Qué comeremos en los próximos 20 años

La ONU alerta de que es necesario reducir el consumo de carne y cambiar el sistema de producción alimentario, y los 'millennials' apuestan por los nuevos alimentos de laboratorio

Qué comeremos en los próximos 20 años

La ONU ha lanzado una alarma mundial: o se cambia el sistema de producción alimentario o el planeta no sobrevivirá. La organización internacional, a raíz de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), acaba de arrojar varios mensajes de urgencia: es necesario preservar el suelo del planeta, clave para el equilibrio ambiental, y sobre todo para que no contribuya al cambio climático, como está ocurriendo debido a los nuevos usos agrícolas, ganaderos o para infraestructuras; y evitar su degradación y desertificación.

También insta a cambiar las políticas agrarias, controlando el uso de los fertilizantes y las emisiones de metano y óxido de nitrógeno asociadas al ganado, debido a que son una fuente relevante de emisiones de gases invernadero. En este sentido, se invita a reducir la producción de carne y la alimentación industrial, y se insiste en la obtención sostenible de alimentos. En definitiva, comer mejor para salvar el planeta. A todo esto se añaden otros elementos, entre ellos demográficos, que configurarán la alimentación futura del planeta: en 2050, según datos de la ONU, habrá unos 2.000 millones de habitantes más, que demandarán un 60% más de alimentos.

Las preferencias también están cambiando: en las dos últimas décadas ha crecido el número de veganos, cuya cifra, según destaca el informe elaborado por UBS, The food revolution, aún está por determinar, pero destaca que hay millones de personas siguiendo esta corriente. También se recalca otro fenómeno impensable hace 20 años, como es la elaboración de carne cultivada en laboratorios, negocio en el que ha entrado hasta el mismísimo Bill Gates, a través de la empresa estadounidense Memphis Meats. Ante todo esto, los expertos se preguntan si estas tendencias seguirán vigentes en 2030 o surgirán nuevos alimentos, marcados por la innovación y la tecnología, con el fin de revolucionar el sistema alimentario ya existente.

El citado estudio destaca que el éxito de una industria en ciernes no es lo único que está en juego, sino que también lo está la salud del planeta. Se necesita transformar completamente la producción mundial de alimentos para satisfacer la necesidad cambiante de los consumidores de alimentos, sanos y nutritivos para todos, y conservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Y para ello hay que pensar a corto y largo plazo a la vez, y adoptar un enfoque práctico. Porque, a medida que los países se urbanizan, la elaboración de alimentos cambia, y las decisiones sobre cómo asignar recursos entre las áreas urbanas y rurales se vuelven cada vez más complejas.
La escasez de agua, por ejemplo, se convertirá en una cuestión clave, así como la competencia por la tierra, que también afectará al comercio de alimentos y de productos agrícolas.

El informe, elaborado por la entidad financiera suiza, reconoce varios tipos de consumidores: los nuevos urbanitas asiáticos, la generación X, los millennials (estos representarán el año próximo, según Deloitte, el 40% de los compradores, que moverán 40.000 millones de dólares en ventas) y el resto de los consumidores en general.

El común denominador es que se trata de un colectivo hiperconectado, con acceso inmediato a las últimas soluciones tecnológicas, a través de varias plataformas digitales. Esto quiere decir que el consumo de productos y servicios se realiza a través de aplicaciones como GrubHub, Deliveroo o Uber Eats. Y son los millennials los que tienden a preferir esas nuevas marcas de productos alimenticios, de ahí la creciente popularidad de las propuestas de Beyond Meat o Impossible Burger, centradas en productos veganos.

Como parte de este cambio, son los jóvenes los que muestran una mayor preferencia hacia la alimentación consciente (mindful eating), o lo que es lo mismo, la elección de marcas y alimentos que provienen de fuentes sostenibles, lo que implica un compromiso consciente con la industria alimentaria, y sobre todo en cómo se producen estos alimentos.

Otra tendencia en alza, que va en línea con el llamamiento de la ONU, ofrece cambiar de dieta para que esta tenga una base vegetal, debido a que los beneficios, apuntan los expertos, son mayores en cuanto a salud y sostenibilidad medioambiental.

Pero el gran reto es conseguir aumentar para 2050 la producción de alimentos con un único fin: dar de comer a casi 10.000 millones de personas en todo el planeta. Sin olvidar otro dato mucho más alarmante: casi 820 millones de personas en todo el mundo sufren de desnutrición crónica.

Factores a tener en cuenta

Diversidad. Es otra tendencia, que viene marcada por la variedad de culturas o creencias religiosas que influyen en la alimentación y que determinan, por ejemplo, el consumo de proteína animal o la presencia de tradiciones, como la corriente vegetariana de la India.

Buena salud. El informe de la Comisión Lancet sobre mejores dietas para un mejor futuro personal y planetario alerta sobre que una alimentación insalubre es responsable en todo el mundo una de cada cinco muertes prematuras cada año. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 80% de los niños prematuros, así como casos de enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, diabetes, o el 40% de los cánceres, podrían evitarse si las dietas poco saludables fueran eliminadas.

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