Asier Zubillaga: “A Europa le queda mucho para ser autónoma”

La falta de aviones es un obstáculo para importar material sanitario

Asier Zubillaga, director general de Farmadosis, en una farmacia en Madrid.
Asier Zubillaga, director general de Farmadosis, en una farmacia en Madrid.

Asier Zubillaga (Navarra, 1978) es un hombre acostumbrado a reinventarse. Lo hizo en 2012, cuando se dio cuenta de la gran cantidad de tiempo que perdía su mujer, farmacéutica, en preparar a mano las dosis de medicamentos de cada paciente. Abandonó la construcción y se lanzó a fundar Farmadosis, una empresa que construye máquinas de emblistado cuyo grupo factura ya 8,5 millones de euros anuales. Nada comparable, sin embargo, a lo que ha vivido en los últimos meses, cuando se ha visto ante el reto de abastecer a sus desesperados sanitarios de guantes y mascarillas, ahora mismo los materiales más codiciados del planeta.

¿Cuándo se dieron cuenta de que este coronavirus iba en serio?

Como trabajamos con empresas en China, lo supimos antes que mucha otra gente, ya en el mes de enero. Nos pidieron muchísimos guantes y mascarillas, un material que ahora nos están mandando ellos. Tenemos cajas que han dado la vuelta al mundo.

¿Pudieron advertir a las autoridades?

Cuando se nos consultó, dimos nuestra opinión, pero al final nosotros no dejamos de ser ingenieros. Para la empresa fue raro. Mientras nos avisaban desde Asia de que lo que venía era muy grave, Europa decía que no nos teníamos que preocupar, que no llegaría. Hasta que llegó a Italia. Se minimizó el riesgo durante mes y medio y faltó prevención, y los resultados ya los estamos viendo.

¿Cómo se prepararon ustedes?

Nos vino bien no ser una empresa demasiado grande, porque pudimos cambiar el rumbo rápido y adaptarnos a nuestros clientes, que necesitaban cierto material muy rápido.

¿Y cómo gestionan estas peticiones en mitad de esta crisis?

De difícil manera, porque las fábricas ya no pueden hacer más turnos y escasea incluso la materia prima. Tenemos la suerte de que Laoken, la multinacional china con la que trabajamos, está respetando los acuerdos y nos está vendiendo su material a nosotros, a pesar de que los estadounidenses han entrado ofreciendo muchísimo más dinero. Esto nos permite traer dos millones de unidades a la semana. No es todo lo que nos gustaría, pero nos da para abastecer un poco.

¿Qué es lo que más les piden?

Primero faltaron muchas mascarillas. Ahora también faltan guantes y trajes de protección para los hospitales.

¿Cuál es la parte más difícil en el proceso de importar ese material?

El transporte, sin duda. En Farmadosis no hemos hecho ningún ERTE, pero trabajamos 16 horas al día que se nos van en buscar aviones. Se ha abierto un corredor aéreo con China, pero es insuficiente porque Europa ahora mismo es una subasta, todos los países quieren traer material y traerlo ya, y los aviones se llenan muy rápido. Otros medios como el barco o el tren tardan un mes en llegar, un tiempo inasumible.

¿En qué punto se encuentra la producción?

Creemos que estamos llegando al final de la curva también en la cuestión del desabastecimiento. Calculamos que en unas dos semanas se empezarán a resolver los problemas de falta de material. Esto, teniendo en cuenta que, aunque la enfermedad se controle, habrá un tiempo en que se seguirán fabricando muchos guantes y mascarillas porque la gente estará obligada a llevarlas, como sucede en Corea del Sur o Japón.

Pero en países como Estados Unidos se espera que aún llegue lo peor.

Sí, queda mucho para que todo vuelva a rodar, pero el primer paso es estar todos protegidos y evitar otra curva.

Varios líderes han hablado de que Europa debe producir su propio material. ¿Lo ve posible?

Nosotros defendemos la importancia de crear riqueza en la tierra de origen, pero India y China producen mucho más barato, y vivimos en un mundo global. A Europa le queda mucho camino para ser autónoma.

¿Estará el continente preparado para otro brote?

El virus no desaparecerá, pero la gente tendrá más anticuerpos y el efecto en la población será menor. También ha cambiado nuestra percepción sobre ciertos hábitos, y sobre lo necesario que es tener siempre reserva de sobra de materiales sanitarios. El mundo entero ha aprendido una lección.

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