Los retos económicos de la CE de Ursula von der Leyen

Su equipo afronta un entorno de desaceleración, un posible Brexit duro y el auge del populismo

Úrsula Von der Leyen, nueva presidenta de la CE.
Úrsula Von der Leyen, nueva presidenta de la CE.

La nueva presidenta de la Comisión Europea acaba de hacer público su nuevo equipo de comisarios, aunque todavía tiene que pasar la aprobación del Parlamento Europeo, lo que se espera no sea problemático. Ursula von der Leyen se presenta como alguien mucho más flexible y menos polémica que su antecesor Jean-Claude Juncker, cuyo mandato fue cuestionado desde su nombramiento en 2014 hasta sus últimas apariciones públicas. No fue una decisión compartida por todos, el haber nombrado presidente de la Comisión a alguien que fue ministro de Hacienda y posteriormente presidente de Luxemburgo en los años de secretismo en los que se otorgaron beneficios fiscales sin parangón a favor de ciertas multinacionales a través de los famosos tax ruling.

Las elecciones de mayo 2019, tuvieron como resultado un Parlamento europeo fragmentado sin claros ganadores. Tras un largo debate se nombró por consenso a Von der Leyen como nueva presidenta de la Comisión Europea y para ello tuvo que prometer cambios en la estructura de la Comisión y en las políticas previamente aplicadas.

Esta nueva Comisión tiene que hacer frente a retos de enorme relevancia en un marco de desaceleración económica latente, un posible Brexit duro y un auge de corrientes populistas contrarias a la Unión.

Centrándonos es el aspecto económico, quisiera resaltar el relevo de Pierre Moscovici (francés) como comisario de impuestos y economía por Paolo Gentiloni (exministro italiano). A nivel fiscalidad, queda pendiente que los Estados miembros aprueben la directiva que incorporará a nivel UE el impuesto sobre servicios digitales presentado por la Comisión en 2018 y que está paralizado por el voto en contra de Irlanda, Suecia y Dinamarca. La falta de acuerdo ha llevado a ciertos Estados, entre ellos España, a anunciar o aprobar la incorporación unilateral de dicho impuesto sin esperar a que se adopte de forma unánime en la UE. Otra iniciativa es la relativa a la directiva sobre la fiscalidad de la economía digital –una propuesta más a largo plazo que el impuesto digital–. Además, hay que hacer frente a la implementación del plan de lucha contra el fraude de IVA y otras propuestas que han quedado paralizadas por el momento.

Pero este mismo comisario tendrá que hacer frente a la modificación de la normativa sobre gobernanza económica de la UE, en concreto el Pacto de estabilidad y crecimiento aprobado en 1997 y modificado cuando estalló la crisis financiera a través del Tratado de estabilidad, coordinación y gobernanza de 2012, el cual incorporaba unas disposiciones fiscales más estrictas que el Pacto de estabilidad y crecimiento previo.

A través de este Tratado la UE ha controlado el déficit y la deuda excesiva de los Estados miembros. Los parámetros fijados han sido superados durante años por varios Estados del sur de Europa, entre ellos España, Italia, Grecia, Portugal e incluso Francia. No será fácil llegar a ningún acuerdo, dado que por un lado algunos Estados entienden que se debería endurecer el Pacto para que se pudiera sancionar a los Estados que incumplen los parámetros sin tener que pasar por el proceso actual largo y tedioso y por otro están los que creen que deben flexibilizarse dichos parámetros y se debe impulsar el crecimiento y la inversión en su lugar. Personalmente, creo que el pacto podría adaptar sus parámetros a la realidad económica de la UE, tampoco comparto que se dicten las mismas recetas de austeridad desde Bruselas para todos los Estados que incumplan las reglas, dado que sus realidades son distintas. Se debería priorizar el crecimiento y la inversión sin duda, dejando a un lado una austeridad excesiva que tanto ha dañado a los ciudadanos, pero no deberían eliminarse o fijar parámetros laxos, de otra forma volveríamos a las circunstancias ya vividas en 2008.

Una comisaria del equipo de Juncker que ha tenido un importante empuje es Margrethe Vestager (danesa), comisaria de Competencia y ahora también vicepresidenta ejecutiva para asuntos digitales. Si alguien esperaba que su política agresiva sobre ayudas de estado fiscales que la han hecho tan famosa iba a mitigarse con un nuevo comisario, se ha equivocado. Lo mismo en relación con su política antimonopolio. Con este nuevo mandato reforzará su cruzada contra las multinacionales norteamericanas que durante años han abusado impunemente de su posición dominante y han recibido unos tax rulings que ninguna otra empresa hubiera soñado nunca con obtener. También mantendrá la misma línea con los expedientes abiertos desde 2014, entre otros Estados a España por ayudas fiscales otorgadas a ciertos sectores.

Las relaciones comerciales de la UE las llevará Phil Hogan (irlandés), lo que a España no le será muy ventajoso, dado su reticencia a cerrar acuerdos con Mercosur. Los retos en esta cartera son mayúsculos. La UE necesita volver a posicionarse en el mercado mundial como un lugar seguro y atractivo de inversión, pero también debe controlar el exceso de inversión de China en la UE, sobre todo en lo que se refiere a infraestructuras estratégicas como puertos, aeropuerto, trenes etc., y desde luego debe mejorar las relaciones con EE UU y fortalecer las relaciones comerciales con África.

Valdis Dombrovskis (letón) será vicepresidente ejecutivo y se hará cargo de la coordinación de la Dirección General de Estabilidad Financiera, Servicios Financieros y Unión de los Mercados de Capitales, con retos importantísimo en la consolidación de la Unión Bancaria y en las políticas financieras de la UE.

En conclusión, la nueva presidenta de la Comisión y su colegio de comisarios se enfrentan a unos retos determinantes para el futuro de la economía de la UE, ¿cumplirán con las expectativas generadas? La historia está por escribir, démosles un voto de confianza.

Por ahora me quedo con la satisfacción de ver a un español de la talla de Josep Borrell como Alto Representante de la UE, sin duda lo hará mejor que su antecesora italiana y seguirá la estela de Javier Solana, el mejor político que España ha exportado a la UE.

Patricia Lampreave es Experta en fiscalidad europea y ayudas de estado. Profesor de Derecho Financiero y Tributario

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