El difícil equilibrio entre dirigir y delegar

Frecuentemente uno quiere hacer lo que mejor sabe hacer, y eso no suelen ser las funciones propias de dirigir, sino de ejecutar

Muchos equipos no funcionan, porque quién tiene que dirigirlos, en lugar de hacerlo está dedicado a otras cosas, en concreto a ejecutar. En el día a día de un jefe, sus funciones consisten en labores de dirección y de ejecución. Un buen líder debería dedicar aproximadamente el 80% de su tiempo a dirigir y el 20% a ejecutar. Pero en la mayoría de los casos, encontramos que el director o directora, está dedicando gran parte de su tiempo a sacar adelante el trabajo y solo un 20% a labores propias de la dirección.

El equilibrio tampoco sería dedicarse al 100% a la dirección, abandonando por completo la ejecución, porque no conviene perder el contacto con la realidad del trabajo diario del equipo. Es decir, es interesante que un jefe, de vez en cuando, esté muy encima de lo que se está haciendo, pero teniendo claro que esa no es su principal función y si lo es crear las condiciones para que su equipo haga su trabajo.

Lo que ocurre es que frecuentemente uno quiere hacer lo que mejor sabe hacer, y eso no suelen ser las funciones propias de dirección, sino las de ejecución. Por ejemplo, en una empresa en la que hay cinco comerciales y hay que elegir a un jefe de ventas, la mayoría de los directores generales escogería para ese puesto a su mejor vendedor. Ahí está el error, este nuevo jefe de ventas ha demostrado que sabe vender, y es probable que siga queriendo ser el que más lo hace. No va a entender el reproche cuando se le diga que no está realizando su trabajo de manera efectiva, y que su función ya no es vender, sino crear las condiciones para que su equipo lo haga.

En empresas grandes o pequeñas, el directivo es un creador de condiciones para que la gente realice un trabajo. Por eso la importancia de la delegación y de la planificación, que sí que son labores propias de dirección. Al igual que tomar decisiones, la relación institucional con otros departamentos, o la resolución de problemas que los empleados no pueden resolver.

Esa es función de un líder. Desarrollar el potencial de todo el equipo, garantizar los resultados, pero no dedicarse de lleno al trabajo de campo. Un excelente consejo es preguntarse cada mañana ¿qué puedo delegar hoy? El nivel óptimo de delegación será el máximo que se pueda permitir. Si se delega todo lo posible, quedará por hacer lo que no puede encargarse a otro, es decir a las funciones propias de dirección, lo que da sentido a su trabajo, y no se cometerá el error de trabajar muchísimas horas, pero dedicado a labores de ejecución.

Gonzalo Martínez de Miguel es Director de INFOVA

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