La industria, hacia una producción con menos hidrocarburos

El primer paso es la generación de energía renovable

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La fábrica cementera El Alto, en Morata de Tajuña (Madrid), en la que la combustión se efectúa en un circuito cerrado.

Reducir la dependencia de la industria de los combustibles fósiles hasta llegar a su completa descarbonificación es uno de los principales objetivos a los que la comunidad internacional ha decidido comprometerse para llegar a una economía sostenible.

La industria española “está muy involucrada en la reducción de la huella de carbono”, señala el decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunidad Valenciana, Salvador Puigdengolas. Entre otras razones, porque los llamados derechos de emisión de dióxido de carbono (CO2) suponen un coste adicional cada vez más difícil de asumir.

Las mejoras para aumentar la eficiencia, claves

El primer paso en este sentido es crear las condiciones para que un consumidor de energía tan voraz como la industria se alimente a través de un pool en el que las renovables adquieran cada vez más peso en detrimento de las fósiles. En palabras de Puigdengolas, antes de todo se trata de “aprovechar las condiciones geográficas y climáticas de los lugares en los que se encuentren las instalaciones y utilizar la solar fotovoltaica, la eólica, la hídrica y la maremotriz”.

De esta forma, si la industria siderúrgica es el principal consumidor eléctrico nacional, su neutralidad climática en 2050 será posible si avanza en “la producción de energía libre de carbono a precio asequible”, cree Andrés Barceló, director general de la Asociación de las Empresas Productoras de Acero (Unesid).

Las plantas serán capaces de absorber todas sus emisiones de CO2 para reutilizarlas como materia prima

Juan Antonio Labat, director general de Feique

Pero los cambios en procesos y productos son también esenciales para alcanzar una mayor eficiencia. En acerías eléctricas, por ejemplo, es posible limitar el uso del carbón en el proceso de fabricación. En el procesado del acero, los hornos de calentamiento y tratamiento se pueden alimentar con hidrógeno o electricidad verde o una mezcla de ambos. Y en la siderurgia integral, sustituir el coque de carbón con otros agentes reductores, como el hidrógeno o el dióxido de carbono, una vez capturado.

Lo mismo ocurre en la industria cementera. El presidente de la agrupación de fabricantes de cemento de España (Oficemen), Víctor García Brosa, se dice convencido de que este sector tiene que seguir en su apuesta por el uso de combustibles derivados de residuos en sustitución del muy habitual coque del petróleo. “La mayoría de ellos son total o parcialmente biomasa y, por tanto, neutros en cuanto a emisiones de CO2”, apunta Brosa.

Química y aviación

Un objetivo, este último, que se propone también el sector químico. Antes de 2050, “las plantas serán capaces de absorber todas sus emisiones de CO2, para luego utilizarlas como materia prima en sus procesos”, asegura el director general de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique), Juan Antonio Labat.

De hecho, varias compañías ya fabrican polímeros y productos químicos que han reemplazado los hidrocarburos por dióxido de carbono.

Aunque la aviación civil sea responsable de apenas el 2,5% de las emisiones de carbono, según la Comisión Europea, este sector también se ha sumado al esfuerzo para reducirlas. Javier Gándara, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), indica que en las próximas décadas será necesario desarrollar los biocombustibles y el avión eléctrico.

De momento, se están tomando medidas operacionales, como la disminución del peso a bordo de las aeronaves, pero, a corto plazo, Gándara apuesta por la inversión en programas de compensación para que, por cada tonelada emitida, se evite otra en algún lugar del planeta, y en la creación del espacio aéreo único europeo, que redundaría en un ahorro de 10 millones de toneladas de carbono al año, el equivalente a las emisiones de una compañía como Ryanair.

El futuro está en la máquina

Producción. Uno de los pilares de la descarbonificación es involucrar al consumidor en la producción. “Las empresas desarrollarán instalaciones de energía renovable para su propio consumo y para abastecer también a la red eléctrica”, explica Puigdengolas.

Economía circular. El segundo eje es el aprovechamiento de los elementos residuales que la industria vaya generando, hasta llegar a “cero desperdicios energéticos”, asevera.

Eficiencia. Una vez que el big data haya permitido alcanzar niveles muy altos de eficiencia, “el machine learning hará posible más mejoras en la gestión de los procesos”.

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