad”, sentencia. El BCE, como medida preventiva, ya solicitó a las alrededor de 120 entidades financieras de la zona euro que vigila directamente que se abstengan de dar dividendos hasta octubre.

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