El reto de la descarbonización para el sector cementero

Desde la industria debemos buscar un equilibrio para adaptarnos a la nueva realidad, pero al tiempo sin perder competitividad

El reto de la descarbonización para el sector cementero

La lucha contra el cambio climático y los problemas asociados al mismo son una prioridad para Europa. De ahí que la Comisión Europea establezca para 2020 una reducción del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero, con respecto a 1990, y del 40% para 2030 (actualmente en discusión para un aumento del compromiso a 50%-55%), con la finalidad de descarbonatar la sociedad al horizonte 2050.

Desde la industria cementera hemos asumido este objetivo como un reto, pero a su vez como una forma de dar un paso más en la conciliación de nuestra actividad con el respeto y el cuidado del medio ambiente. Para nosotros, el hormigón es el elemento central que nos ayudará a realizar esta transición, ya que ningún otro material permite infraestructuras y construcciones tan seguras, versátiles y durables. Se trata de un producto disponible localmente en todo el mundo y es reciclable y sostenible, al contar con una baja huella de carbono.

Gracias a los innovadores productos y soluciones con base hormigón, conseguimos dar respuesta a desafíos como la reducción de la huella de CO2, mejorar la eficiencia energética de los edificios, disminuir costes y aportar mayor rapidez a la ejecución de la obra, así como un resultado caracterizado por un impacto visual arquitectónico y estético.

En la búsqueda de fórmulas innovadoras para reducir las emisiones de CO2 en el sector, estamos valorando las nuevas tecnologías emergentes como la captura, transporte, almacenamiento y usos del CO2 (CUAC) que, con el apoyo de políticas específicas y ciertos requisitos tecnológicos previos, permitirían alcanzar una reducción potencial del 80% para el año 2050.

Con el fin de poner en el mercado productos y soluciones bajos en carbono destinados a la construcción, dos aspectos son clave en el proceso de fabricación del cemento: factor de emisión y factor clínker (componente principal del cemento).

En lo relativo al factor emisión, las líneas en las que trabajamos desde la industria del cemento se orientan al desarrollo de nuevos tipos de clínker, en reemplazar la materia prima como la caliza –que se descarbonata en el horno– por otros materiales con menos carbono y por la sustitución de combustibles fósiles por combustibles alternativos con menor factor de emisión o por biomasa.

El empleo de residuos como materias primas y combustibles alternativos es otra práctica habitual con la que desde las empresas del sector contribuimos a la economía circular. Este proceso, conocido como co-procesamiento o valorización energética y mineral, permite reducir las emisiones de CO2 y limitar el consumo de recursos naturales, a la vez que se consigue aprovechar la energía contenida en los residuos, que de otra manera terminaría desperdiciada en vertederos.

La valorización constituye, según la Unión Europea, una alternativa segura y sostenible para la gestión de residuos en detrimento de los vertederos.

Adicionalmente a la reducción de CO2 en la fabricación del clínker, desde la industria trabajamos en el factor clínker con la finalidad de reducir el contenido de este componente en el cemento y, en consecuencia, el contenido total de CO2 por tonelada de cemento. Para poder alcanzar estas metas y como parte de nuestra estrategia de economía circular, desde LafargeHolcim España destinaremos, en los próximos años (2019-2022), cerca de 20 millones de euros a diversos proyectos con los que se conseguirá evitar la emisión de cerca de 90.000 toneladas anuales de dióxido de carbono.

Los pasos tomados por la industria cementera en España para cumplir con los compromisos de descarbonización que marca la Comisión Europea, se topan con la continua pérdida de competitividad, motivada principalmente por: la diferencia competitiva dictada por la desigualdad de costes con respecto a países de fuera de la Unión Europea que no cuentan con derechos de emisión de CO2; la baja demanda doméstica por la caída de la obra pública; y por el aumento de los costes eléctricos que, en el caso de España, son de los más elevados de Europa.

Asimismo, la situación se complica todavía más si miramos fuera de la Unión Europa. Y es que los fabricantes de Turquía, Asia o del Norte de África, por ejemplo, cuentan con unos costes energéticos mucho más bajos y además no son penalizados en el mercado europeo por sus emisiones de CO2. Todo esto incide en las exportaciones españolas, que ya encadenan 28 meses en números rojos, con una caída del 21% en lo que llevamos de año. También favorece la entrada de productos procedentes de países extracomunitarios, que emiten de media un 8% más de CO2 que en la producción doméstica, ya que en estos países no existe una agenda de descarbonatación como la de la Unión Europea, poniendo así en riesgo la viabilidad de nuestro sector cementero.

La gestión del CO2 supone, por tanto, un gran esfuerzo y un sobrecoste para las empresas en su apuesta por la descarbonización. Las medidas que implementamos en la lucha contra el cambio climático tendrán que ser entendidas por la sociedad y asumidas eventualmente por los consumidores, como sucedió en 2018 con las eléctricas, que repercutieron la subida de los precios de los derechos de emisión de CO2 en la factura de la luz. Todo ello, con el compromiso de que desde el sector cementero trabajaremos en la búsqueda de soluciones para minimizar el impacto en nuestros clientes y garantizar la calidad de los productos.

Con este contexto, desde la industria debemos buscar un equilibrio para adaptarnos a una nueva realidad, hacia la que necesariamente tenemos que evolucionar, enfocándonos a la construcción sostenible, pero sin perder competitividad.

Isidoro Miranda es Director General de LafargeHolcim España. Vicepresidente de Cembureau